Pírrica salida a hombros de Román en su esforzado gesto en solitario de Valencia

Guardar

Valencia, 10 mar (EFE).- El diestro local Román, que cortó solo sendas orejas, salió este domingo a hombros de la plaza de Valencia al final de su gesto en solitario con seis toros de distintas ganaderías ante los que, pese a su notable esfuerzo y molestado por el viento, no siempre resolvió con la suficiente solvencia.

Aun así, y sin llegar a pasar por la enfermería, el valenciano acabó yéndose por la puerta grande con visibles gestos de dolor, como consecuencia de las dos aparatosas volteretas que le propinó el quinto de la tarde, cuando intentaba remontar casi a la desesperada una tarde que se le iba de las manos.

Hasta ese momento, y después de que no llegara a apretarse con un primero de El Parralejo de escaso fondo, Román había conseguido pasear un solitario trofeo del segundo, un toro de Fuente Ymbro bravucón y de cierta aspereza al que tardó un tanto en someter con la muleta.

Solo cuando se asentó con mayor firmeza fue cuando el serio ejemplar acabó por rendirse, permitiéndole ligar un par de tandas estimables con la derecha que aún tuvieron un añadido más tenso cuando el matador buscó redondear con el toro ya rajado antes volcarse en la estocada para avalar el trofeo.

La corrida fue transcurriendo con cierta frialdad sin que Román, impreciso y desangelado con el capote toda la tarde, lograra tampoco acoplarse y ajustarse con el tercero, un castaño grandón de Pedraza de Yeltes cuya muerte brindó a los alcaldes de Valencia y Madrid, presentes en el callejón.

El momento que acentuó la cuesta abajo de la encerrona llegó con el cuarto, un vareado cárdeno de Victorino Martín que humilló con casta y celo, pero con el que Román, muy incomodado por el viento, nunca acabó de apostar, hasta el punto de que, por sus dudas y su falta de firmeza, el animal desarrolló un peligro que solo se hubiera neutralizado con mayor mando.

Román pareció acusar en su ánimo la momentánea derrota con el victorino y para remontarse a sí mismo se fue a recibir a portagayola al quinto, un torancón de Domingo Hernández al que nadie llegó a fijar desde que salió al ruedo, ni de capa, ni en varas ni, mucho menos, en un caótico tercio de banderillas en el que el propio matador decidió participar con un desastroso par al quiebro.

Fue así como el astado salmantino acabó aquerenciándose en las tablas, pero no de forma pacífica, sino guardándose las fuerzas para protestar a la desesperada forma en que su matador le fue atosigando, hasta propinarle un aparatoso volteretón en el que Román acabó golpeándose con la cabeza en la arena.

Pero, mareado o desorientado, aún tuvo agallas para tirarse a matar, sufriendo un nuevo percance al prenderle el toro por los machos de la taleguilla de un precioso vestido celeste y azabache inspirado en uno que vistió hace más de cien años su malogrado paisano Manuel Granero.

Se detuvo la corrida unos minutos para dar tiempo a que el valenciano se recuperara, por lo que se dilató la salida de un serio y hondo toro de Luis Algarra cuya clara nobleza le permitió salvar los muebles, y no tanto por la calidad de la faena, sino por la fibra y el amor propio que puso en el empeño para enjugar pírricamente, al todo o nada, una apuesta que se demostró a todas luces excesiva.

-----------------------------

FICHA DEL FESTEJO:

Toros, en este orden, de El Parralejo (de escaso fondo), Fuente Ymbro (bravucón), Pedraza de Yeltes (noblote y sin celo), Victorino Martín (encastado y exigente), Domingo Hernández (rajado y brusco) y Luis Algarra (de manejable y duradera nobleza), todos cinqueños, salvo el tercero, y de mucha seriedad y cuajo, excepto el de Victorino, vareado de carnes.

Román, de celeste y azabache, como único espada: pinchazo y estocada desprendida (silencio); estocada trasera (oreja tras aviso); estocada trasera atravesada y perpendicular y tres descabellos (silencio); dos pinchazos, estocada honda perpendicular y descabello (silencio); pinchazo y estocada caída (palmas); estocada atravesada y dos descabellos (oreja). Salió a hombros.

Entre las cuadrillas, Antonio Chacón y Ángel Otero saludaron en banderillas. Al final del paseíllo se guardó un minuto de silencio por Julio Soriano, veterinario de la plaza.

Segundo festejo de abono de la feria de Fallas, con algo más de dos tercios del aforo cubierto (unos 7.000 espectadores), en tarde fresca y ventosa. EFE

pa/jmj