Luis Miguel Pascual
Nogaro (Francia), 4 jul. Jasper Philipsen no tenía ni el cuerpo, ni la mentalidad ni la vocación de un "sprinter". Cuando hace cinco años el belga dio sus primeros pasos en el equipo UAE estaba programado para ser un cazador de "clásicas".
Pero para abrirse hueco en el competitivo pelotón internacional, el corredor de Mol, la misma ciudad de Tom Boonen, comenzó a apostar por la velocidad, sin olvidar el instinto por las clásicas que parece innato en los corredores de su nacionalidad.
Philipsen, que ahora tiene 25 años, se ha convertido en la referencia de los "sprint" en los últimos años. Las dos victorias conseguidas el año pasado en el Tour de Francia sirvieron para borrar las lágrimas que el año anterior había vertido por sus seis podios infructuosos.
El joven belga se había topado con corredores en plena forma, con un Mark Cavendish que daba sus penúltimos coletazos y nombres como Tim Merlier o Woud van Aert que le relegaron a los segundos puestos.
Le faltabas algo a este ciclista prometedor que con el paso de los años ha ido adquiriendo peso, pero que también ha ido ganando en ambición.
En este Tour, Philipsen ha encontrado la asociación perfecta con el neerlandés Mathieu van der Poel, uno de los corredores más potentes del pelotón, convertido para la ocasión en una rampa de lanzamiento que le ha dado ya dos triunfos.
Juntos, estos dos ciclistas que comparten amistad también fuera del pelotón, han fundado una sociedad vencedora que amenaza con monopolizar las llegadas masivas del Tour. Y todavía hay terreno por delante para redondear su palmarés.
Pero su colaboración no se queda solo en los "sprint". Desde la pasada Tirreno-Adriático hasta el reciente Tour de Bélgica, uno u otro se han habituado a levantar los brazos, cuando no lo han hecho casi en paralelo, como en la extraordinaria Roubaix donde el belga entró justo por detrás del neerlandés.
Philipsen totaliza ya ocho triunfos esta temporada y 31 en lo que va de carrera profesional, lo que parece dar por buena la reconversión en velocista.
SUPERAR LA MONTAÑA
Pero, además, el belga ha trabajado duro para no quedarse en la alta montaña, con un objetivo declarado, el de hacerse en este Tour con el maillot verde de la regularidad, que se enfundó en Nogaro y que le exigirá superar los dos próximos días las duras rampas pirenaicas.
Eso ha exigido algunos cambios físicos, menos masa muscular, algo que no parece preocupar al corredor que repite que se ve toda la vida como un llegador.
El gen del clasicómano corre por sus venas y repite una y otra vez que ganar pruebas como la Gand-Wevelgem, la Roubaix o la Milán-San Remo forman parte de sus objetivos.
Por ahora, reina en los "sprint" del Tour y puede tomarse la revancha de corredores que en 2021 frustraron sus aspiraciones, como su compatriota Van Aert, que todavía espera para sumar su primer triunfo en este Tour, o el británico Cavendish, que en su última participación aspira a sumar su etapa número 36 en la ronda gala y destacarse del belga Eddy Merckx como el hombre con más parciales.
Philipsen cuenta con la complicidad de Van der Poel para seguir reinando en los "sprint". "Nosotros no tenemos otros objetivos, solo ganar etapas y eso nos da ventaja", asegura el belga.
"Pero no me hablen todavía de la tercera victoria. Ahora, vamos a celebrar esta y a ver qué tal se nos dan los Pirineos. Luego, ya veremos", señala.
El belga es conocido en el pelotón por su simpatía. Así lo dicen ex compañeros como el esloveno Tadej Pogacar, con quien coincidió en el UAE, pero también algunos de sus rivales, que coinciden en señalar que es un corredor amable.
Sonriente, bromista, distendido, Philipsen rompe el cliché del "sprinter" como un tiburón dispuesto a todo por conseguir el triunfo de etapa. Ante las críticas por alguna maniobra suya en las dos llegadas que ha ganado en este Tour él se muestra tajante: "no estoy aquí para provocar caídas". EFE
lmpg/jl
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