España es el segundo país mediterráneo con más peces continentales invasores: amenazan la fauna autóctona y la salud humana

En zonas como la cuenca del Segura, la diversidad de peces está compuesta en más del 70 % por especies exóticas

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Ejemplar de perca sol. (Cephas/Wikimedia Commons)
Ejemplar de perca sol. (Cephas/Wikimedia Commons)

La región circunmediterránea —área que rodea el mar Mediterráneo, abarcando el sur de Europa, el norte de África y partes de Asia— cuenta con una rica y singular fauna de agua dulce. En las zonas continentales de esta zona habitan especies endémicas, como el samaruc (Valencia hispanica), de los humedales costeros de la Comunidad Valenciana, declarado como “en peligro de extinción”, o el jarabugo (Anaecypris hispanica), que únicamente habita en la península Ibérica y que también enfrenta un serio problema de conservación.

Muchas de estas especies endémicas (concretamente alrededor del 56 %), como es el caso de los dos ejemplos, se encuentran amenazadas, sobre todo por la presencia de peces exóticos, convirtiendo a esta región en uno de “los puntos críticos de biodiversidad del mundo”.

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De hecho, esta región alberga en sus aguas continentales 151 especies de peces no nativos, de las cuales 106 están claramente establecidas, es decir, que sustentan poblaciones autosostenidas. Así lo refleja un estudio internacional recientemente publicado en la revista Hidrobiología y que está liderado por el investigador española Carlos Cano-Barbacil, del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Este estudio es el “inventario más actualizado y completo de peces continentales no nativos presentes en aguas dulces y de transición en la región circummediterránea”.

Ejemplar de samaruc, especie endémica de los humedales costeros de la Comunidad Valenciana. (Joanbanjo/Wikimedia Commons)
Ejemplar de samaruc, especie endémica de los humedales costeros de la Comunidad Valenciana. (Joanbanjo/Wikimedia Commons)

España es el segundo país con más peces no nativos

España es uno de los países en los que esta amenaza está más presente. De hecho, según el estudio, ocupa la segunda posición en cuanto a número de especies no nativas consolidadas (37), solamente superado por Italia (53). La menor diversidad en este sentido se ubica en Libia y Malta.

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En algunas regiones, además, estas invasiones son especialmente llamativas. Es el caso de la cuenca del Segura, en España, o el lago griego Pamvotis, que “presentan una ictiofauna compuesta en más del 70 % y 80 % por peces no nativos, respectivamente”.

La gambusia (Gambusia holbrooki), la carpa común (Cyprinus carpio) y la perca sol (Lepomis gibbosus) son las especies más extendidas, estando respectivamente en 21, 20 y 16 países. También destacan otras como el lucioperca (Sander lucioperca) o el siluro (Silurus glanis), que destaca especialmente en la pesca deportiva.

Riqueza de especies de peces continentales no autóctonas establecidas en la región circummediterránea. (Cano-Barbacil, C., García-Berthou, E., Ribeiro, F. et al./Hidrobiología)
Riqueza de especies de peces continentales no autóctonas establecidas en la región circummediterránea. (Cano-Barbacil, C., García-Berthou, E., Ribeiro, F. et al./Hidrobiología)

Pese a lo que suele pensarse, los autores del estudio señalan que la mayoría de los peces no nativos proceden de Europa (58 especies), es decir: llegan desde unas zonas del continente hasta otras en las que no son autóctonas. A estas especies le siguen las asiáticas (39) y las norteamericanas (24). En el caso de los países del norte de África y el este mediterráneo, la mayor proporción de peces proceden de África y Asia.

Este intercambio de especies entre países cercanos favorece una “homogeneización”, señalan los investigadores españoles en The Conversation. Es el caso del lucio o el alburno, introducidos en España desde Centroeuropa, o el barbo del Ebro, especie ibérica que se ha establecido en algunos ríos italianos.

La actividad humana es la responsable

Un estudio internacional coordinado por la Agencia Europea de Medio Ambiente —en el que participó personal científico del Centro Oceanográfico de Baleares del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC)—, que fue publicado en la revista Marine Pollution Bulletin, señalaba que el 51 % de las especies marinas alóctonas se introducen en la Unión Europea como polizones en el transporte marítimo.

Ejemplar de carpa. (H. Zell/Wikimedia Commons)
Ejemplar de carpa. (H. Zell/Wikimedia Commons)

En el caso de las especies continentales, los autores del estudio de Hidrobiología destacan que la situación es distinta: las rutas de introducción predominantes son los escapes de confinamiento, generalmente desde acuicultura, instalaciones ornamentales o piscifactorías, así como la liberación intencional en la naturaleza, ya sea para pesca recreativa, control biológico (como el de los mosquitos) o repoblación.

Así, se corresponde más con un proceso relacionado con la acción humana que con uno aleatorio, puesto que las rutas menos comunes son las conexiones fluviales y el transporte no intencional.

Consecuencias de las invasiones de especies

La introducción de especies no nativas, tal y como señalan los autores del estudio, contribuyen a la extinción de especies y a la alteración de las funciones de los ecosistemas, puesto que pueden depredar a la fauna autóctona o competir por los recursos disponibles. Además, “tiene importantes impactos sociales y económicos”.

Ejemplar de siluro. (HalbsHännile/Wikimedia Commons)
Ejemplar de siluro. (HalbsHännile/Wikimedia Commons)

Se suman a estos otros efectos que a veces pasan desapercibidos, como el riesgo de transmisión de enfermedades y parásitos, la alteración de las redes tróficas, la interferencia en el comportamiento o la hibridación con las especies autóctonas, contribuyendo progresivamente a la pérdida de biodiversidad global.

“Hasta la fecha, se han registrado más de 37.000 especies no nativas establecidas en todo el mundo. Sin embargo, el número de nuevas introducciones sigue en aumento, con aproximadamente 300 introducciones nuevas al año, y no hay indicios de que el número de especies no nativas establecidas vaya a disminuir en un futuro próximo”.

Cada verano, las medusas proliferan en las costas españolas. Aunque afectan al turismo, también cumplen funciones ecológicas y tienen aplicaciones científicas. Su presencia refleja desequilibrios ambientales y el calentamiento global.

Los investigadores insisten en otro problema de la introducción de especies alóctonas: lo complicado que suele resultar después erradicarlas, tanto en cuanto a esfuerzos como en cuanto a coste económico. Es por este motivo por el que la pieza clave de la protección de la biodiversidad pasa por la prevención de nuevas introducciones y no solamente por la eliminación de las que ya se han asentado.

Para ello, los autores españoles señalan en The Conversation que es necesario reforzar el control del comercio de especies, regular la acuicultura y la pesca recreativa y desarrollar sistemas de alerta temprana para detectar nuevas introducciones lo más pronto posible. También fomentar la educación y la concienciación pública, pues muchas se relacionan con actividades humanas cotidianas.

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