Así es el queratocono, la enfermedad que pone los ojos con forma de cono y provoca visión borrosa: causas, síntomas y tratamiento

Esta patología suele afectar entre el final de la adolescencia y los treinta años

Un oftalmólogo realiza una revisión ocular a un paciente (Shutterstock)
Un oftalmólogo realiza una revisión ocular a un paciente (Shutterstock)
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El queratocono es una enfermedad ocular que altera progresivamente la forma de la córnea, la superficie transparente que cubre la parte frontal del ojo. En lugar de conservar su forma redondeada y abombada, esta estructura se vuelve más fina y comienza a sobresalir hasta adoptar una característica forma de cono. Este cambio puede provocar problemas de visión que evolucionan con el tiempo.

La enfermedad afecta a los dos ojos, aunque no necesariamente con la misma intensidad. Generalmente comienza entre el final de la adolescencia y los treinta años y puede avanzar lentamente durante una década o incluso más. En sus primeras fases, los problemas visuales pueden corregirse con gafas o lentes de contacto, pero algunos pacientes necesitan tratamientos específicos a medida que la enfermedad progresa.

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Los síntomas del queratocono pueden cambiar conforme avanza la enfermedad, explica la Clínica Mayo. Entre los más habituales se encuentran la visión borrosa o distorsionada, una mayor sensibilidad a la luz brillante y al resplandor y la necesidad de modificar con frecuencia la graduación de las gafas. La sensibilidad al resplandor puede ser especialmente problemática durante la noche, hasta el punto de dificultar la conducción. Ante un deterioro rápido de la visión, se recomienda acudir a un oftalmólogo.

Por qué aparece esta enfermedad ocular

La causa exacta del queratocono todavía se desconoce, aseguran los profesionales de la Clínica Mayo. Los expertos consideran que pueden intervenir tanto factores genéticos como ambientales, aunque el componente familiar tiene relevancia: aproximadamente una de cada diez personas con queratocono tiene un padre o una madre que también presenta la enfermedad.

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Entre los factores que pueden aumentar el riesgo se encuentra precisamente tener antecedentes familiares. También se relaciona con frotarse los ojos de manera vigorosa y con determinadas enfermedades y afecciones, entre ellas la retinitis pigmentosa, el síndrome de Down, el síndrome de Ehlers-Danlos y el síndrome de Marfan. La fiebre del heno y el asma también figuran entre los factores asociados.

Tratamiento: de las gafas a la cirugía

La estrategia para tratar el queratocono depende de su evolución. En las primeras etapas, las gafas o las lentes de contacto blandas pueden ser suficientes para corregir los problemas de visión. Cuando la enfermedad avanza, pueden ser necesarias lentes de contacto rígidas y permeables a los gases u otros diseños especializados, como las lentes escleróticas.

Existe además un procedimiento conocido como reticulación del colágeno corneal, cuyo objetivo es el de disminuir o detener la progresión del queratocono y, potencialmente, evitar que el paciente necesite un futuro trasplante de córnea. Este tratamiento puede combinarse con las opciones destinadas a corregir la visión.

En los casos más avanzados, cuando la córnea presenta daños importantes y las alternativas anteriores dejan de ser suficientes, puede ser necesario recurrir a un trasplante de córnea.

Consulta de oftalmólogo (Shutterstock)
Consulta de oftalmólogo (Shutterstock)

Las posibles complicaciones del queratocono

El queratocono también puede provocar complicaciones cuando progresa. En determinadas circunstancias, la córnea puede inflamarse rápidamente y producir una disminución repentina de la visión. Este fenómeno, conocido como hidropesía corneal, ocurre cuando se altera la membrana de Descemet, una capa situada en el interior de la córnea, permitiendo que entre líquido en ella.

La inflamación suele desaparecer por sí sola, pero puede dejar una cicatriz que afecte a la visión. En los casos de queratocono avanzado, las cicatrices también pueden aparecer en la zona donde la córnea sobresale más. Cuando estas alteraciones provocan problemas visuales importantes, puede llegar a ser necesario un trasplante de córnea.

Por ello, detectar los cambios en la visión y realizar controles oftalmológicos resulta especialmente importante. Un diagnóstico y seguimiento adecuados permiten valorar la evolución de la enfermedad y determinar qué opción de corrección o tratamiento resulta más apropiada en cada etapa.

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