Una psicóloga explica por qué en ocasiones abandonamos los hobbies antes de lo previsto

La falta de constancia no se debe a la debilidad, sino al funcionamiento de la atención y a la inercia de las rutinas automáticas

Tres mujeres de diversas etnias en un taller de cerámica, concentradas en modelar y pintar piezas de arcilla sobre una mesa de madera con herramientas.
Tres mujeres en un taller de cerámica. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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¿Cuántas veces ha comenzado el año, el mes o simplemente un lunes cualquiera con la determinación de incorporar un nuevo hábito a la rutina, para terminar abandonándola a las pocas semanas? Leer veinte páginas al día, salir a correr todas las mañanas o dedicar un rato cada tarde a aprender un idioma suelen empezar con entusiasmo que se diluye con el paso del tiempo. La reacción habitual ante este patrón suele ser la culpa y la frustración. Sin embargo, este fenómeno tiene poco que ver con una cuestión de carácter o de falta de voluntad.

Según explica la psicóloga Silvia Severino en una de sus publicaciones en TikTok, el verdadero problema no reside en la motivación inicial ni en la capacidad de sacrificio. “No es falta de fuerza de voluntad, la mayoría de personas no fallan por eso”, señala la especialista. Para Severino, el motivo principal por el que los nuevos proyectos terminan en el olvido se debe a la propia dinámica del cerebro y al funcionamiento de la atención: “Fallan porque se olvidan, porque no le prestan atención al hábito nuevo”.

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El cerebro humano está diseñado para ahorrar energía, y para lograrlo automatiza gran parte de nuestras conductas cotidianas. Las acciones consolidadas a lo largo de los años no requieren un esfuerzo consciente, lo que dificulta la entrada de cualquier actividad novedosa en el día a día. “Piénsalo bien: tus malos hábitos funcionan en automático. Pasas por el mismo lugar, respondes igual, coges las mismas cosas sin darte cuenta”, advierte la psicóloga al describir la inercia diaria.

Vista posterior de una persona que lee un libro abierto sentada en un sillón, con una lámpara encendida y estanterías con libros de fondo.
Una persona lee un libro en papel sentada en un sillón. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Frente a estas conductas preestablecidas, cualquier nueva afición o meta que se intente implementar parte en clara desventaja dentro del mapa mental. Tal y como remarca la experta, “el hábito nuevo todavía no es automático y compite contra todos los que ya sí tienes instalados”. Por este motivo, pretender que la memoria o la propia intención basten para mantener la constancia suele abocar al fracaso.

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Estrategias para desactivar el piloto automático

Para revertir esta dinámica y lograr que un nuevo hobby se afiance, la profesional propone introducir estímulos externos que fuercen al cerebro a detenerse y reevaluar la conducta en el momento adecuado. “Por eso necesitas ayudas que te lo recuerden. Una alarma, una nota, un objeto a la vista, algo que interrumpa el piloto automático y te diga: ‘Ahora toca eso’”, argumenta la psicóloga.

Asimismo, otro de los errores más comunes a la hora de adoptar una nueva rutina es intentar abarcar un cambio drástico de forma inmediata. La sobrecarga cognitiva suele generar rechazo y agotamiento mental en cuestión de días. “No cambies todo de golpe, nuestra atención es limitada”, advierte Severino.

Tres personas realizan ejercicios inclinados utilizando correas amarillas de suspensión dentro de una sala con amplios ventanales.
Tres personas ejercitan la fuerza corporal con cintas de suspensión en un gimnasio. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para evitar este colapso mental, la clave reside en la simplificación de las metas planteadas. En lugar de fijar objetivos ambiciosos o complejos que requieran una gran cantidad de energía desde el primer día, la psicóloga aconseja fraccionar la tarea en su expresión más sencilla: “Elige un solo objeto, divídelo en pasos mínimos y empieza por lo más fácil”. Esto ayudará a que el hábito se asimile de manera paulatina.

La frustración al abandonar una afición suele surgir al ignorar la forma real en que la mente procesa los cambios. Al final, entender cómo opera nuestro cerebro permite fijar metas de forma mucho más realista y dejar de lado la culpa. Como resume la experta, el desenlace no depende de la disciplina: “No fallas porque seas débil, fallas porque le pediste a tu cerebro demasiado sin recordárselo”.

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