La princesa Ragnhild de Noruega, la hermana mayor de Harald V que dejó el palacio por amor y vivió en Brasil hasta su muerte

La primogénita de Olav V y Märtha de Suecia no pudo heredar la Corona por las reglas de sucesión de la época y acabó construyendo una vida muy lejos de Noruega

La princesa Ragnhild de Noruega. (Ivar Aaserud / Aktuell / NTB)
La princesa Ragnhild de Noruega. (Ivar Aaserud / Aktuell / NTB)
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Hay historias dentro de las familias reales que parecen pertenecer a otra época. La de la princesa Ragnhild de Noruega es una de ellas. Fue la primera hija de los entonces príncipes herederos Olav y Märtha y, por tanto, la hermana mayor del que años después se convertiría en rey Harald V. Nació en Oslo el 9 de junio de 1930 y, aunque creció en el corazón de la familia real noruega, su vida adulta transcurrió a miles de kilómetros de palacio.

Ragnhild se casó en 1953 con Erling Lorentzen, un empresario noruego que no pertenecía a una casa real y que, además, había sido miembro de la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial y había ejercido como guardaespaldas de la familia real. Poco después de la boda, ambos se instalaron en Río de Janeiro. Lo que en principio podía haber sido una mudanza ligada a los negocios de su marido terminó convirtiéndose en el hogar definitivo de la princesa: permaneció en Brasil durante casi seis décadas, hasta su muerte en 2012.

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La princesa heredera Marta y el príncipe Olaf posan con sus hijos Ragnhild, Harald y Astrid en su casa de Pook’s Hill, en Washington D. C., en 1942, durante su exilio en la Segunda Guerra Mundial. NTB/via REUTERS
La princesa heredera Marta y el príncipe Olaf posan con sus hijos Ragnhild, Harald y Astrid en su casa de Pook’s Hill, en Washington D. C., en 1942, durante su exilio en la Segunda Guerra Mundial. NTB/via REUTERS

La princesa que nació antes de que las mujeres pudieran heredar la corona

Cuando Ragnhild llegó al mundo, la legislación noruega no colocaba a hombres y mujeres en igualdad de condiciones en la sucesión al trono. La Constitución establecía una sucesión en la que los varones tenían prioridad. De hecho, las normas que se aplicaban a quienes habían nacido antes de 1990 mantuvieron posteriormente esa preferencia masculina, incluso después de que Noruega reformara la sucesión para igualar a hombres y mujeres.

Por eso, Ragnhild, pese a ser la hija mayor de Olav, no fue heredera de la corona. El nacimiento de su hermano Harald en 1937 despejó definitivamente cualquier posibilidad de que la primogénita ocupase el primer puesto de la sucesión bajo las reglas de aquel momento. Harald acabaría convirtiéndose en rey en 1991, tras la muerte de su padre, Olav V.

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La circunstancia resulta todavía más llamativa porque Ragnhild había nacido en un momento especialmente simbólico para la monarquía noruega: fue la primera princesa noruega nacida en suelo noruego en más de seis siglos. Creció junto a su hermana Astrid y su hermano Harald en Skaugum y vivió también el exilio de la familia durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los niños y su madre abandonaron Noruega tras la invasión alemana. Pero su vida terminaría tomando un rumbo muy diferente al de sus hermanos.

La princesa Marta y el príncipe Olaf, con Ragnhild, Harald y Astrid, a su llegada al concierto por el centenario de la monarquía noruega en Oslo, 7 de junio de 2005. Colourpress/REUTERS
La princesa Marta y el príncipe Olaf, con Ragnhild, Harald y Astrid, a su llegada al concierto por el centenario de la monarquía noruega en Oslo, 7 de junio de 2005. Colourpress/REUTERS

Un amor que la llevó hasta Brasil

El 15 de mayo de 1953, Ragnhild se casó en la iglesia de Asker con Erling Sven Lorentzen. Él era siete años mayor que ella, empresario y miembro de una conocida familia noruega vinculada al mundo naviero. Durante la posguerra había formado parte de la resistencia noruega y llegó a estar encargado de la protección de los miembros más jóvenes de la familia real.

El compromiso llamó la atención precisamente porque Lorentzen no era un príncipe ni pertenecía a una familia reinante. La propia documentación histórica de la época lo identificaba como un hombre ajeno a la realeza. El matrimonio, además, implicó un cambio en la forma oficial de dirigirse a ella: pasó a ser conocida como princesa Ragnhild, señora Lorentzen.

La pareja se instaló posteriormente en Río de Janeiro. Lorentzen tenía importantes intereses empresariales en Brasil y desarrollaría allí buena parte de su trayectoria profesional. Con el tiempo, la mudanza dejó de ser una etapa temporal para convertirse en el proyecto de vida de ambos.

En Brasil nacieron sus tres hijos: Haakon, Ingeborg y Ragnhild. La familia quedó así estrechamente vinculada al país sudamericano, hasta el punto de que sus descendientes mantuvieron allí sus vidas y actividades profesionales.

La reina, en un recibimiento formal pero amistoso, posa junto a la princesa Astrid y la princesa Ragnhild tras su llegada al Konserthus de Oslo. NTB/via REUTERS
La reina, en un recibimiento formal pero amistoso, posa junto a la princesa Astrid y la princesa Ragnhild tras su llegada al Konserthus de Oslo. NTB/via REUTERS

Ragnhild, entretanto, llevó una vida mucho más privada que la de otros miembros de la familia real noruega. No desempeñó el papel institucional que posteriormente asumirían otras princesas y, aunque conservó el vínculo con sus familiares y viajaba a Noruega para ocasiones importantes, su día a día estaba en Río.

Una princesa noruega muy lejos de los focos

La distancia geográfica terminó teniendo también una consecuencia mediática. En Noruega, Ragnhild llegó a ser descrita después de su muerte como una princesa a la que el país apenas había tenido ocasión de conocer. No porque hubiera roto con su familia, sino porque había vivido durante décadas fuera del escenario público noruego.

De hecho, los archivos y la prensa de la época muestran que la relación con su país de origen nunca desapareció por completo. Conservó vínculos familiares y participó en acontecimientos importantes de la casa real. En 2004, por ejemplo, viajó desde Brasil para asistir al bautizo de su sobrina nieta, la princesa Ingrid Alexandra.

Aquel año, además, su nombre ocupó titulares por un motivo mucho menos amable. En una entrevista televisiva, Ragnhild fue muy crítica con las parejas elegidas por algunos de sus sobrinos, especialmente con Mette-Marit, entonces esposa del príncipe Haakon, y con Ari Behn, marido de la princesa Märtha Louise. Sus declaraciones provocaron una pequeña crisis familiar y mostraron una faceta mucho más conservadora de la princesa, que defendía la manera en la que su padre, el rey Olav, había entendido la institución.

La polémica, sin embargo, no rompió los lazos familiares. La propia prensa noruega informó de que Haakon y Mette-Marit viajaron posteriormente a Brasil para visitar a Ragnhild.

Murió en Río, pero volvió a Noruega para su último adiós

Ragnhild permaneció en Brasil hasta el final de su vida. Murió el 16 de septiembre de 2012 en su residencia de Río de Janeiro, a los 82 años.

Su fallecimiento puso de nuevo el foco sobre una princesa que llevaba décadas alejada de la vida pública noruega. La despedida tuvo lugar en Noruega: el funeral se celebró el 28 de septiembre en la capilla del Palacio Real de Oslo y posteriormente fue enterrada en la iglesia de Asker, el mismo templo en el que se había casado con Erling Lorentzen casi sesenta años antes.

Erling Lorentzen celebra su 70 cumpleaños en el Grand Hotel de Oslo, adonde llega acompañado por su esposa, la princesa Ragnhild, el 28 de enero de 1993. Foto: Bjørn Sigurdsøn / NTB
Erling Lorentzen celebra su 70 cumpleaños en el Grand Hotel de Oslo, adonde llega acompañado por su esposa, la princesa Ragnhild, el 28 de enero de 1993. Foto: Bjørn Sigurdsøn / NTB

Fue, en cierto modo, el último viaje de una mujer que había pasado la mayor parte de su vida entre dos mundos. Había nacido en el Palacio Real de Oslo, crecido como hija de los futuros reyes Olav y Märtha, vivido el exilio durante la guerra y pertenecido desde niña a una de las familias reales más conocidas de Europa. Sin embargo, terminó construyendo su propia historia lejos de Noruega, junto al hombre que eligió para compartir su vida y en un país que acabaría convirtiéndose en su hogar.

Este septiembre de 2026 se cumplen catorce años de su muerte. Y su biografía sigue siendo una de esas historias menos conocidas de la realeza europea: la de la hermana mayor de un rey que encontró su lugar a miles de kilómetros de la Corona.

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