Adiós a Harald V de Noruega, el rey ‘vikingo’ al que las polémicas le pesaron más que los problemas de salud y logró reinar hasta el final

El monarca, fallecido este viernes a los 89 años, mantuvo en activo su agenda pese a su delicada salud y se convirtió en uno de los reyes en activo más longevos del siglo. Llevaba en el trono desdes 1991

El rey Harald V y la reina Sonia de Noruega a su llegada a un banquete de gala en Copenhague en 2022. (Mads Claus Rasmussen/Ritzau Scanpix/via REUTERS)
El rey Harald V y la reina Sonia de Noruega a su llegada a un banquete de gala en Copenhague en 2022. (Mads Claus Rasmussen/Ritzau Scanpix/via REUTERS)
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La figura del fallecido Harald de Noruega ha personificado durante décadas la resistencia y el sentido del deber en la monarquía escandinava. Reconocido como el monarca más longevo en ejercicio de la última era, ha mantenido una agenda oficial imparable incluso cuando la edad y la salud han supuesto un claro desafío.

Su reinado se ha visto marcado por un compromiso férreo y por la inquebrantable voluntad de afrontar no solo sus propios problemas médicos, sino también las profundas crisis institucionales que han sacudido la Casa Real noruega en los últimos tiempos.

 El rey Harald de Noruega pronuncia un discurso durante una cena de gala en el Palacio con motivo de la visita de Estado de la pareja presidencial islandesa, en Oslo, Noruega. 8 de abril de 2025. Fredrik Varfjell/NTB/vía REUTERS
El rey Harald de Noruega pronuncia un discurso durante una cena de gala en el Palacio con motivo de la visita de Estado de la pareja presidencial islandesa, en Oslo, Noruega. 8 de abril de 2025. Fredrik Varfjell/NTB/vía REUTERS

El rey Harald ha destacado por afrontar sin vacilar los obstáculos asociados a su edad avanzada, incluidos serios problemas de movilidad, varias intervenciones cardiovasculares y la superación de un cáncer de vejiga. Pese a todo ello, hasta el final ha rechazado la posibilidad de abdicar y ha preferido mantenerse activo en la vida pública, con desplazamientos frecuentes al extranjero y el mantenimiento de un ritmo de trabajo notable.

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Estos son los miembros de la familia real de Noruega

Este espíritu de perseverancia vikinga se ha visto, sin embargo, puesto a prueba por el reciente desprestigio que ha atravesado la Corona noruega, resultado tanto del mediático proceso judicial contra Marius Borg, nieto político del rey, como de los polémicos nexos de su nuera, la princesa Mette-Marit, con Jeffrey Epstein.

Los primeros años de Harald de Noruega

Desde la infancia, Harald ha debido enfrentarse a situaciones extremadamente difíciles. Hijo del rey Olav y la princesa Marta, ha sido el primer príncipe nacido en Noruega en más de cinco siglos, hecho decisivo para la consolidación de la nueva monarquía nacional tras la independencia respecto a Suecia.

Su temprana vida estuvo marcada por el trauma del exilio, obligado a abandonar Noruega a los tres años por la invasión alemana de 1940. Junto a su madre y sus hermanas, resistió en Estados Unidos durante cinco años, hasta el regreso triunfal de la familia real en 1945, celebrado con fervor por la sociedad noruega.

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Imagen de Archivo del rey Harald V de Noruega. (
EFE/EPA/CORNELIUS POPPE)
Imagen de Archivo del rey Harald V de Noruega. ( EFE/EPA/CORNELIUS POPPE)

El periodo de formación y las primeras etapas de su vida pública consolidaron la imagen de Harald como líder y símbolo nacional. Luego de convertirse en príncipe heredero, su ascenso al trono en 1991 coincidió con un momento clave de transformación para el país y para la institución monárquica. Su papel durante los atentados de Utoya en 2011 le valió un reconocimiento especial.

La delicada salud del rey

A lo largo de sus últimos años, Harald ha tenido que hacer frente a una serie de problemas médicos relevantes. En 2003, superó un cáncer de vejiga y, solo dos años después, fue intervenido a corazón abierto para implantarle una válvula artificial. En 2020, necesitó una nueva intervención para reemplazar ese dispositivo, y posteriormente, en 2024, un marcapasos permanente tras una infección contraída en Malasia durante unas vacaciones.

El Ejecutivo noruego asumió entonces un gasto de dos millones de coronas, aproximadamente 177.000 euros, destinado a cubrir la operación, generando polémica y críticas en la sociedad noruega. El monarca siguió dando muestras de resistencia en circunstancias similares, como su ingreso en febrero de 2026 en Tenerife, donde permanecía de vacaciones, a consecuencia de una infección cutánea en la pierna. A pesar de las limitaciones físicas, el rey ha seguido participando en iniciativas públicas y privadas.

Los reyes de Noruega en Tenerife durante un viaje realizado en 2025. ( EFE/Parque Etnográfico Pirámides de Güímar)
Los reyes de Noruega en Tenerife durante un viaje realizado en 2025. ( EFE/Parque Etnográfico Pirámides de Güímar)

Las polémicas de la Corona noruega

No solo las dificultades de índole personal han marcado los últimos años del reinado de Harald. La Corona se ha visto envuelta en polémicas de gran repercusión mediática y social que han puesto en entredicho el prestigio de la institución. Uno de los factores de mayor presión ha sido el proceso judicial contra Marius Borg, hijo de la princesa Mette-Marit de un matrimonio anterior.

Borg se ha enfrentado a graves acusaciones, un total de 38, entre ellos cuatro violaciones, lo que ha supuesto un duro golpe para la familia real, que lo ha acogido siempre con afecto y trato de nieto, aunque sin formar parte formalmente de la Casa Real. El príncipe Haakon, hijo del rey, ha actuado como padre adoptivo, enseñándole los valores familiares y la responsabilidad.

A las vicisitudes judiciales de Marius Borg se ha sumado la situación de la propia princesa Mette-Marit, cuya enfermedad pulmonar crónica ha derivado en numerosas ausencias de la vida pública y cuya relación con Jeffrey Epstein ha propiciado un prolongado debate sobre la gestión de la imagen y los límites del entorno real. Estos hechos han precipitado una crisis reputacional inesperada y compleja para una monarquía históricamente discreta.

Marius Borg Høiby, en esmoquin negro, mira a la derecha con copas rosadas al frente. A su lado, Mette-Marit, con vestido amarillo floral, aplaude
Marius Borg Høiby y la Princesa Heredera Mette-Marit de Noruega comparten un momento durante una recepción, aplaudiendo entre otros asistentes en un ambiente festivo (AP)

Su relación con la reina Sonia

El recorrido vital de Harald de Noruega no se comprende sin atender a sus años de juventud, marcados tanto por las circunstancias históricas de Europa como por las expectativas familiares. En la década de los 50, numerosos medios y publicaciones especializadas sostenían que el joven príncipe podría casarse con la princesa Sofía de Grecia, la que sería reina de España, a raíz de la química mostrada por la pareja tras compartir un viaje con sus respectivas familias. La prensa especuló intensamente sobre un posible compromiso, llegando a presentarlo como inminente.

No obstante, finalmente no fue así. El episodio decisivo de la vida sentimental de Harald se ha producido precisamente al elegir compartir su vida con Sonia Haraldsen, una joven plebeya, hija de un empresario del sector textil, que había cursado estudios de Diseño de Moda y Literatura. Durante nueve años de relación, la pareja mantuvo su compromiso en secreto y se enfrentó a la resistencia familiar y social. El rey Olav intentó por todos los medios disuadir a su hijo, enviándole a estudiar a la Universidad de Oxford con la esperanza de que encontrara una compañera de su mismo círculo social, sin lograrlo.

Retrato oficial de los reyes Harald y Sonia de Noruega. (Casa Real Noruega)
Retrato oficial de los reyes Harald y Sonia de Noruega. (Casa Real Noruega)

Ante la negativa de su padre, Harald ha llegado a plantear un ultimátum que ha puesto en riesgo la continuidad dinástica: solo aceptaría casarse con Sonia y renunciaría al trono si se le impedía esa unión. Este pulso familiar y social solo se ha resuelto tras nueve años de insistencia y con la aprobación de la familia real noruega, haciendo efectiva una boda duramente ganada en la catedral de Oslo el 29 de agosto de 1968.

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