Alberto Lence, organizador de excursiones: “Si tus padres tienen 50 años y no caminan, no serán independientes con 70 u 80 años”

El experto destaca la importancia de mantenerse activo para conservar la autonomía al ir cumpliendo años

Personas mayores haciendo ejercicio
Pareja haciendo deporte. (Magnific)
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El ejercicio físico es una de las mejores herramientas para cuidar nuestra salud. Practicar deporte de forma habitual ayuda a mantenernos activos y a prevenir distintos problemas de salud, pero no todos los ejercicios trabajan el cuerpo de la misma manera.

Muchas veces se asocia hacer deporte a grandes esfuerzos. Sin embargo, una de las actividades más recomendadas por los expertos es andar. A medida que vamos cumpliendo años, este ámbito gana una mayor importancia, siendo un factor determinante en el mantenimiento de la movilidad, la autonomía y la capacidad para realizar las actividades cotidianas.

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Una de las personas que advierte de su importancia es Alberto Lence, que organiza viajes en grupo para hacer el Camino de Santiago. En uno de los últimos vídeos que ha publicado en su cuenta de TikTok (@viajeroscanallas_es) explica su importancia.

“Si tus padres tienen cincuenta o sesenta años y no caminan, no serán independientes cuando tengan setenta u ochenta”. Esto no lo dice por mero conocimiento teórico, sino que lo explica desde su propia experiencia.

“Llevo años organizando grupos del Camino de Santiago. He visto personas de setenta y cinco, ochenta años caminar durante días más de veinticinco kilómetros”, afirma en el vídeo. Todas estas personas tienen en común que llevan años andando o haciendo otro tipo de actividades físicas.

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La importancia del ejercicio físico

La diferencia, por tanto, no se encuentra únicamente en cuánto caminamos cuando somos mayores, sino en cómo hemos preparado el cuerpo a lo largo de nuestra vida. Llegar a los setenta años con capacidad para recorrer varios kilómetros no es algo que se consiga de repente, sino el resultado de haber tenido un estilo de vida activo durante mucho tiempo.

En este sentido, caminar es una buena base, pero no debería ser el único ejercicio. A medida que envejecemos también adquieren importancia la fuerza muscular, el equilibrio, la coordinación y la movilidad. Todas ellas intervienen en acciones tan habituales como levantarse de una silla, subir escaleras, cargar con la compra o caminar por terrenos irregulares.

Preparar el cuerpo antes de necesitarlo

Uno de los errores más habituales es esperar a notar las limitaciones para empezar a trabajar aquello que hemos perdido. Si una persona llega a ciertas edades con poca fuerza, escasa movilidad o dificultades para mantener el equilibrio, recuperar esas capacidades es más complicado, aunque no imposible.

La preparación, además, no tiene por qué consistir en entrenamientos exigentes. Caminar de forma habitual, subir escaleras, realizar ejercicios de fuerza o practicar actividades que obliguen a mantener el equilibrio son formas diferentes de mantener el cuerpo acostumbrado al movimiento.

La intensidad y la frecuencia pueden adaptarse a cada persona, pero lo importante es evitar que la actividad física desaparezca de la rutina durante años. Esto también explica por qué alguien que lleva décadas caminando puede afrontar mejor una actividad como el Camino de Santiago que otra persona que intenta hacerlo por primera vez a los setenta.

El objetivo no es llegar a esa edad siendo capaz de recorrer veinticinco kilómetros de golpe, sino conservar durante el mayor tiempo posible la capacidad de moverse y desenvolverse de manera autónoma.

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