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Los peligros de usar ChatGPT como nutricionista: “La IA responde a una petición sin criterio; un profesional puede preguntarse ‘¿por qué?’”

Un menú deficitario, consejos ambiguos o la posibilidad, incluso, de potenciar la aparición de un TCA son algunas de las consecuencias que puede tener el mal uso de estas herramientas por parte de los pacientes

Una mano sosteniendo un smartphone que muestra ChatGPT (Pexels)
Una mano sosteniendo un smartphone que muestra ChatGPT (Pexels)
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Según datos de OpenAI, más del 5 % de todas las consultas a ChatGPT a nivel mundial tratan sobre salud, con una media de miles de millones de mensajes cada semana. Aunque no existen cifras concretas para medir los mensajes relacionados con la nutrición, podemos asegurar con certeza que la tecnología generativa ya ha entrado de lleno también en este ámbito.

Las razones son muchas y variadas. Es más barato y más rápido que tratar con un profesional en nutrición; también evita el posible estrés de una consulta en primera persona. Además, las consultas a la IA son mucho más fáciles y rápidas que las que podemos hacer a través de los buscadores en internet. Comprende lo que le preguntamos, maneja grandes volúmenes de información y presenta sus conclusiones de manera veloz y convincente. ¿Qué más se puede pedir?

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En opinión de los nutricionistas, muchas cosas. Los profesionales de la alimentación saludable llevan años conviviendo con la desinformación de sus pacientes, contaminados por los mensajes contradictorios, los datos no contrastados y las inexactitudes que inundan la red. Ahora, la inteligencia artificial se convierte en una nueva amenaza, una que ya ha calado en nuestra forma de entender la salud. Así lo explica Klaudia Gago, nutricionista especialista en nutrición consciente y PNIE.

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“Ha cambiado la manera en la que buscamos respuestas. Antes consultábamos webs y redes sociales. Ahora podemos señalar un objetivo, añadir nuestras preferencias y recibir en pocos segundos una propuesta que parece diseñada para nosotros”. Esto, explica la nutricionista, tiene una parte positiva, ya que facilita el acceso a la información y hace que muchas personas lleguen a consulta con más preguntas y una idea inicial de aquello que quieren trabajar. Sin embargo, “también puede generar una sensación de personalización que no se corresponde con la realidad”.

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Aunque la IA puede tener en cuenta los datos que le proporcionamos, información sobre nuestra edad, peso o altura, nuestros gustos o nuestros horarios, no sabe qué información falta. “Puede desconocer una medicación, determinados antecedentes o una relación complicada con la comida, aspectos que pueden cambiar por completo una recomendación”, explica Klau.

Déficit de micronutrientes, individualización y TCA

La falta de información puede tener consecuencias peligrosas para aquellos que acuden a la web buscando mejorar su alimentación. Ana Isabel Sánchez Marco y Carmen Aragón Valera, vocales del comité gestor del área de nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), enumeran algunos de los peligros de utilizar la IA como una alternativa a la consulta. La primera de ellas es la promoción de dietas desequilibradas: “Si los planes generados por IA subestiman energía total y desajustan macronutrientes, por ejemplo, demasiada proteína y grasa y menos hidratos de lo recomendado”.

Otra de las graves consecuencias de una dieta sin supervisión humana es el posible déficit de micronutrientes: “Si se siguen planes con riesgo de baja ingesta de vitaminas, ácidos grasos esenciales, calcio o vitamina D, lo que a largo plazo puede afectar salud ósea, cardiovascular, hematológica...” Todo ello puede ser consecuencia de la falta de individualización clínica, el gran defecto de esta herramienta: “La IA suele basarse en patrones generales y no suele tener en cuenta fármacos, enfermedades (insuficiencia renal, diabetes, TCA), alergias o cultura alimentaria”.

Detalles de vital importancia que no solo se conocen preguntando, sino empatizando con el paciente. “Un nutricionista interpreta no solo lo que una persona cuenta, sino también cómo lo cuenta, qué repite, qué evita y qué situaciones ha terminado normalizando”, explica Klaudia Gago. “Muchas veces, lo que ocurre con la alimentación está relacionado con el estrés, el descanso, la relación con el cuerpo, el miedo a engordar, la falta de tiempo o años de dietas restrictivas”.

David de Falguera, abogado especialista en IA y Derecho Digital, analiza el desfase entre la rápida evolución de la inteligencia artificial y la lentitud de la normativa. Explica la necesidad de establecer reglas para proteger los derechos digitales de los ciudadanos sin ahogar la innovación tecnológica.

Ignorar todo ello supone un riesgo nutricional, pero también psicológico, que puede incluso precipitar un TCA (Trastorno de la Conducta Alimentaria) en personas predispuestas. “Un enfoque muy centrado en calorías y mensajes automatizados puede reforzar ansiedad, culpa, conductas compensatorias y perfeccionismo en personas vulnerables, especialmente los adolescentes”, afirman desde el SEEN.

Si algo falta en esta relación es, por supuesto, el seguimiento. En nutrición, dar una pauta es solo una parte del trabajo. “Después hay que observar cómo responde la persona, qué dificultades aparecen, cómo evoluciona y qué cambios necesita. Esa adaptación requiere seguimiento, escucha y criterio profesional”.

Caso práctico: qué puede hacer y qué no puede hacer

Para comprobar las capacidades y, sobre todo, los límites de esta herramienta, basta con abrir nuestro navegador. Ponemos a prueba a la inteligencia artificial utilizando, en este caso, ChatGPT. “Me gustaría comer más sano y bajar mi peso”, escribimos en el buscador. “Hazme una dieta semanal con ideas de recetas y consejos nutricionales”. En solo unos segundos, varias líneas de respuesta aparecen ante nuestros ojos.

“Claro. Una alimentación saludable para perder peso no necesita ser extrema. Lo más eficaz suele ser crear un pequeño déficit calórico, priorizar alimentos saciantes (proteínas, verduras, legumbres y cereales integrales) y mantener hábitos que puedas seguir a largo plazo”, nos responde la herramienta. “Como no conozco tu edad, peso, altura, nivel de actividad ni posibles enfermedades, esta propuesta es una guía general para un adulto sano. Si me das esos datos, puedo personalizarla”.

A continuación, ChatGPT nos enumera algunos “principios básicos”:

  • Llena la mitad del plato con verduras.
  • Incluye una fuente de proteína en cada comida (pollo, pescado, huevos, legumbres, tofu o yogur griego).
  • Elige hidratos integrales en cantidades moderadas.
  • Utiliza aceite de oliva virgen extra (1-2 cucharadas al día en total).
  • Bebe entre 1,5 y 2,5 litros de agua al día.
  • Limita refrescos, alcohol, bollería y ultraprocesados.
  • Come despacio y deja de comer cuando estés satisfecho.

Antes de terminar, la inteligencia artificial nos propone un menú de ejemplo, que incluye desayunos, comidas, cenas y snacks para cada día de la semana. Desayunos como yogur griego natural con avena, frutos rojos y nueces o tostadas integrales con queso fresco y tomate; comidas como salmón al horno con patata y espárragos o lentejas con verduras; y cenas como crema de calabacín y tortilla francesa o ensalada completa con huevo cocido. Entre los snacks, frutos secos, yogur o una pieza de fruta.

De un primer vistazo, nada nos chirría. Parece un menú saludable y equilibrado, que contiene todos los elementos para un plato completo que nos permita un déficit calórico. Pero el problema no se encuentra en lo que ChatGPT nos dice, sino en lo que no nos explica.

Le pedimos a Klau que analice esta respuesta y nos dé su opinión como profesional. “A primera vista, la respuesta parece adecuada. Incluye verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y distintas fuentes de proteína. No plantea una dieta extrema y muchas de sus recomendaciones pueden resultar razonables para un adulto sano. Precisamente por eso puede resultar engañosa: una respuesta puede estar bien redactada, parecer equilibrada y, aun así, no ser adecuada para la persona que la recibe”.

Un nutricionista explica a un paciente qué alimentos debe comer para tener un peso normal o saludable (Natures Heart)
Un nutricionista explica a un paciente qué alimentos debe comer para tener un peso normal o saludable (Natures Heart)

La primera cuestión que no se plantea en esta respuesta es si esa persona realmente necesita perder peso y por qué quiere hacerlo. “ChatGPT da por válido el objetivo y comienza directamente a elaborar una dieta. Sin embargo, antes habría que valorar si existe una indicación real. Puede tratarse de alguien que ya se encuentra en un peso saludable, que lleva años restringiendo su alimentación, que presenta una baja disponibilidad energética, alteraciones menstruales, una relación difícil con la comida o que necesita mejorar su composición corporal sin reducir necesariamente su peso”, explica la nutricionista.

Aunque, desde el principio, la inteligencia artificial pide conocer edad, peso, altura y nivel de actividad, ni siquiera sabiendo esto tendría suficiente. “Sería necesario valorar historia clínica, analíticas, medicación, síntomas digestivos, estado hormonal y metabólico, descanso, nivel de estrés, composición corporal, antecedentes de dietas, relación con el hambre y la saciedad, horarios, presupuesto, preferencias, intolerancias y contexto social. La alimentación no se adapta únicamente al cuerpo; también debe encajar en la vida de la persona”.

El menú tampoco especifica cantidades. Sin ellas, no podemos saber cuánta energía aporta, si realmente genera un déficit calórico o si cubre las necesidades de proteína, fibra, grasas esenciales y micronutrientes. “El mismo menú puede resultar insuficiente para una persona que entrena varios días a la semana y excesivo para otra con unas necesidades menores”, aclara Klau. Además, aparecen algunas incoherencias, pues observamos una ausencia de fuentes de proteína en ciertas recetas y, otras, parecen quedarse cortas dependiendo de las cantidades.

Se ofrecen indicaciones aparentemente precisas, como tomar una o dos cucharadas de aceite al día o beber entre 1,5 y 2,5 litros de agua, pero estas no están adaptadas para quien ha hecho la consulta. Indicaciones como comer despacio y dejar de comer al sentirse satisfecho pueden ser útiles en términos generales, pero tampoco es sencilla para todo el mundo. “Una persona que ha pasado años haciendo dietas, que come con ansiedad o que tiene alteradas sus señales de hambre y saciedad puede necesitar un trabajo mucho más profundo que limitarse a ‘escuchar al cuerpo’”, explica la nutricionista.

En definitiva, este ejemplo muestra a la perfección para qué puede ser útil la IA y dónde aparece su límite. Puede ofrecer ideas de recetas, ayudar a variar las comidas, organizar una lista de la compra o explicar principios generales de alimentación. Lo que no puede garantizar es que esa dieta sea necesaria, suficiente, segura y sostenible a largo plazo para una persona concreta.

“La IA responde a la petición que recibe. Un profesional puede detenerse antes y preguntarse si esa es realmente la petición que conviene atender. En este caso, la pregunta más importante quizá no sea ‘¿qué dieta necesitas para adelgazar?’, sino ‘¿por qué quieres perder peso y qué está ocurriendo realmente en tu cuerpo y en tu relación con la comida?’“. Preguntas humanas, como la profesión en sí misma, que una máquina no siempre puede responder.

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