
La historia que durante meses circuló entre vecinos y turistas en la costa suroeste de Tenerife tuvo un giro: Pamela Gwinnett fue detenida en la isla española después de permanecer prófuga durante más de un año. La cuidadora británica había sido condenada en ausencia a seis años de prisión por robar casi USD 390.000 a Joan Green, una mujer de 89 años a la que debía asistir.
Sky News informó que Gwinnett será extraditada al Reino Unido para cumplir la condena. La Policía de Greater Manchester trabaja junto con la Agencia Nacional contra el Crimen y las autoridades españolas para concretar su regreso.
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Meses antes del arresto, The Sun había situado a Gwinnett en la costa suroeste de Tenerife. El medio sostuvo que la mujer, conocida como la “Viuda Negra”, había seguido sustrayendo dinero incluso después de la muerte de Green, ocurrida en 2022.
Gwinnett quedó en el centro de la búsqueda judicial después de ser declarada culpable por unanimidad por un jurado del Tribunal de la Corona de Preston. Había negado los cargos y no se presentó ante la corte para conocer el veredicto y la pena. El juez Michael Maher expresó entonces su expectativa de que fuera localizada y devuelta al Reino Unido.
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Antes de su detención, varios vecinos, turistas y residentes dijeron a The Sun que la habían reconocido por su fotografía policial y que solían verla en bares y zonas residenciales de Tenerife. Uno de ellos afirmó: “Es un lugar pequeño, todos conocen a todos, y ella siempre está por ahí”.
El diario añadió que, según los residentes, Gwinnett vivía en un ático. También estaría vinculada con otro apartamento anunciado en portales de alquiler vacacional por alrededor de USD 147 la noche. En esas plataformas, algunos comentarios mencionaban a una anfitriona llamada “Pam” y uno de ellos advertía que era buscada por la policía británica. La supuesta anfitriona respondió que la publicación era una “calumnia” y pidió que “pusieran bien los hechos”.
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Un pensionista británico de Leeds dijo al medio que la encontró en un bar y que ella intentó alquilarle un piso. “Desde luego no se está escondiendo”, afirmó.
La salida del Reino Unido y el pedido de extradición
Según The Sun, Gwinnett había sido detenida por fraude mediante abuso de posición y robo, pero quedó en libertad bajo fianza. En abril de 2025, pidió que modificaran las condiciones impuestas por el tribunal para poder volar a Tenerife con el argumento de que necesitaba esparcir allí las cenizas de su hermano.
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La solicitud fue rechazada el 2 de abril, pero cinco horas después tomó un avión hacia la isla. Al no presentarse ante el tribunal el 8 de abril, el juez emitió una orden de arresto en su contra dos días más tarde. Desde entonces permanecía prófuga.
Tras su detención en Tenerife, las autoridades británicas y españolas iniciaron las gestiones para trasladarla al Reino Unido y hacer efectiva la pena de seis años de prisión.
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El juez Maher también dictó una orden de decomiso sobre los bienes de Gwinnett para recuperar el dinero y compensar a la familia de Green. Entre los activos señalados se encontraba una casa de ladrillos rojos en Adlington, Chorley, Lancashire, valuada en aproximadamente USD 263.100.
La defensa de Gwinnett manifestó su intención de recurrir las condenas por fraude y robo. Sky News informó posteriormente que la mujer había iniciado gestiones para apelar tanto el fallo como la pena.
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Qué dijo el tribunal sobre el despojo y el aislamiento
El tribunal escuchó que Gwinnett extrajo al menos USD 211.795,50 de Joan antes de que se suspendiera el poder notarial que tenía sobre la anciana. Además, The Sun sostuvo que sustrajo otros USD 156.544,50 al abrir una cuenta conjunta y transferir allí el dinero de la víctima.
Durante el proceso, la fiscalía detalló que esos fondos fueron destinados al pago de hipotecas de propiedades, un auto de alta gama valuado en USD 29.767,50, comidas costosas, ropa de diseño y tratamientos de bótox.
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La corte oyó que los últimos años de vida de Joan estuvieron marcados por períodos cada vez más frecuentes de desconcierto y confusión. También llegó a sufrir doble incontinencia y, en lugar de recibir los cuidados que necesitaba, habría padecido un trato agresivo por parte de quien debía asistirla.

En ese marco, el juez relató un episodio atribuido a una cuidadora profesional: “En una ocasión, una de las cuidadoras encontró, horrorizada, que usted había dejado a Joan cubierta con sus propias heces en la cama al final de su turno de dos horas”.
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Según lo expuesto durante el juicio, Gwinnett aisló a Joan de su familia y la convenció de que sus propios parientes le robaban. Cuando comenzó la pandemia de COVID-19, en marzo de 2020, la trasladó a una residencia. Después la llevó nuevamente a su casa y habría buscado cortar el contacto con sus allegados mediante candados en las rejas y el cambio del número del teléfono fijo.
Katherine Farrimond, hijastra de Joan, dijo a The Sun que durante sus últimos años la víctima llegó a creer que su familia “la odiaba” y “no quería verla” debido a las “mentiras” de Gwinnett.
El caso incluyó además un video en el que David, nieto de Joan, intentaba tranquilizar a su abuela. En la grabación, Gwinnett le apartaba la mano y le decía a la anciana: “Mirá esos ojos mentirosos, Joan”. En el mismo episodio, también le gritaba al joven: “Apartate de ella; no deberías haber venido”.
La indignación de vecinos y familiares
Tras conocerse la detención, vecinos de Tenerife expresaron alivio, aunque también se preguntaron por qué las autoridades habían tardado tanto en arrestarla, dado que vivía abiertamente en una zona turística y era reconocida por residentes y visitantes.
Antes del arresto, una turista había declarado a The Sun: “Seguía allí, caminando como si no hubiera hecho nada”. Rita Marsden, que vivió cerca de la antigua casa de Gwinnett durante unos 22 años, resumió su sorpresa ante el medio: “Para mí era solo Pamela Gwinnett, no esperás algo así”.
Un antiguo inquilino de una de sus viviendas en el Reino Unido aseguró al mismo diario que ella los dejó sin calefacción ni agua caliente durante la Navidad y que la casa tenía cables expuestos que se negó a reparar.

La familia de Joan mantuvo su indignación por el dinero perdido y por el daño emocional sufrido por la víctima. “Todos estábamos asqueados; había usado a mi abuela como una alcancía”, declaró David.
Para los allegados, la detención representa un avance, pero la posible recuperación del dinero no repara el deterioro que Joan sufrió al final de su vida ni los años durante los cuales permaneció alejada de los suyos.
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