El Supremo confirma la condena de 12 años y medio de prisión a una mujer que intentó matar a su exmarido con una tableta de chocolate envenenada con raticida

La víctima ingirió el chocolate después de que el hijo de ambos, siguiendo las instrucciones que le había dado su madre, insistiera para que se lo comiera durante uno de los intercambios por el régimen de custodia

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Una tableta de chocolate (Imagen Ilustrativa Infobae)
Una tableta de chocolate (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Tribunal Supremo ha confirmado la condena de 12 años y seis meses de prisión impuesta a una mujer de León por intentar asesinar a su expareja utilizando a uno de los hijos que ambos tenían en común para hacerle llegar una tableta de chocolate impregnada con talio, un metal altamente tóxico que puede resultar mortal. La Sala de lo Penal considera acreditado que fue ella quien preparó el envenenamiento y rechaza todos los argumentos con los que intentó anular la condena, al entender que el conjunto de las pruebas apunta de forma clara a su autoría.

Aunque nunca existió una prueba directa del momento en que el chocolate fue manipulado y el trozo que comió la víctima no pudo analizarse, el alto tribunal concluye que la investigación reunió una cadena de indicios suficientemente sólida como para descartar cualquier explicación alternativa razonable. La resolución confirma así íntegramente las decisiones adoptadas previamente por la Audiencia Provincial de León y por el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León.

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El caso se remonta al verano de 2020. La pareja ya estaba separada y la relación entre ambos se había deteriorado profundamente, sobre todo a raíz del conflicto por la custodia de sus dos hijos. Los intercambios de los menores se habían convertido en un foco constante de discusiones y enfrentamientos. En ese contexto, según los hechos que los tribunales consideran probados, la mujer decidió acabar con la vida de su expareja. Para ello eligió un momento especialmente delicado: uno de los días en que el padre iba a recoger a los niños.

La acusada preparó una tableta de chocolate Milka con una dosis letal de talio y se la entregó a uno de sus hijos. Le dijo que él no debía probarla bajo ningún concepto y que tenía que dársela a su padre e insistir hasta que se la comiera. El menor hizo exactamente lo que le había pedido su madre y, finalmente, el hombre terminó aceptando el chocolate mientras regresaban juntos a casa.

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De un simple dolor de barriga a un ingreso de siete meses

Las primeras molestias aparecieron pocas horas después. Empezó con dolor abdominal y hormigueo en las manos, síntomas que inicialmente no hacían pensar en un cuadro especialmente grave. Sin embargo, su estado fue empeorando día tras día. Primero acudió a una clínica privada y, ante la rápida evolución del cuadro, fue trasladado al Hospital Universitario de León. Allí los médicos descubrieron el origen del problema: sufría una intoxicación aguda por talio con unos niveles extraordinariamente elevados de este metal en sangre y orina.

A partir de ese momento comenzó una larga lucha por salvarle la vida. Permaneció ingresado durante más de medio año y pasó hasta en tres ocasiones por la Unidad de Cuidados Intensivos. Llegó a necesitar respiración asistida, sufrió graves daños neurológicos, lesiones cutáneas, pérdida progresiva de visión y un importante deterioro físico.

Fachada del Tribunal Supremo (Alberto Ortega - Europa Press)
Fachada del Tribunal Supremo (Alberto Ortega - Europa Press)

Los especialistas consiguieron frenar la intoxicación gracias al tratamiento específico para este tipo de envenenamientos, pero las secuelas fueron irreversibles. Perdió prácticamente toda la visión, quedó con importantes limitaciones para caminar, sufrió un deterioro cognitivo y terminó siendo reconocido con una incapacidad permanente absoluta. Los médicos calificaron su evolución como un caso de “extraordinaria gravedad” y señalaron que sobrevivió gracias al intenso tratamiento recibido y a su buen estado físico previo.

La condenada alegó que todo eran sospechas

Ante el Supremo, la defensa sostuvo que la condena se había construido sobre simples hipótesis. Argumentó que nunca apareció talio en la tableta de chocolate intervenida durante la investigación, que no existía ninguna prueba directa de que hubiera manipulado el chocolate y que tampoco podía demostrarse que la intoxicación se hubiera producido exactamente de esa manera. Además, cuestionó la declaración del hijo, practicada varios meses después de los hechos, y defendió que podían existir otras posibles vías de intoxicación que nunca llegaron a investigarse.

La Sala de lo Penal rechaza esa interpretación y recuerda que una condena penal no necesita necesariamente una prueba directa cuando existe una sucesión de indicios sólidos que, analizados en conjunto, conducen a una única conclusión lógica.

Precisamente eso es lo que aprecia en este caso. Los magistrados consideran especialmente relevante el grave conflicto que mantenían ambos tras la separación, el relato del hijo sobre cómo recibió la tableta de chocolate para entregársela exclusivamente a su padre, la coincidencia temporal entre la ingesta y el inicio del cuadro clínico, los informes médicos que descartaron otras formas razonables de intoxicación y distintos comportamientos posteriores de la acusada. Ninguno de esos elementos, explica el Supremo, sería suficiente por sí solo, pero todos ellos forman una cadena probatoria consistente cuando se valoran conjuntamente.

La resolución también aclara por qué no resulta decisivo que nunca pudiera analizarse el trozo de chocolate que consumió la víctima. Ese fragmento desapareció al ser ingerido y el resto de la tableta fue localizado tiempo después, cuando ya no era posible extraer conclusiones útiles. Lo verdaderamente determinante, señala la Sala, es que los análisis médicos acreditaron sin discusión la presencia de talio en el organismo y que los especialistas descartaron otras fuentes plausibles de exposición al tóxico.

El testimonio del hijo, una de las piezas clave

Uno de los aspectos más debatidos durante todo el procedimiento fue la declaración del hijo de la pareja. La defensa insistía en que había sido explorado diez meses después de los hechos y que durante ese tiempo podía haber recibido influencias externas. Sin embargo, el Supremo comparte la valoración realizada por los tribunales anteriores y considera que la prueba se practicó con todas las garantías.

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Además, destaca la coherencia y el nivel de detalle del relato del menor, que mantuvo siempre la misma versión: fue su madre quien cogió la tableta, la partió, la envolvió y le pidió que se la entregara únicamente a su padre, insistiendo además en que ni él ni su hermano podían comer ese trozo. Para los magistrados, esa declaración encaja plenamente con el resto de las pruebas y refuerza la conclusión alcanzada durante la investigación.

Con esta decisión, el Supremo deja definitivamente firme la condena impuesta a la mujer por un delito de asesinato en grado de tentativa. Además de la pena de prisión, deberá indemnizar a la víctima con más de 822.000 euros, una cantidad a la que se añadirán los gastos médicos no cubiertos y el coste de las adaptaciones necesarias en la vivienda como consecuencia de las gravísimas secuelas que le dejó el envenenamiento.

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