Ni la dieta ni el ejercicio físico: la particularidad que comparten las personas que llegan a los 100 años

Un estudio ha revelado cuál es uno de los factores más influyentes en la longevidad

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Las nuevas experiencias mejoran la longevidad
Señores haciéndose una foto

La inmortalidad es uno de los conceptos que más fascinación y especulación ha despertado a lo largo de la historia. Su búsqueda ha estado presente en innumerables relatos, mitos y obras de la cultura popular, desde películas y novelas hasta intentos reales de desafiar los límites de la vida humana.

Sin embargo, aunque todavía se dibuja como una utopía, en los últimos años ha aumentado considerablemente la esperanza de vida. Esto se debe, entre otros factores, a la mejora general de la medicina y una mayor concienciación sobre los hábitos de vida saludables.

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A pesar de que la alimentación y el deporte son dos aspectos realmente importantes, hay otros que también podrían desempeñar un papel clave en el envejecimiento saludable. Así lo sugiere un estudio liderado por la psicóloga Maria Chiara Fastame, de la Universidad de Cagliari, que pone el foco en un factor a menudo pasado por alto: la personalidad.

Metodología

La investigación se llevó a cabo en Cerdeña, una de las denominadas zonas azules, áreas del mundo conocidas por concentrar un número especialmente elevado de personas centenarias. El objetivo era analizar si determinados rasgos de personalidad podían estar relacionados con una mejor calidad de vida y un mayor bienestar durante la vejez.

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Para ello, los investigadores estudiaron a 125 adultos de entre 71 y 101 años, evaluando tanto su estado físico y psicológico como sus hábitos de vida y sus principales rasgos de personalidad. Además de analizar variables relacionadas con la salud física y mental, los investigadores evaluaron los denominados cinco grandes rasgos de personalidad: apertura a la experiencia, responsabilidad, extraversión, amabilidad y neuroticismo (inestabilidad emocional).

Conclusiones del estudio

Los resultados revelaron que las personas que vivían en la zona azul no presentaban una calidad de vida significativamente superior a la del resto de participantes. Sin embargo, sí destacaban por estar abiertos a probar nuevas experiencias, un rasgo asociado con la curiosidad, el interés por aprender y la predisposición a hacer cosas diferentes.

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Además, los residentes de estas regiones tendían a dedicar más tiempo a actividades de ocio y mostraban una mayor capacidad para afrontar las dificultades de la vida cotidiana. Al analizar todos los participantes en conjunto, los investigadores observaron que las personas con mayores niveles de apertura solían disfrutar de un mayor bienestar psicológico y participaban más activamente en aficiones y actividades recreativas.

Del mismo modo, quienes obtenían puntuaciones más altas en responsabilidad manifestaban una mayor satisfacción con su vida y tenían más herramientas para resolver problemas. Por el contrario, los participantes con niveles elevados de neuroticismo tendían a percibir una peor calidad de vida relacionada con la salud.

A partir de estos hallazgos, los autores concluyen que la personalidad no determina directamente la longevidad, pero sí puede influir en los hábitos y comportamientos que favorecen un envejecimiento saludable. Mantener la curiosidad, seguir aprendiendo, tener aficiones y permanecer abierto a nuevas experiencias podría contribuir, junto con una buena alimentación y el ejercicio físico, a disfrutar de una vejez más activa y satisfactoria.

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