Ángela Fernández, psicóloga: “A veces el origen del perfeccionismo está en el miedo al rechazo”

La especialista explica cómo la autoexigencia extrema puede convertirse en un círculo de ansiedad, frustración y necesidad de validación

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Una psicóloga explica que "a veces el origen del perfeccionismo está en el miedo al rechazo”. (Montaje Infobae)
Una psicóloga explica que "a veces el origen del perfeccionismo está en el miedo al rechazo”. (Montaje Infobae)

Buscar la perfección suele estar asociado al esfuerzo o la disciplina, pero cuando la necesidad de hacerlo todo bien condiciona la autoestima y el bienestar emocional, puede convertirse en un problema. Detrás de esa autoexigencia extrema, los especialistas apuntan a que, en muchos casos, se esconden miedos profundos que alimentan un círculo de ansiedad, frustración e insatisfacción constante.

La psicóloga Ángela Fernández ha reflexionado sobre este tema en una publicación de TikTok, donde explica que el perfeccionismo no siempre nace del deseo de superación, sino que puede ser una respuesta emocional ante el miedo al rechazo. “Muchas veces lo que llamamos perfeccionismo es, en el fondo, miedo”, afirma la especialista, que sostiene que esta tendencia mantiene una “muy alta correlación con trastornos ansiosos y depresivos”.

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“Realmente todos somos un poco perfeccionistas”, señala, aunque advierte de que el problema aparece cuando esa necesidad de hacer todo de forma impecable termina limitando la vida cotidiana. En su opinión, muchas personas intentan alcanzar un ideal imposible en un mundo que, por definición, está lleno de imperfecciones.

“Estamos intentando ser perfectos en un mundo que de base es imperfecto, intentando actuar de manera perfecta en relaciones que de base son imperfectas, porque el ser humano en sí mismo nació imperfecto y morirá imperfecto”, explica.

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El perfeccionismo mantiene una “muy alta correlación con trastornos ansiosos y depresivos”. (Freepik)
El perfeccionismo mantiene una “muy alta correlación con trastornos ansiosos y depresivos”. (Freepik)

El miedo detrás de la autoexigencia

La psicóloga considera que el origen del perfeccionismo suele estar más relacionado con la inseguridad que con la excelencia. “A veces el origen está en el miedo al rechazo”, resume. Ese temor puede adoptar distintas formas: “Miedo a no ser suficiente, decepcionar, no encajar en un molde, miedo a ser rechazados”.

Según explica, ese miedo lleva a muchas personas a creer que solo evitando cualquier error podrán protegerse del dolor o de la crítica. “Entonces es cuando empieza ese bucle de perfección. Nos exigimos más, controlamos más, nos criticamos más, creyendo que si no fallamos, nadie podrá hacernos daño”, señala.

Sin embargo, advierte de que esa estrategia termina pasando factura. “Todo esto tiene un precio muy alto”, afirma. En lugar de vivir con libertad, quienes caen en esta dinámica acaban dependiendo constantemente de la validación externa: “Cuando vivimos intentando encajar en un molde, terminamos viviendo más desde el miedo que desde la libertad”.

El perfeccionismo mantiene activas las inseguridades. (Franziska Gabbert/dpa)
El perfeccionismo mantiene activas las inseguridades. (Franziska Gabbert/dpa)

Una autoestima ligada al rendimiento

Los especialistas coinciden en que una de las características del perfeccionismo es vincular el valor personal a los resultados obtenidos. La persona siente que solo merece reconocimiento o afecto cuando cumple unos estándares muy elevados, normalmente imposibles de mantener de forma constante, según recogen en el Prado Psicólogos.

Fernández alerta precisamente sobre esa creencia. “Cuanto más intentamos demostrar nuestro valor a través de la perfección, más alimentamos la idea errónea de que solo merecemos ser queridos si hacemos todo bien”, subraya. En consecuencia, lejos de resolver las inseguridades, el perfeccionismo las mantiene activas: “En vez de sanar nuestras heridas, lo que estamos haciendo es retroalimentarlas y perpetuarlas”.

Los expertos explican que este patrón suele ir acompañado de una fuerte autocrítica, miedo al error, dificultad para delegar, necesidad de control e incluso procrastinación, ya que el temor a no alcanzar el resultado perfecto puede llevar a posponer tareas o proyectos. “Sanar no consiste en ser perfecto ni en cumplir expectativas. Consiste en descubrir que tu valor nunca dependerá de eso”, concluye Fernández.

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