Una pareja pasa 16 años construyendo una casa sostenible desde cero: “Mientras los de mi quinta salían de fiesta, yo venía aquí a trabajar”

Una familia transforma una finca abandonada en un hogar autosuficiente y comparte su día a día, demostrando que es posible vivir sin depender de los servicios tradicionales

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Una familia autosuficiente y sostenible frente a su vivienda ecológica, rodeada de naturaleza pasando el tiempo
"Boris, Rosa y su hijo Riu en su casa sostenible, pasando el tiempo en un entorno natural. (YouTube./ Permacultura por la Tierra y Arnau Serrado

Una casa sostenible y autosuficiente, diseñada bajo principios de permacultura y bioconstrucción, surge en un recinto de 7.000 metros cuadrados tras 16 años de trabajo de Boris y Rosa. La pareja ha transformado una finca abandonada en un hogar pensado para vivir de manera independiente y en contacto directo con la naturaleza. El objetivo es alcanzar la autosuficiencia total: eso implica generar su propia electricidad, extraer el agua, producir alimentos y criar a su hijo sin depender de los servicios habituales de una ciudad, como la red eléctrica o el suministro de agua corriente.

La familia, formada por Boris, Rosa y su hijo Riu, vive desde hace cinco años en ese terreno. Allí construyen con sus propias manos cada espacio en el que habitan. Llaman a su iniciativa Permacultura por la tierra y, además de organizar talleres, suelen mostrar cómo es su día a día y el avance del proyecto en redes sociales, donde comparten cómo viven y las decisiones que toman para mantener una vida autosuficiente.

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Una vida cotidiana autosuficiente

La primera construcción que levantan en la finca es la Casa de la Seta, una pequeña cabaña hecha con tierra del propio lugar y materiales reciclados. “En toda esta bioconstrucción no me he gastado ni un euro”, cuenta Boris en un vídeo publicado en el canal de Youtube Permacultura por la Tierra, en colaboración con Arnau Serrado, quien comenzó a trabajar en la finca cuando tenía 20 años. Uno de los desafíos principales fue lograr que el techo fuera impermeable. Para ello, Boris encontró una lona de camión abandonada y la utilizó como cubierta, lo que hasta hoy mantiene la cabaña seca y protegida. El resultado es una vivienda sencilla y resistente, nacida de la creatividad y el aprovechamiento de los recursos disponibles.

Con el tiempo, la familia incorporó otras infraestructuras que les dieron autonomía. Instalaron placas solares para generar electricidad, lo que les permite tener luz, cargar dispositivos y utilizar electrodomésticos básicos. Además, el agua que consumen proviene de un pozo que ya existía en la finca, por lo que no depende de la red pública. “No nos llega ningún cable ni tubo ni nada”, resumen.

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El día a día en la finca gira en torno a la autosuficiencia alimentaria. Boris y Rosa cultivan sus propios alimentos en huertos orgánicos elevados, una técnica que les permite aprovechar los restos de poda y materia vegetal para enriquecer la tierra. De esta forma, mantienen la fertilidad del suelo sin necesidad de productos químicos industriales. También, crían gallinas que les dan huevos frescos.

Huevos sostenibles en una bandeja, listos para el consumo en un hogar autosuficiente.
Huevos sostenibles en una bandeja, listos para el consumo en un hogar autosuficiente.

La vivienda principal se construye con materiales como termoarcilla, barro y un techo cubierto de vegetación. El diseño prioriza los espacios abiertos y luminosos, pensados para facilitar la crianza y el juego de Riu. Por otra parte, Rosa define la cocina como el centro de la vida familiar, el lugar donde preparan los alimentos desde cero, utilizando en su mayoría lo que cosechan en la propia finca. Además, en las esquinas de la casa entierran cuarzos para formar una “cúpula protectora” y varias paredes de adobe están hechas a mano, lo que refuerza el vínculo personal con el espacio.

Crianza, naturaleza y una visión alternativa

La infancia de Riu transcurre en contacto directo con la naturaleza. Aprende a identificar las estaciones, a observar los ciclos de las plantas y a convivir con los animales, enfrentando la vida y la muerte como parte del proceso natural. Esta forma de crecer, según Rosa, se aleja del modelo dominante de la sociedad actual. “Me parece que está todo al revés”, afirma. Para Boris y Rosa, la vida sencilla y natural es la respuesta a la aceleración y el estrés del ritmo urbano.

El proyecto Permacultura por la tierra también busca inspirar a otras personas. Cada vez son más quienes les consultan, participan en sus talleres o siguen su evolución a través de las redes sociales. La pareja observa que muchos buscan alternativas para escapar del consumo excesivo y el desgaste de los grandes centros urbanos. Por eso, la experiencia de Boris y Rosa muestra que es posible vivir de otra manera, priorizando la sustentabilidad, la autonomía y el contacto con la naturaleza

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