Los vecinos de Málaga que le han cambiado el nombre a la calle para denunciar la situación en la que están: “Calle Aquí no hay quien viva”

Los impulsores de la protesta advierten de la transformación del centro histórico en un espacio dominado por estancias cortas y actividad turística

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Calle Aquí no hay quién viva
La calle "Aquí no hay quien viva" en Málaga. (Redes sociales/101 TV)

La mañana del 3 de junio, una acción simbólica en pleno centro histórico de Málaga volvió a poner en primer plano el conflicto que atraviesa buena parte de los barrios antiguos de la ciudad y de España. Los vecinos de una calle llamada Molinillo del Aceite, próxima a Carretería, amanecieron con un cartel inesperado: la vía había sido rebautizada por iniciativa popular como “Aquí no hay quien viva”, haciendo referencia a la mítica serie y apelando directamente al problema de vivienda actual.

La escena, registrada y difundida a través de redes sociales, responde a una denuncia que se repite en los últimos años: la sustitución acelerada de viviendas habituales por apartamentos turísticos. Los impulsores de la protesta aseguran que la vida cotidiana en el casco histórico ha cambiado de forma radical, hasta el punto de que muchos consideran que el barrio ha perdido sus señas de identidad.

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No es la primera vez que los residentes utilizan la creatividad para visibilizar su malestar. Hace semanas, un grupo vecinal de otro barrio malagueño llevó a cabo una iniciativa similar, colocando un nombre alternativo a una calle para denunciar la falta de limpieza y el deterioro urbano. Estas acciones buscan provocar reflexión sobre el rumbo que están tomando los barrios históricos ante el avance del turismo y la especulación inmobiliaria.

El centro de Málaga como residencia turística

Quienes aún residen en el corazón de Málaga describen un escenario que poco tiene que ver con el de hace apenas una década. Las familias tradicionales, los comerciantes de toda la vida y los encuentros entre vecinos han cedido terreno ante el trasiego constante de visitantes con maletas. La imagen habitual ya no es la de la convivencia estable, sino la de viajeros entrando y saliendo de edificios convertidos en alojamientos temporales.

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El fenómeno, afirman los vecinos, va mucho más allá de una cuestión inmobiliaria. La reducción de la población estable y el encarecimiento de la vivienda dificultan el acceso de nuevos residentes y ponen en jaque la continuidad de la vida comunitaria. Además, la convivencia diaria se ve afectada por la rotación constante de inquilinos y la falta de vínculos duraderos en el entorno.

Los impulsores de la protesta advierten que la transformación del centro histórico en un espacio dominado por estancias cortas y actividad turística está vaciando de contenido social a la zona. Las relaciones vecinales y la identidad de barrio, que durante años han caracterizado la vida en el casco antiguo, encuentran cada vez más difícil sobrevivir en este nuevo contexto.

Un debate que sigue abierto

Con el gesto de rebautizar la calle como “Aquí no hay quien viva”, los residentes buscan reabrir un debate de alcance municipal y social. Reclaman medidas que permitan compatibilizar la actividad turística con el derecho a residir en el centro de la ciudad. Entre sus demandas se encuentra la necesidad de regular el mercado de alquiler, proteger la vivienda asequible y garantizar que el turismo no desplace a quienes forman parte del tejido urbano desde hace generaciones.

El problema con la vivienda sigue más vigente que nunca. (Ricardo Rubio - Europa Press)
El problema con la vivienda sigue más vigente que nunca. (Ricardo Rubio - Europa Press)

La protesta conecta con una preocupación creciente en otras ciudades españolas y europeas, donde los barrios históricos se ven amenazados por la presión del turismo y la especulación. Los vecinos de Málaga insisten en recordar que la ciudad no puede perder su carácter residencial en favor de una economía basada solo en estancias temporales y consumo rápido.

El debate sobre el futuro del centro histórico sigue abierto, con la pregunta de fondo sobre quién tiene derecho a vivir y construir comunidad en los espacios más emblemáticos de cada ciudad.

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