El perfil que alimenta el alquiler de temporada: nómadas digitales, estudiantes y ‘expats’ tensionan aún más el acceso a la vivienda

El auge de los contratos por meses coincide con la falta de oferta residencial y con una demanda internacional cada vez más presente

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Cartel de "Se alquila" en la ventana de una vivienda de Madrid. (Susana Vera/Reuters)
Cartel de "Se alquila" en la ventana de una vivienda de Madrid. (Susana Vera/Reuters)

El alquiler de temporada ya no crece solo por la oferta: también hay un público dispuesto a sostenerlo. En las grandes ciudades, esta modalidad ofrece a los propietarios una vía para sortear parte de las obligaciones del alquiler residencial. Pero avanza también porque existe una demanda concreta: estudiantes, trabajadores desplazados, teletrabajadores, nómadas digitales y expats que buscan alojamiento durante varios meses.

En un contexto de escasez de vivienda, estos perfiles compiten por los mismos pisos que necesita la población residente y contribuyen a estrechar aún más el acceso a un alquiler estable.

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Así lo analiza un artículo publicado en la revista Información Comercial Española (ICE), firmado por Josep Maria Raya, catedrático de Economía Aplicada del Tecnocampus de la Universitat Pompeu Fabra, que estudia la segmentación del mercado del alquiler entre la modalidad tradicional, turística y de temporada. El trabajo utiliza datos de portales inmobiliarios en Madrid y Barcelona, y advierte de que las tres fórmulas no funcionan como mercados separados, sino que se disputan una misma oferta de viviendas.

En el espacio intermedio entre el piso turístico y el contrato residencial habitual se sitúa el alquiler de temporada, que suele cubrir estancias superiores a un mes e inferiores a un año. Esta modalidad ofrece menos garantías al inquilino que el alquiler de larga duración, donde la Ley de Arrendamientos Urbanos reconoce un derecho de estancia de cinco años. Para determinados propietarios, esa menor duración resulta atractiva porque permite recuperar antes la vivienda y revisar el precio con más frecuencia.

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Quién alquila por meses en las grandes ciudades

El artículo identifica como principales demandantes de este mercado a estudiantes, trabajadores desplazados y, más recientemente, teletrabajadores. A ellos se suma una parte de la población extranjera de larga estancia, a menudo denominada expat, que suele desplazarse por elección, con una alta cualificación y mayor poder adquisitivo.

No todos estos perfiles tienen la misma capacidad económica ni acceden al mercado en las mismas condiciones. Pero, en conjunto, alimentan una demanda capaz de aceptar contratos de pocos meses y precios que muchos residentes no pueden asumir si necesitan instalarse de forma estable en la ciudad.

La ministra de Vivienda y Agenda Urbana, Isabel Rodríguez, califica de "anomalía" la proliferación de contratos de alquiler temporales de menos de un año y aboga por una regulación más transversal del mercado para proteger a familias y estudiantes.

El alquiler de temporada gana peso en Madrid y Barcelona

Los datos recogidos en el artículo muestran que esta modalidad ha ganado terreno con fuerza. En Madrid, el peso de los anuncios de alquiler de temporada en Idealista pasó del 4% al 10% entre 2019 y 2023. En el mismo periodo, los anuncios de alquiler vacacional avanzaron del 4% al 6%, una subida más moderada.

El salto es más acusado en Barcelona. Allí, los anuncios de alquiler vacacional se mantuvieron prácticamente estancados, entre el 2% y el 2,6%, mientras que los de temporada pasaron del 2,1% en 2019 al 14,4% en 2023. Es decir, su peso relativo se multiplicó por siete.

Otros datos citados en el artículo, procedentes del Observatorio Metropolitano de la Vivienda de Barcelona y del grupo Adevinta, que incluye Habitaclia, elevan aún más la dimensión del fenómeno: el alquiler de temporada representaba en torno al 13% de la oferta en 2019 y alrededor del 40% en 2023-2024.

La estadística catalana confirma que no se trata solo de anuncios. Según los datos de la Agència de l’Habitatge de Cataluña que también aparecen en el artículo, los contratos de alquiler de temporada crecieron un 45% entre 2023 y 2024 en el conjunto de Cataluña y un 41% en Barcelona ciudad.

Gasto extranjero, Erasmus y coworkings

El crecimiento de esta demanda temporal también se observa en otros indicadores. El texto recoge un cálculo de CaixaBank Research a partir de pagos con tarjetas extranjeras en Barcelona, que identifica a visitantes internacionales que estuvieron en España entre tres y 11 meses durante 2023. En la capital catalana, este grupo representaba una media de 336.000 tarjetas mensuales. Aunque suponía solo el 1% de las tarjetas extranjeras, concentraba el 8,8% del gasto total realizado con ellas ese año.

Los estudiantes internacionales son otro de los pilares de este mercado. En Cataluña, el número de estudiantes Erasmus en las universidades catalanas alcanzó los 14.609 en el curso 2022/2023, casi un 88% más que en 2011/2012.

A esa movilidad educativa se suma la laboral. El informe utiliza el crecimiento de los espacios de coworking como indicador indirecto de la llegada de profesionales móviles y nómadas digitales: Barcelona cuenta actualmente con 202 espacios y unos 253.000 metros cuadrados, frente a los 85.000 metros cuadrados de 2015.

Nomades digitales
Nómadas digitales

Un mercado temporal dentro de una crisis estructural

El artículo plantea que una parte del auge del alquiler de temporada puede responder al aumento de la demanda de estudiantes, trabajadores desplazados y nómadas digitales, mientras que otra parte podría funcionar como vía de escape frente a la Ley de Vivienda aprobada en 2023, especialmente en lo relativo a la regulación de precios. Esa doble explicación se produce, además, en un mercado marcado por la escasez de vivienda.

Para medir ese desajuste, el análisis recuerda que entre 2021 y 2024 España sumó 845.000 nuevos hogares, mientras que solo se concedieron 433.000 visados de obra nueva. El Banco de España cifra el déficit residencial en 700.000 unidades y el parque de vivienda social apenas representa el 1,13% del total, frente al 7,75% de media de la OCDE.

En ese escenario, cada vivienda que se orienta hacia estancias temporales ajusta un poco más el margen para quienes necesitan un hogar estable. No obstante, el propio artículo advierte que limitar esta fórmula tendrá un efecto limitado en el mercado inmobiliario si no se aborda el problema principal: la falta de vivienda, especialmente de alquiler social.

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