Descubren que las bacterias de la momia de Ötzi, el famoso Hombre de Hielo, siguen vivas más de 5.000 años después

Una investigación documenta por primera vez que microorganismos especializados en ambientes fríos pueden sobrevivir, estar metabólicamente activos y replicarse

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Una reciente investigación descubre bacterias vivas en la momia de Ötzi más de 5.000 años después de su muerte (Museo Arqueológico del Tirol del Sur/Eurac Research/Marion Lafogler)
Una reciente investigación descubre bacterias vivas en la momia de Ötzi más de 5.000 años después de su muerte (Museo Arqueológico del Tirol del Sur/Eurac Research/Marion Lafogler)

La momia de Ötzi podría contener vida, pese a llevar muerto más de 5.000 años. El famoso Hombre de Hielo que quedó perfectamente momificado por el hielo de los Alpes vuelve a sorprender a los científicos tras descubrir la existencia de bacterias tan antiguas como la propia momia.

Fue en septiembre de 1991 cuando una pareja de montañistas, tras tomar una ruta de los Alpes austríacos, descubrió el cadáver de un hombre. El matrimonio alemán pensó que se trataría de un montañista perdido, sin saber que en realidad era una momia de hace 5.300 años. La flora intestinal fue la que delató que el Hombre de Hielo había vivido durante el Calcolítico.

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Cinco milenios después, Ötzi sigue vivo. Y no porque sea uno de los hallazgos más estudiados de la Arqueología, sino porque un reciente estudio del Institute for Mummy Studies de Bolzano (Italia) acaba de revelar que los microbios de su cuerpo, tanto los de la Edad del Cobre como los modernos, siguen vivos. Actualmente, la momia está almacenada a -6 grados en una cámara frigorífica en el Museo de Arqueología del Tirol del Sur, en Bolzano.

Los resultados de la investigación, publicada en la revista Microbiome, ha identificado colonias microbianas en tejidos internos y externos que han evolucionado desde la Edad del Cobre hasta la actualidad. Para ello, el equipo liderado por Mohamed S. Sarhan y Frank Maixner aplicó métodos de secuenciación de nueva generación, cultivos microbiológicos y análisis metagenómicos a muestras tomadas durante la descongelación controlada de Ötzi en 2019. Se analizaron tejidos internos (intestino, músculo, piel), hielo superficial, aguas de deshielo, el aire de la cámara de conservación y el suelo original de hallazgo en los Alpes de Ötztal, cerca de la frontera entre Austria e Italia. Además. Estos datos se compararon datos históricos de 1992, 2010 y 2019.

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Una colonia de bacterias milenaria

El estudio revela que los tejidos internos de Ötzi mantienen una comunidad bacteriana ancestral: predominan especies anaerobias del género Clostridium, Romboutsia hominis y Treponema succinifaciens, identificados por sus perfiles de daño en ADN antiguo. Estas bacterias son altamente similares a las halladas en intestinos de poblaciones humanas no occidentalizadas, lo que ofrece un referente directo sobre cómo era el microbioma intestinal humano hace 5.300 años. Este ecosistema se ha conservado protegido del ambiente moderno durante milenios.

En cambio, la microbiota externa ha sufrido un vuelco reciente: levaduras adaptadas al frío extremo como Glaciozyma watsonii, Mrakia robertii y Phenoliferia glacialis son ahora dominantes en la piel y el agua del cuerpo, desplazando a otros taxones entre 2010 y 2019. Estas levaduras muestran escaso daño en su ADN, lo que prueba que están activas y se están multiplicando en la momia, pese a las temperaturas bajo cero del almacenamiento.

El microbiólogo Mohamed Sarhan cultiva y examina colonias de una cepa de levadura aislada que fue obtenida a partir de una muestra del estómago de Ötzi

Microorganismos vivos a -6 grados

La investigación documenta, por primera vez, que microorganismos especializados en ambientes fríos no solo sobreviven, sino que pueden estar metabólicamente activos y replicarse en una momia conservada a -6 grados. El análisis de fragmentos de ADN y la baja frecuencia de daños en los genomas actuales de levaduras y ciertas bacterias actuales demuestra esta actividad biológica. La abundancia de Glaciozyma watsonii se elevó del 85 % en 2010 al 98 % en 2019 en la piel, acompañada de una mayor integridad del ADN, un fenómeno que los autores atribuyen a la proliferación contemporánea.

Para los investigadores, estos resultados muestran que “Ötzi no es una cápsula del tiempo congelada, sino un ecosistema dinámico que sigue cambiando bajo las condiciones de conservación actuales”.

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