
A sus 89 años, al Padre Ángel, el sacerdote más famoso de Madrid y fundador de la ONG Mensajeros de la Paz, aún le quedan energías para seguir trabajando y ayudar a quien lo necesite, convencido de que la solidaridad y el diálogo son el verdadero motor de cambio. Su estilo, alejado de la sotana y el alzacuellos, y su defensa de una Iglesia más cercana, lo han convertido en objeto de críticas desde sectores de la derecha, aunque también es una figura señalada por la izquierda. Responsable de la iglesia de San Antón, en Hortaleza, mantiene abierta su parroquia las 24 horas del día para quienes buscan ayuda o un lugar donde sentirse acogidos, un templo que también cuenta con wifi gratuito.
En entrevista con Infobae, el Padre Ángel reflexiona sobre la visita del Papa León XIV a España, la importancia de que la Iglesia se adapte a los tiempos actuales y el valor de la solidaridad en la sociedad. Confirma que estará presente en los actos del Pontífice en Madrid y que lo acompañará durante su visita a los migrantes en Tenerife.
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Pregunta: ¿Qué significado tiene para usted la visita de León XIV a España?
Respuesta: Que venga un amigo, un pastor, a visitarnos siempre es una alegría. La visita del Papa a España lo que demuestra es que la Iglesia está viva, porque parecía que nuestra Iglesia estaba un poco dormida. No nos hemos actualizado y tanto la juventud como las personas mayores de hoy son distintas a las de antes, y la Iglesia debe ajustarse a nuestra manera de vivir, a nuestros horarios, celebrando misas en días diferentes al sábado y domingo porque la gente trabaja los fines de semana. Tanto el Papa Francisco como otros anteriores ya dijeron que tenemos que ponernos al día, y ahora el Papa León XIV también lo ha reflejado en su primera encíclica.
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Había que demostrar que la Iglesia en España no solo está viva, sino que además está resurgiendo una espiritualidad en los jóvenes, en la gente que canta, en los que juegan al fútbol, que se santiguan antes de salir al campo o miran al cielo cuando meten gol. Creo que con la visita del Papa lo vamos a lograr.
P: ¿Qué le ha parecido esa primera encíclica en la que el Pontífice trata temas como la justicia social, el rearme mundial o la inteligencia artificial y los intereses de quienes controlan esta tecnología?
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R: Esperaba que muchos se escandalizasen, pero ya he visto que no se ha escandalizado nadie [risas]. Nada que ver con la repercusión que tuvo la encíclica de León XIII [Rerum Novarum, en 1891], en la que criticó el comunismo y el capitalismo de la época. Ahora, esta última todo el mundo la ha visto con normalidad cuando es una encíclica que tiene que doler a muchos sectores de la sociedad, sin duda alguna, porque León XIV nos habla de la espiritualidad, de Dios, de la humanidad, de estar más cerca unos de otros. La hemos acatado como que no dice nada, pero en realidad dice mucho, porque habla de justicia social al igual que habló León XIII. Necesitamos líderes dentro de la Iglesia, sobre todo en Roma, y este Papa ha salido a ponerse en pie frente a las guerras, frente a los que utilizan las armas, para decirles que el diálogo es la única posibilidad de poder convivir con los humanos. Es increíble lo que está pasando en Ucrania y Oriente Medio con las bombas, los drones y toda esa tecnología que se utiliza para acabar con la gente.

P: ¿Qué mensaje le gustaría que transmitiera aquí el Papa?
R: El que va transmitiendo desde el día que apareció en la ventana del Vaticano, abrió los brazos y dijo: “La paz sea con vosotros”. Creo que viene a decirnos que dejemos de pelearnos tanto. Su mensaje no es el de una paz de palabra, sino de que nos tenemos que querer y, sobre todo, dialogar y respetar al otro. Porque dialogar es que hablemos, pero también que no impongamos nuestras ideas al que está enfrente, y en los últimos años en España no hemos dado mucho ejemplo.
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P: En alguna entrevista le he escuchado decir que el mundo de hoy es mejor que el de hace 200 años. Ante el contexto actual, marcado por conflictos bélicos como los de Ucrania, Gaza o Irán, gobiernos autoritarios, el endurecimiento de las políticas migratorias y un repunte del racismo, la xenofobia y la discriminación hacia la población LGTBI, ¿mantiene esa visión optimista?
R: Creo que sí. El mundo de hoy es mucho mejor que el de hace 200 años y el de hace 20. En el mundo actual hay un montón de hombres y mujeres que están investigando en medicina, por ejemplo, para poder curar las enfermedades. Hay también muchas más personas voluntarias y solidarias que ayudan a otros. Somos un mundo donde nos preocupamos por lo que está pasando en Gaza o lo que está pasando en Medio Oriente. Y es un mundo donde vamos a vivir más años, y la vida es lo más maravilloso que podemos tener, decía la madre Teresa de Calcuta. Este Papa viene a decirnos que no tenemos que pelearnos tanto, que nos queramos más, que ayudemos sobre todo a los que están solos, porque al igual que otros problemas mayores que tiene la sociedad, como es la vivienda y el trabajo, también hay otros importantes como la migración y la soledad. Y de eso habla también este Papa.
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P: Usted ha tenido un papel activo en la defensa de los derechos humanos y ha llevado a cabo actos de denuncia social que otros sacerdotes no se atreverían a realizar -como cuando a finales de los 70 envió al rey Juan Carlos y al presidente Adolfo Suárez paquetes con bellotas tras descubrir que en un reformatorio de Granada alimentaban a los menores con esos frutos, lo que provocó la destitución del presidente del Consejo de Menores-. ¿Se considera un rebelde?
R: Hombre, también hay otros sacerdotes que hicieron cosas que yo no hice. Yo no me considero rebelde, soy normal y corriente. Rebeldes son los misioneros, esas personas que lo dejan todo y pierden la salud por ayudar a otros, y a veces incluso la vida.
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P: ¿Cómo se consigue mantener una iglesia como la de San Antón abierta las 24 horas del día durante los 365 días del año?
R: A veces hay que tener sueños y esperar para que se realicen. Siempre tuve el sueño de poder tener una iglesia abierta las 24 horas, pero tuve que esperar a tener 78 años para que se hiciera realidad. La de San Antón es una más dentro de la Iglesia, lo único que está abierta a horas intempestivas en las que lo agradece mucho la gente. Estoy feliz de haberlo podido llevar a cabo.
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P: ¿Qué papel cree que deben jugar los sacerdotes y las parroquias en el actual contexto social?
R: Nuestro papel debe ser el de intermediarios entre Dios y los hombres. Eso no lo puede hacer ni un ingeniero ni un presidente. Tener esa oportunidad es un privilegio, es lo más grande.
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P: ¿Cuál ha sido el mayor reto que ha enfrentado en su trabajo al frente de Mensajeros de la Paz?
R: Creo que el mayor reto ha sido ponerse en el lugar del otro, entender que gestos como un abrazo o un beso son lo que uno desearía si estuviera solo o sin familia. Escuchar palabras de agradecimiento, como “gracias, padre, por darme esta manta”, tiene un gran valor. Hay personas que acuden a San Antón a pedir un vaso de agua o unos calcetines porque no tienen nada. Eso es lo que realmente importa. Poder ayudar a los demás es la mayor felicidad que uno puede tener, no solo para un cura, sino para cualquier persona que tiene esa posibilidad, porque te aporta felicidad.
P: ¿Ayudar a otras personas es lo que le sigue impulsando a trabajar cada día después de tantos años de servicio?
R: Me motiva trabajar cada día y ver a tantas personas comprometidas con los demás. Esto es contagioso. Siento una envidia sana de todas aquellas personas que he conocido, como Vicente Ferrer, Pedro Casaldáliga o la madre Teresa de Calcuta, pero también de un padre de familia que trabaja 80 horas a la semana para sacar a sus hijos adelante o del voluntario que se levanta a las 7 de la mañana para dar desayunos. Estar con personas que hacen mucho más de lo que hago yo, te da mucha fuerza y energía.
P: Que a uno le quede tanta energía con 89 años no está nada mal...
R: A mí todavía me quedan más de veinte años (risas), así que me siento con ganas. Y esto también es un privilegio; sigo feliz y con ánimo de ayudar a los demás. Ver a tantas personas solidarias, especialmente voluntarios, me da fuerzas para continuar. Esta visita del papa también va a corroborar que hay muchos voluntarios, mucha gente comprometida con los demás, y esta es la Iglesia católica en la que creo, pero no dejo de seguir creyendo en otras que también hacen cosas o incluso entre quienes no tienen fe. Yo creo en los hombres y las mujeres, en los que creen y en los que no creen.
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