Acariciar perros con frecuencia revela rasgos de la personalidad: qué dice la psicología

Además de evidenciar la empatía, la apertura social y la resiliencia, esta práctica aporta beneficios que incluyen la disminución del estrés, el fortalecimiento del sistema inmunológico y la mejora de la concentración

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Un niño de unos 6 años arrodillado frente a un perro callejero sentado en un parque. El niño extiende su mano abierta hacia el perro de pelaje marrón y gris.
Acariciar perros incrementa la actividad cerebral en las bandas beta y gamma, asociadas a la atención y el procesamiento cognitivo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Interactuar físicamente con perros es una práctica común en numerosos entornos y ha sido objeto de análisis por parte de la psicología y la neurociencia. Acariciar perros de manera habitual no solo impacta el bienestar emocional del humano y del animal, sino que también revela rasgos de personalidad y activa mecanismos fisiológicos específicos.

El estudio más relevante en la actualidad fue publicado en marzo de 2026 en la revista Nature bajo el título Effects of human–dog interactions on brain activation, realizado por Onyoo Yoo, Jin Soo Han y Sin-Ae Park en la Universidad Konkuk de Corea del Sur. La investigación analizó la actividad cerebral de 30 adultos sanos mediante electroencefalografía (EEG) mientras acariciaban un perro real y un perro de peluche, en diferentes condiciones sensoriales (con ojos abiertos y cerrados, con o sin contacto visual).

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Los resultados demostraron que acariciar un perro real, especialmente con contacto visual, incrementa de forma significativa la actividad cerebral en las bandas beta y gamma en lóbulos prefrontales y frontales. Estas frecuencias están asociadas a la atención sostenida, la concentración y el procesamiento cognitivo. Según los autores: “La interacción con un perro condujo a una mayor actividad cerebral en las bandas de frecuencia beta y gamma en comparación con tocar un perro de peluche, lo que indica una mejora en la atención y la concentración”.

Pintura en acuarela de un hombre con barba clara y un perro Golden Retriever de pelaje dorado, ambos en primer plano, nariz con nariz, con tonos tierra.
El contacto visual con el perro real potencia aún más la activación cerebral en regiones prefrontales y frontales (Imagen Ilustrativa Infobae)

El mismo estudio comprobó que las sensaciones subjetivas de comodidad y relajación fueron mayores durante la interacción con el perro vivo. Los participantes reportaron sentirse más relajados y cómodos en esa situación que al tocar un objeto inanimado.

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También respaldan el modelo de “causalidad conductual”. Dicho modelo explica cómo la experiencia positiva de acariciar a un animal genera una cadena emocional que favorece la repetición de la conducta y fortalece el vínculo entre humano y perro.

Además de este trabajo, otras investigaciones han abordado el impacto del contacto físico con perros. Un estudio conjunto de la Universidad de Florida, la Universidad de Carroll y la Universidad de Marquette reveló que acariciar perros ayuda a regular la presión arterial y la frecuencia cardíaca, reduce los niveles de cortisol (hormona del estrés) y eleva la oxitocina, conocida como “hormona del amor”.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El hábito de acariciar perros se asocia a altos niveles de empatía y apertura a nuevas experiencias (Imagen Ilustrativa Infobae)

Rasgos de personalidad y motivaciones

La psicología relaciona el hábito de acariciar perros con determinados rasgos de personalidad. Los estudios coinciden en que las personas que suelen interactuar físicamente con perros presentan altos niveles de empatía y una mayor apertura a nuevas experiencias. Son personas que pueden conectar profundamente con los demás, incluso con los animales, lo que les permite establecer vínculos de confianza y cuidado. También se observa una tendencia al altruismo, la resiliencia y una elevada inteligencia emocional.

La historia personal influye en este comportamiento. Quienes crecieron con perros y gatos o han tenido experiencias positivas con animales tienden a repetir ese vínculo, ya que el cerebro asocia la interacción con perros a experiencias agradables.

Procesos cerebrales y fisiológicos involucrados

Cachorro con expresión de tristeza mientras recibe caricias, mostrando vulnerabilidad y ternura en una escena emotiva. - (Imagen Ilustrativa Infobae)
El contacto físico con perros vivos genera respuestas cerebrales más intensas que el contacto con peluches - (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio de Nature aporta evidencia objetiva de que la interacción con perros vivos desencadena una respuesta cerebral diferente a la de un estímulo inanimado. El contacto con el animal real genera mayor activación en bandas de frecuencia asociadas a la concentración y la atención, lo que no ocurre al acariciar un peluche. Además, el método diferencial semántico (SDM) utilizado en la investigación confirmó que el estado emocional percibido es más positivo durante la interacción con el perro real.

Los hallazgos respaldan el desarrollo de intervenciones asistidas por animales orientadas a mejorar la atención y el bienestar emocional. El equipo de la Universidad Konkuk destacó: “Las interacciones con perros pueden servir como intervenciones beneficiosas que activan respuestas fisiológicas y ventajas emocionales; nuestros hallazgos proporcionan evidencia para desarrollar intervenciones asistidas por animales personalizadas destinadas a mejorar la atención”.

El contacto físico con perros facilita la interacción social e influye en la conducta de las personas en espacios públicos. Según los estudios revisados, la aproximación debe ser progresiva y respetar las señales del animal, priorizando zonas como el cuello, el pecho y detrás de las orejas.

La psicología y la neurociencia coinciden en que acariciar perros de forma habitual activa mecanismos emocionales, fisiológicos y sociales específicos, y que el efecto es superior cuando la interacción se produce con un animal real.

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