Los españoles creen que Vox y el PSOE son los partidos que utilizan más bulos y desinformación

Las cifras muestran una demanda social amplia para endurecer la regulación y sanción sobre quienes difunden informaciones engañosas, además de exigir mayor control a las plataformas digitales para frenar la propagación de noticias falsas

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El líder de VOX, Santiago Abascal, en el Congreso de los Diputados. (Carlos Luján / Europa Press)
El líder de VOX, Santiago Abascal, en el Congreso de los Diputados. (Carlos Luján / Europa Press)

Uno de cada diez españoles cree hay partidos políticos que difunden bulos, noticias falsas y manipulan vídeos e imágenes. El dato se extrae del estudio ‘Desinformación y humor’ que ha publicado este miércoles el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Los que más caerán en estas prácticas, a ojos de los encuestados, son Vox y el PSOE. Al partido de Santiago Abascal, con un 34,2%, y al que lidera Pedro Sánchez con el 23,7% le siguen de lejos el PP (7,7%), Podemos (1,4%) y Se Acabó la Fiesta (0,4%).

No obstante, la desinformación no se percibe como una cuestión de partidos aislados, sino como una dinámica extendida a todo el espectro político. Un 20,3% de las personas consultadas, preguntadas solo entre quienes creen que existe manipulación por medios partidistas, responde que “todos” los partidos incurren en prácticas de desinformación.

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Redes sociales y códigos obligatorios

La presión social sobre la implicación de las plataformas digitales es abrumadora. El 88% piensa que estas plataformas—Facebook, Instagram, X u otras—deberían estar obligadas por ley a seguir un código de principios contra la desinformación, y solo una minoría (10,3%) cree que ese cumplimiento debería ser voluntario o innecesario.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha criticado este miércoles, en el pleno del Congreso, al dueño de X, Elon Musk, al que ha acusado de "destruir la salud mental" de los ciudadanos y más concretamente de los jóvenes y ha avisado de que "hay que tomar el control de las redes sociales porque se está haciendo caja con la salud mental de los ciudadanos y ciudadanas, y particularmente de la gente joven". (Fuente: Congreso)

Este diagnóstico se extiende a la circulación de bulos en otros ámbitos. Seis de cada diez españoles aseguran que la política es el campo donde más abunda la desinformación (61,2%), mientras sanidad, economía y ciencia figuran muy por debajo. Aun así, uno de cada seis encuestados cree que la desinformación afecta a todas las esferas por igual.

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Pese a la idea de que los bulos nos rodean, los españoles muestran un comportamiento prudente en la recepción y redifusión de información: solo un 0,9% admite reenviar contenidos de actualidad “siempre” por mensajería instantánea sin comprobar su veracidad, aunque un 5,6% lo hace “casi siempre”. La inmensa mayoría se abstiene o apenas lo hace (25,4% “casi nunca” y 62,3% “nunca”).

Los efectos sociales de la desinformación

La ciudadanía percibe un impacto directo de los bulos en la manipulación de la opinión pública (56% “mucho”, 34,9% “bastante”), en la polarización política (52,7% “mucho”, 33,8% “bastante”) y en los conflictos sociales y la erosión institucional. Además, el 44,5% considera que la desinformación incita “mucho” al odio hacia inmigrantes y un 41,7% opina que trivializa la violencia de género. Estas posiciones muestran que la preocupación social rebasa ampliamente el escenario político para instalarse en el terreno de la convivencia diaria.

La amenaza de la desinformación alcanza a áreas como la convivencia pacífica (44,9% la ve “muy amenazada”), la seguridad ciudadana (38,5%), el medio ambiente (31,6%) y, en menor medida, la salud pública y la protección de los ciudadanos.

Sentido del humor, límites y autocensura

El análisis del humor y su función social convive con una percepción restrictiva. Aunque el 93,6% se describe a sí mismo como una persona con sentido del humor y el 90,8% atribuye esa cualidad a los españoles en general, solo el 11,1% considera que en España existe libertad total para bromear sobre cualquier tema. Un 24,4% cree que se puede hablar “en general” de cualquier asunto, pero el grueso de la sociedad admite limitaciones claras: el 38,5% depende del tema y un 24,8% evalúa que la libertad es “mucho más limitada” que hace diez años.

El humor irónico y sarcástico domina las preferencias (56,5% como primera opción, 74,7% sumando segunda elección), muy por delante del humor absurdo (44,1% en total) o el político. Sin embargo, el 38,4% opina que el humor debe tener límites infranqueables y un 44,4% admite restricciones “en algunos casos”. Estas barreras subjetivas dan lugar a la autocensura: el 13,3% ha dejado de contar chistes por miedo “muchas veces” y un 43,5% “algunas veces”.

Al abordar temas sensibles, la sociedad evidencia su incomodidad: el humor sobre inmigrantes, género, religión o política molesta “mucho o bastante” a más de la mitad de los encuestados, con máximos en inmigrantes (53,1%) y género (52%).

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