
No existe un manual de instrucciones para la crianza. Cada niño responde de una manera distinta, cada familia vive circunstancias diferentes y cada padre o madre intenta actuar con las herramientas que tiene en ese momento. En medio del cansancio, las prisas y la frustración, educar se convierte muchas veces en un ejercicio de improvisación constante. Por eso, cuando aparecen comportamientos difíciles, como los golpes o los mordiscos en niños pequeños, la reacción inmediata suele ser emocional antes que racional.
Muchos padres reconocen haberse enfadado, haber gritado o incluso haber recurrido a castigos rápidos para intentar frenar la conducta. Apartar al niño contra la pared, mandarle a un rincón o responder con dureza son respuestas frecuentes que nacen, en la mayoría de los casos, del desconcierto y de la necesidad de poner orden a una situación incómoda. Lejos de criminalizar estas reacciones, expertos en desarrollo infantil recuerdan que la mayoría de las familias actúan lo mejor que saben en momentos de tensión.
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En sus redes sociales, el neuropsicólogo Álvaro Bilbao (@soyalvarobilbao en TikTok) explica, a partir del vídeo de una madre regañando a su hijo, una serie de pautas que pueden ayudar a calmar al niño y enseñarle al mismo tiempo sin recurrir a castigos que aumenten la frustración.
Cómo actuar si tu bebé te pega o muerde
Bilbao insiste primero en desmontar una idea habitual: la de que el niño pega porque quiere hacer daño. “Cuando un niño de esta edad muerde o pega, no lo hace de forma voluntaria porque todavía no tiene desarrollada las áreas de control voluntario. Estos comportamientos son reacciones automáticas cuando el niño se siente amenazado o está sobreexcitado”, explica el especialista.
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El neuropsicólogo también pone el foco en los adultos y en la culpa que muchas veces acompaña a la crianza. “La madre lo está haciendo lo mejor que sabe. No hay nada que juzgar ni criticar porque todos los padres lo hacemos lo mejor que podemos”, señala. Aun así, advierte de las consecuencias que puede tener un castigo basado en el aislamiento emocional: “Castigar a un niño dejándole contra la pared solo va a hacer que se sienta abandonado y eso le va a generar más frustración y tendencia a pegar la próxima vez que se sienta enfadado o sobreexcitado”.
Frente a ello, Bilbao propone una serie de pasos concretos. El primero consiste en regular la reacción del propio adulto. “Es normal que tu primera reacción también sea gritar o castigar, porque al igual que le acaba de ocurrir a este bebé, enfadarse es la reacción automática de protección cuando nos sentimos amenazados”, afirma. Para evitar actuar impulsivamente, recomienda recurrir a la respiración consciente: “Puedes cambiar rápidamente de estado con una simple respiración. Inspira profundamente por la nariz. Eso va a estimular tu bulbo olfatorio, que te ayudará a pasar del estado de alarma al estado de calma. Y expira por la boca. Es importante que la expiración sea un poco más larga que la inspiración”.
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El segundo paso, explica, es recordar que el menor no actúa desde la intención de hacer daño. “Date cuenta de que tu bebé no ha querido hacerte daño o faltarte al respeto. Tan solo ha reaccionado porque todavía no sabe regularse mejor. Ahora tú le estás enseñando”.
La propuesta del experto no implica ausencia de límites. De hecho, considera importante marcarlos de forma clara y tranquila. “Como padre o madre, tienes derecho a decir ‘no’ cuando algo no te gusta o no te hace sentir bien. No sientas ninguna culpa. Dile ‘no’ y pon la mano para evitar que vuelva a golpear”. Según explica, la clave está en mantener la firmeza sin perder la calma: “Si eres firme y calmado a la vez, aprenderá rápido que no dejas que te golpeen y será algo que podrá aplicar en su propia vida”.
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Después llega el momento de explicar la norma. Bilbao recomienda evitar mensajes centrados en el adulto y optar por formulaciones más generales: “En lugar de decir ‘no quiero que me pegues’ o ‘me has hecho daño,’ simplemente di ‘no pegamos a los demás’. Funciona mejor”.
Por último, el neuropsicólogo apuesta por enseñar alternativas concretas para canalizar el enfado. “‘Si estás nervioso, puedes pedirme un abrazo’. ‘Si necesitas morder, usa tu mordedor’. O mi favorita, ‘puedes enfadarte, pero no podemos pegar’. De esta manera aprenderá mucho más rápido”.
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