
Los microplásticos son partículas de menos de 5 milímetros, casi invisibles y presentes tanto en ecosistemas terrestres como acuáticos. En los últimos años, diferentes estudios han investigado su procedencia y su riesgo para la salud y el medioambiente. Con ello se ha podido comprobar que su viaje desde las actividades industriales, agrícolas o recreativas de las grandes ciudades termina esparcida en “casi todos los rincones del planeta”. Por lo que “la situación es dramática, sobre todo en los mares y océanos, destino final de muchos de ellos”, tal y como asegura la plataforma MICRO, dedicada a esta cuestión.
Estos granos plásticos pueden estar prefabricados en ese tamaño para productos cosméticos o textiles o pueden fragmentarse de otros objetos más grandes a consecuencia de la acción de agentes externos como el sol, la lluvia o el viento. No obstante, la problemática actual, según la Red de Seguimiento de Microplásticos - impulsada por la Asociación Hombre y Territorio (HyT) y la Cruz Roja Española-, radica en que la totalidad de los entornos acuáticos analizados en España están contaminados por microplásticos. Así se ha demostrado gracias a una investigación de cinco años (2021-2025) basado en más de 700 muestras y la colaboración de 600 personas voluntarias que
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Desde 2021, la Red ha desplegado un sistema de monitoreo con el apoyo de diferentes entidades como Proyecto LIBERA —creado por SEO/BirdLife en alianza con Ecoembes—, con el que se han analizado concretamente la contaminación en 22 playas y 30 ríos. Concretamente, la investigación ha recopilado datos de Andalucía, Ceuta, Baleares, Canarias, Aragón, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Cataluña, Galicia, La Rioja y País Vasco, tras haber filtrado más de 600.000 litros de agua. Con esto, se ha podido tipificar zonas con especial presión contaminante, como el Guadalquivir en Sevilla, donde los voluntarios han reportado “olor putrefacto y presencia de fauna muerta”, o el río Huerva en Zaragoza, donde los sedimentos dificultan el filtrado y se han identificado objetos anómalos, como “un cubo de basura metálico”.

Más del 70% de las muestras eran fibras sintéticas procedentes de tejidos y cuerdas
El método de análisis se ha basado en protocolos estandarizados y equipo de filtrado portátiles, lo que ha permitido obtener unos resultados comparables entre lugares y años, y entender si una zona mejora o empeora. “En el caso de los ríos, el equipo consiste en un equipo portátil con un filtro especial por el que se pasa el agua tomada del río o arroyo, mientras que en el mar se usa un sistema de filtración adaptado a los kayaks, que permite filtrar el agua mientras se navega”, se detalla en el informe. Posteriormente, esas muestras se llevan al laboratorio “donde el equipo de HyT se encarga del análisis”. En este lugar, los expertos, que tienen “más de 10 años de experiencia”, podrán identificar la forma, el tamaño y la tipología de cada microplástico y si es “consistente y fiable”.
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Para ello, los expertos han utilizado la herramienta EMEA (Evaluador de Microplásticos en Ecosistemas Acuáticos), desarrollada por HyT, que visualiza el nivel de contaminación en un gradiente de colores, facilitando la interpretación del estado de cada entorno. Además, “se apoya en más de 30 referencias científicas internacionales y permite saber si la cantidad de partículas detectada se considera baja, moderada o elevada para cada entorno”. Finalmente, la composición de los microplásticos hallados refleja la influencia de fuentes urbanas, industriales y domésticas. Más del 70% de las partículas analizadas son fibras sintéticas, principalmente procedentes de tejidos y cuerdas, seguidas de fragmentos plásticos (alrededor del 20%), films, esferas y esponjas.
De esta manera, el coordinador del Proyecto LIBERA en SEO/BirdLife, Miguel Muñoz, ha determinado para Compromiso RSE: “El hecho de encontrar microplásticos en el 100% de las muestras confirma que no estamos ante un problema puntual, sino ante una presión constante sobre nuestra biodiversidad. No podemos permitir que esta ‘basuraleza’ invisible siga degradando nuestro patrimonio natural". Por lo que, tras “identificar que el 70% son fibras sintéticas es el primer paso para trazar una hoja de ruta eficaz que transitar”, concluye.
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El estudio ha reforzado su seguimiento al haber incorporado el EMEA en las exploraciones del último año. Y es que “un punto con alta presencia puntual no es concluyente, pero si se mantiene durante años, indica una presión permanente sobre el ecosistema”, apuntan David León y Bárbara Conejero, responsables del informe y del desarrollo del EMEA en HyT para Compromiso RSE. Su uso, también puede “utilizarse para estudiar tendencias, comparar estudios o iniciar investigaciones”.
Por ejemplo, en el río Tajo a su paso por Toledo se observa agua cristalina en primavera y mayor turbidez tras las lluvias otoñales, junto a un aumento de restos en las riberas de Talavera de la Reina. Por lo que, la consolidación de series temporales ha sido clave para identificar fuentes de contaminación persistentes y contextualizar los datos en función de la presión urbana, el clima y el uso ciudadano de los márgenes fluviales.
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Cómo evitar la contaminación de microplásticos
La contaminación por microplásticos, según la Red, deriva de factores como el desgaste y abandono de plásticos, su fragmentación por acción del agua y la luz solar, y la dispersión de partículas que no superan los cinco milímetros. Estos residuos pueden afectar la fauna, contaminar recursos hídricos y generar riesgos para la salud humana, de acuerdo con el análisis presentado por las organizaciones participantes.
“Los resultados confirman que los microplásticos siguen presentes en todos los entornos muestreados”, lo que refuerza la necesidad de “más prevención, educación ambiental y políticas de reducción de residuos”, se lee en el informe. De esta manera, las entidades que se han involucrado en el análisis de estos últimos cinco años se han comprometido a continuar en los próximos años, al estar apoyadas en la ciencia ciudadana y el desarrollo de nuevas herramientas como el EMEA.
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Hay que tener en cuenta que los microplásticos no solo los encontramos en estos ecosistemas. Y es que, actualmente, se sabe que existe una gran presencia de microplásticos también en aguas continentales, en ecosistemas terrestres e incluso en el aire, medio por el cual pueden transportarse.
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