Juan Manuel Liquindoli, adiestrador canino: “5 comportamientos que no son lo que parecen y que te van a ayudar a entender a tu perro”

Descubre por qué señales como el gruñido, la monta o el lamido pueden tener significados completamente distintos a los que solemos imaginar

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El especialista invita a observar el comportamiento canino desde una perspectiva informada y sin prejuicios
Juan Manuel Liquindoli, adiestrador, analiza los gestos de los perros más allá de los mitos habituales (Composición Infobae)

La convivencia entre humanos y perros está atravesada por mitos y malentendidos sobre el comportamiento animal. Muchas de las interpretaciones tradicionales acerca de la conducta canina provienen de ideas heredadas o generalizaciones sin base científica, lo que puede dificultar una relación armónica y respetuosa.

En este contexto, comprender el verdadero significado de los gestos y reacciones de los perros se vuelve fundamental tanto para propietarios primerizos como para quienes conviven desde hace años con mascotas. Reinterpretar estas señales ayuda a prevenir problemas de convivencia y mejora el bienestar de los animales.

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El adiestrador canino Juan Manuel Liquindoli sostiene en su TikTok (@filosofia.animal) que reinterpretar ciertas conductas habituales de los perros puede transformar la relación con nuestras mascotas. Según Liquindoli, “el gruñido no significa que un perro sea malo o que nos está desafiando. Es comunicación. Es una forma de decir: ‘Esto me incomoda, no te pases de acá’”, una perspectiva que desmonta prejuicios extendidos sobre la agresividad canina.

El contexto lo es todo

Liquindoli insiste en que, para comprender a un perro, resulta esencial observar el conjunto de señales y no caer en la trampa de los estereotipos. Lejos de ser señales inequívocas de dominancia o felicidad, los gestos caninos muchas veces tienen explicaciones más complejas.

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Por ejemplo, de acuerdo con Liquindoli, el acto de montar no responde habitualmente a un deseo sexual ni a la búsqueda de dominancia: “la monta no es para dominar y con poca frecuencia se da por motivos sexuales. Puede aparecer en juego, excitación o estrés”, advierte.

Un perro se rasca detrás de la oreja
Un perro se rasca detrás de la oreja. (Canva)

Esta conducta puede surgir en momentos de alta activación, como durante visitas o juegos intensos, y suele indicar que el animal está sobrepasado. El contexto en el que se producen estas acciones resulta clave para su interpretación adecuada.

Acerca del lamido, otra conducta usualmente malinterpretada, Liquindoli señala que no siempre es una expresión de afecto: “el lamido no siempre es amor. Sí, puede ser afiliativo, pero también puede ser una forma de calmarse, de gestionar ansiedad o de pedir espacio”.

El especialista urge a tener precaución, especialmente cuando hay niños involucrados, ya que esta acción podría denotar incomodidad y no necesariamente cariño. El desconocimiento sobre estos matices puede llevar a situaciones de riesgo si los adultos asumen erróneamente que el perro disfruta sin límites de la interacción.

Señales que engañan

La gestualidad de los perros tampoco es tan sencilla como parece. El especialista aclara: “mover la cola no siempre es felicidad. El movimiento de la cola expresa activación. Un perro puede moverla por felicidad, pero también por nervios o por tensión”.

Liquindoli recomienda analizar el contexto y el lenguaje corporal completo del animal antes de interpretar sus emociones. Observar las orejas, la postura y la expresión facial contribuye a una lectura más precisa y evita confusiones que pueden afectar la relación entre personas y animales.

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Incluso expresiones como la clásica “mirada de culpa” poseen otra explicación. Liquindoli descarta que los perros experimenten culpa humana: “los perros no pueden sentir culpa como nosotros. Esa expresión suele aparecer como respuesta a nuestro tono o postura”, explica, y recalca que no se trata de una admisión de falta sino de una reacción a la conducta de la persona.

El adiestrador enfatiza que castigar a un perro por gruñir es contraproducente. Si se apaga esa señal, lo único que se logra es que el animal deje de advertir, sin que desaparezca el malestar interno. Reconocer y respetar estos indicadores promueve una convivencia más segura y basada en la comprensión mutua.

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