El municipio de Andalucía donde gobiernan en coalición IU y el PP para cerrar el paso al PSOE: “Las ambiciones personales se ponen por delante del interés del pueblo”

El día a día en Jódar está condicionado por el choque entre el equipo de gobierno y la oposición, donde la herencia de 13 millones de deuda y el control de las redes sociales alimentan una crispación política sin precedentes

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Un pleno municipal en el Ayuntamiento de Jódar (Ayuntamiento de Jódar)
Un pleno municipal en el Ayuntamiento de Jódar. (Ayuntamiento de Jódar)

En Jódar, un municipio de algo más de 11.000 habitantes en la comarca jienense de Sierra Mágina, la política local rara vez ha dado lugar a sorpresas. Durante décadas, el poder ha oscilado entre el PSOE e Izquierda Unida en una alternancia casi mecánica, sin que otras fuerzas hayan logrado romper ese equilibrio.

Tras las últimas elecciones municipales, ese patrón saltó por los aires con la reedición de un acuerdo que, sobre el papel, desafía la coherencia ideológica: el pacto entre Izquierda Unida y el Partido Popular. No es la primera vez que ocurre, ya que hubo un precedente en 2007, pero eso no ha evitado que la alianza vuelva a generar desconcierto tanto dentro como fuera del municipio.

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Para Juan Caballero, concejal socialista durante 12 años, la clave no está en el acercamiento entre IU y PP, sino en la imposibilidad de entendimiento entre las fuerzas de izquierda. “No hemos podido pactar nunca porque las ambiciones personales se ponen por delante del interés del pueblo”, sostiene en una conversación con Infobae.

El resultado, explica, es una anomalía difícil de asimilar incluso para los propios votantes: “Tendríamos 15 concejales de izquierdas de 17 totales que hay en el Ayuntamiento, pero mandan los dos del PP”. Una frase que resume bien el malestar del PSOE local, atrapado entre la frustración y la resignación. Porque, aunque Caballero reconoce que existía “alguna esperanza” de gobernar tras las elecciones, admite que era “mínima”. El precedente de 2007, en el fondo, seguía pesando más de lo que muchos querían admitir.

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Anatomía de una alianza

La explicación que ofrece el equipo de gobierno sobre este matrimonio de conveniencia dista mucho de la lectura socialista. Para el teniente de alcalde, Juan Ruiz (PP), la génesis del pacto no reside en una carambola de despachos, sino en una inercia de agotamiento social. Ruiz esgrime a Infobae que “había un descontento” y que “la gente quería cambiar”, una pulsión que, según su análisis, trascendía las siglas políticas.

El dirigente popular disecciona la aritmética de la gobernabilidad: “Ellos [Izquierda Unida] tenían siete concejales y nosotros [Partido Popular] dos”, y “con eso había mayoría absoluta”. Sin embargo, más allá de la suma de actas, Ruiz apela a la crudeza de la realidad administrativa una vez se cruza el dintel de la alcaldía. Desliza que “hasta que no entras en el ayuntamiento y ves los documentos, no sabes lo que hay”, sugiriendo que la opacidad del anterior Ejecutivo ocultaba unas finanzas heridas de gravedad.

Este diagnóstico es refrendado por la alcaldesa Juana Cazorla (IU), que afirma a este periódico que “el Partido Socialista durante 12 años no había hecho prácticamente nada”. “Aquí no está gobernando ni el PP ni IU. Los pueblos somos las personas, no los partidos”, apunta la alcaldesa. Con esta idea, Cazorla trata de revestir el pacto de una lógica municipalista alejada de las siglas. Sin embargo, tras ese discurso conciliador emerge una crítica demoledora hacia sus antiguos compañeros de espectro político: “La pregunta es quién es el PSOE en Jódar para que IU tenga que hacer acuerdos con el PP”.

Vista aérea de Jódar (Ayuntamiento de Jódar)
Vista aérea de Jódar. (Ayuntamiento de Jódar)

El “vaciado” municipal

La narrativa del actual Ejecutivo se cimenta sobre los escombros de lo que denominan una “gestión negligente”. “Me he encontrado el Ayuntamiento totalmente desvalijado, con más de 13 millones de euros de deuda en un presupuesto de apenas siete y pico”, asegura Cazorla.

Esta “auditoría” por parte del nuevo Gobierno no solo arroja cifras rojas, sino también sospechas que ya han llegado a los tribunales. Cazorla menciona “muchísimos frentes abiertos” en la vía judicial y sostiene que “cuando haces una falsificación de un documento público o un desvío de fondos, tienes que justificarlo”, algo que, en su opinión, el anterior Ejecutivo socialista no ha hecho. Y la regidora asegura que, al tomar posesión, descubrieron que “había cámaras en el despacho de secretaría y en otros espacios para vigilar quién venía o qué reuniones había”.

Bajo este clima de sospecha, la alcaldesa justifica el pacto con el PP como un acto de legítima defensa ante un PSOE al que califica de fuerza hegemónica y asfixiante. Sugiere que “el Partido Socialista ha sido el mayor opresor de la clase trabajadora” en la localidad y denuncia que Izquierda Unida ha sido víctima de un “acoso con denuncias y persecución” por parte de los socialistas.

Dialéctica del insulto

Este deterioro de las relaciones políticas no se limita al ámbito institucional. Con el paso de los meses, la confrontación ha ido escalando hasta trasladarse al terreno personal y al debate público. Juan Ruiz relata una campaña de desprestigio en redes sociales, donde asegura que cargos del PSOE participan en el escarnio: “Tienen gente que son secretarios de un área en el Partido Socialista de Jódar y que me ponen cosas como “Juanito fascista, cabrón, asómate al balcón”.

“Tienen perfiles falsos que se dedican a difamar a la alcaldesa y a mí; nos insultan, nos dicen miserables, ladrones o corruptos”, añade Ruiz con amargura. La ironía, para el teniente de alcalde, reside en el comportamiento de las propias plataformas: “Qué curioso era antes Facebook y ahora qué asqueroso se ha vuelto; antes eliminaban comentarios sin un solo insulto y ahora no eliminan cuando nos llaman asquerosos, corruptos o mentirosos”.

Fachada del Ayuntamiento de Jódar (Ayuntamiento de Jódar)
Fachada del Ayuntamiento de Jódar. (Ayuntamiento de Jódar)

Parlamentarismo de urgencia

Ese mismo clima de confrontación se traslada, según las distintas versiones, al desarrollo de las sesiones plenarias, donde se libra otra de las grandes batallas de la legislatura. El PSOE describe una “deriva autoritaria” cristalizada en la convocatoria de sesiones extraordinarias de carácter urgente. Juan Caballero denuncia un uso torticero del reglamento al señalar que “se hicieron convocatorias de un momento para otro para poder aprobar medidas”, citando la prórroga de una cantera como ejemplo de una administración que actúa de espaldas a la pluralidad. A ojos de la oposición, se gobierna “sin contar con la oposición, no dando información, no dando explicaciones”.

Juana Cazorla vincula este clima de hostilidad a una supuesta incapacidad del PSOE para asumir la pérdida del poder y la fiscalización de su gestión, lo que se traslada también a los plenos municipales. “Lo que no se puede permitir es que el pleno se convierta en un patio de vecinos donde no se entere nadie de nada”, afirma la regidora, justificando la necesidad de llamar al orden ante lo que denomina una estrategia de “insultar y amenazar”. Para Cazorla, la agresividad de la oposición es proporcional a su nerviosismo por los procesos judiciales abiertos: “Como es indefendible la gestión que han estado haciendo, decidieron con esta excusa decir que yo no los dejo hablar”.

El edil del PP, por el contrario, defiende que la urgencia es una necesidad operativa, no una estrategia política. Argumenta que las sesiones “se pueden convocar incluso media hora antes” para cumplir con plazos administrativos externos. Además, el teniente de alcalde contraataca afeando la labor de fiscalización del PSOE, revelando que “el PSOE ha estado más de dos años sin venir a los plenos”.

Gobernar por un euro

La tensión política ha derivado en una situación inédita que afecta directamente a la subsistencia de los cargos públicos. En un movimiento que el equipo de gobierno califica de “venganza personal”, la mayoría de la oposición —PSOE junto a las concejalas no adscritas— aprobó una medida drástica para asfixiar al Ejecutivo. “Aprobaron ellos el dejarme a mí un euro y al concejal de obras un euro de salario”, relata Cazorla.

La alcaldesa ve en este gesto una falta de altura institucional que pone en riesgo el funcionamiento del municipio. “Han dejado sin sueldo a servicios esenciales para que un pueblo se desarrolle; fíjate tú si están por el bien común del pueblo”, lamenta.

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Una convivencia “en las antípodas”

Resulta inevitable preguntarse cómo se gestiona el día a día en un Ayuntamiento donde los socios de gobierno comparten tan poco en el plano ideológico. Ruiz admite que, sobre el papel, están “en las antípodas”, pero defiende una suerte de humanismo localista que ha limado las asperezas de las siglas. “Los del Partido Popular no somos extraterrestres ni gente rara; somos trabajadores, autónomos, jornaleros y albañiles. Ven que las personas del PP no somos ricachones, ni condes, ni marqueses”, explica para justificar por qué IU se siente cómoda a su lado.

Cazorla coincide en este análisis personalista de la política municipal, asegurando que la relación es “muy buena” y que el objetivo común de “limpiar” las instituciones ha pesado más que el dogmatismo. “Aquí no está gobernando el Partido Popular ni Izquierda Unida: somos hombres y mujeres que tenemos claro que se pueden hacer muchas cosas”, zanja la alcaldesa.

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