La leche materna protege la microbiota del bebé equilibrando sus bacterias de su intestino

Un estudio ha descubierto nuevos beneficios de la lactancia materna en la salud de los bebés

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(Créditos: Freepik)
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El equilibrio entre las bacterias E. coli y Bifidobacterium en el intestino de los bebés depende de los azúcares presentes únicamente en la leche materna, según acaba de revelar una investigación de la Universidad de Birmingham. Los científicos han descubierto cómo interactúan entre sí estas bacterias y cómo intervienen los alimentos introducidos en el aparato digestivo durante la lactancia.

El estudio, que acaba de ser publicado en la revista Nature Communications, ha implementado secuenciación profunda de ADN para analizar muestras de heces de 41 bebés sanos y sus madres residentes en los Países Bajos. Las observaciones confirman que los azúcares denominados oligosacáridos de la leche materna (HMO) desempeñan un papel fundamental en la transmisión y el mantenimiento de la flora intestinal en los lactantes. La investigación también ha identificado que varias cepas de Bifidobacterium pasan de la madre al bebé, mientras que las cepas de E. coli suelen tener un origen externo a la familia, pero persisten en el sistema digestivo infantil a lo largo del tiempo.

El análisis del equipo ha desvelado con detalle el funcionamiento de esta cooperación bacteriana. Las Bifidobacterium metabolizan los HMO, generando azúcares simples que posteriormente aprovechan las colonias de E. coli presentes en el intestino. Aunque E. coli no puede procesar directamente los HMO, sí utiliza estos azúcares simples y, a su vez, produce cisteína, un nutriente esencial que favorece el crecimiento de las Bifidobacterium.

La leche materna equilibra las bacterias del bebé

“Nuestros trabajos anteriores y los de otros científicos ya demostraron que los oligosacáridos de la leche materna alimentan a las Bifidobacterium. El avance relevante es la demostración de que la ingesta de HMO por parte de Bifidobacterium también respalda a E. coli, algo que no se había evidenciado hasta ahora”, explica la profesora Lindsay Hall en declaraciones recogidas por Medical Xpress.

Este hallazgo muestra una relación de beneficio mutuo donde cada bacteria aporta recursos necesarios a la otra, contribuyendo ambas a un equilibrio estable esencial para el desarrollo saludable durante los primeros meses de vida. Según sus declaraciones, “este resultado es especialmente significativo porque mientras las Bifidobacterium son reconocidas como clave para el desarrollo infantil, las E. coli, lejos de limitarse a un papel dañino, podrían desempeñar —en niveles bajos— una función positiva en la maduración del sistema inmunológico”.

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Los resultados sugieren que el “alimento cruzado” que se da cuando una bacteria facilita recursos para la otra ayuda a mantener niveles bajos y estables de E. coli y un entorno dominado por Bifidobacterium durante la primera infancia. Esto revierte la tradicional percepción de la E. coli únicamente como organismo perjudicial y destaca su posible papel beneficioso.

El equipo investigador también ha examinado de qué manera los bebés adquieren estas bacterias. Según los datos publicados en Medical Xpress, las cepas de Bifidobacterium a menudo se transmiten de madre a hijo, lo que indica cuáles son las rutas primarias para la colonización saludable del intestino. Por el contrario, las cepas de E. coli suelen proceder del entorno, permaneciendo luego en la microbiota infantil conforme pasa el tiempo. La diferenciación en los orígenes de ambas bacterias resulta clave para comprender cómo se expone el lactante a microorganismos ventajosos.