
A todo el mundo se le olvidan cosas de vez en cuando. Es habitual; lo raro sería si no pasase a veces, y más allá de raro, quizás acordarse siempre de cualquier cosa acabaría por ser perjudicial para la mente y su salud, y seguramente también sería insoportable.
En realidad, que la memoria no sea infalible puede considerarse, de alguna manera, un motor pasivo del ímpetu humano de la invención: quizás la escritura se inventó como apoyo a la memoria, como una extensión cognitiva que permitía conservar información más allá de la mente. Ahora bien: no recordar un pedazo de información no significa necesariamente haberlo borrado, y algunos expertos aseguran que se almacena en algún lugar de la memoria a largo plazo.
Cuatro grandes teorías para explicar el olvido
Entre los intentos por explicar cómo y por qué se olvida, destacan cuatro teorías principales, de acuerdo con lo publicado en el portal web de la fundación Pasqual Maragall, que trabaja para “encontrar una solución al Alzheimer”.
La primera, conocida como teoría del decaimiento, sostiene que cada vez que se aprende algo se crea un nuevo trazo mnésico, es decir, una huella de memoria. Si esa información no se repasa ni se utiliza durante un periodo prolongado, la huella se debilita y puede llegar a desaparecer. Esto suele notarse al intentar resolver una operación matemática que antaño resultaba sencilla, como una raíz cuadrada o una integral; o al tratar de recitar datos memorizados hace años, como los reyes visigodos. Cuando una información permanece mucho tiempo sin recuperarse, evocarla puede resultar complicado o incluso imposible. Ahora bien, reaprender ese contenido suele ser más sencillo que la primera vez, ya que existe un rastro previo. No es una teoría infalible: hay casos en los que informaciones no evocadas durante largo tiempo permanecen estables.
Otra explicación, la teoría de la interferencia, sostiene que la coexistencia de recuerdos similares provoca sustituciones rápidas (interferencias) entre ellos: cuando varias informaciones son similares, pueden surgir confusiones y dificultades para recordar con claridad. Dicho de otra manera: cuanto más se parezcan dos (o más) eventos, mayor será la probabilidad de que se produzca una interferencia, y si uno no se acuerda de dónde ha dejado las llaves es porque todos los días las deja en algún lado.
También existe la teoría del fallo en el registro o codificación: a veces uno cree que ha olvidado algo que en realidad nunca llegó a formar parte de su memoria a largo plazo, lo que sucede frecuentemente cuando hay una falta de atención en el momento de la recepción.
La teoría del olvido motivado, por su parte, contempla la posibilidad de que, de manera inconsciente, exista una participación activa en el olvido de hechos, sobre todo aquellos de carácter traumático o perturbador. Así, se intenta evitar o minimizar el impacto emocional negativo que pueden generar ciertos recuerdos. En el ámbito de la psicoterapia, se trabaja en ocasiones para recuperar estos recuerdos suprimidos o reprimidos, con el objetivo de abordar los síntomas psicológicos asociados a experiencias especialmente desagradables.
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