Fran Sánchez, psicólogo: “Nunca deberías pedir que te quieran o que te valoren”

El experto señala que las relaciones desequilibradas en las que solo una de las personas se encarga de sostener el vínculo desgastan “muchísimo más de lo que parece”

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Una chica rubia sostiene su cabeza sobre su mano, mirando hacia el horizonte, visiblemente molesta. El hombre frente a ella sentado en la mesa de una cafetería o bar revisa el móvil sin prestarle atención
El psicólogo Fran Sánchez advierte de las consecuencias de los vínculos desequilibrados. (Freepik)

En el terreno de las relaciones afectivas, la mayoría de las personas tiene bastante claro, al menos en teoría, qué espera de la otra parte. Queremos sentirnos queridos, valorados, respetados y acompañados; sobre el papel, parece sencillo identificar qué encaja con nosotros y qué no.

Sin embargo, la realidad suele ser más compleja. A la hora de la verdad, no siempre resulta fácil aplicar esos principios básicos. Muchas personas acaban inmersas en relaciones que no cumplen esas expectativas mínimas, vínculos desequilibrados donde el afecto, la atención o el compromiso no son recíprocos. Lo que parecía evidente desde fuera, se vuelve confuso cuando se vive desde dentro.

Salir de ese tipo de relaciones tampoco es inmediato. A menudo pesa la esperanza de que la situación cambie, de que la otra persona reaccione o de que todo vuelva a ser como al principio. También influyen las expectativas depositadas, el tiempo invertido y el miedo a empezar de nuevo. Todo ello contribuye a que muchas personas permanezcan más tiempo del que desearían en dinámicas que, en el fondo, les hacen daño.

En este contexto, el psicólogo Fran Sánchez (@minddtalk en TikTok) lanza un mensaje directo sobre los límites que no deberían cruzarse en una relación. “Nunca deberías pedir que te quieran, que te valoren, que te respeten, que te tengan en cuenta, ni mucho menos que se quede alguien que claramente muestra que vuestra relación no es importante”. Su planteamiento pone el foco en una idea clave: aquello que debería ser la base de cualquier vínculo no puede convertirse en una exigencia constante.

Una mujer en primer plano cruzada de brazos sentada en una silla, mientras al fondo hay un hombro cabizbajo
Muchas personas permanecen en relaciones que les hacen daño por la esperanza de cambio. (Freepik)

Vínculos desequilibrados y soledad en compañía

El experto insiste en que no está en manos de una persona controlar el lugar que ocupa en la vida de otra. “No tenemos el poder de decidir el valor que otras personas nos dan en su vida, pero sí el poder de decidir dónde nos quedamos o no en función del valor que nos dan”. Es, en definitiva, una cuestión de elección personal, aunque esa elección no siempre sea sencilla.

En muchas relaciones desequilibradas, una de las partes asume el peso casi completo del vínculo. Es quien insiste, quien propone, quien sostiene. Sobre esta dinámica, Sánchez plantea una disyuntiva clara: “Puedes quedarte en un lugar donde tienes que estar tirando constantemente de la relación para que no se caiga o puedes elegir otro muy distinto”. La alternativa, según explica, pasa por buscar un espacio emocional donde el esfuerzo no recaiga únicamente en uno.

Ese “otro lugar” al que alude no es necesariamente otra persona, sino otra forma de relacionarse. “Un lugar donde no seas una opción de fondo o algo a lo que se recurra cuando apetece o cuando conviene. Un lugar donde no tengas que estar demostrando constantemente que mereces recibir aquello que necesitas”. La idea de fondo es abandonar la lógica de la validación constante, en la que el afecto se convierte en algo que hay que ganar una y otra vez.

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El psicólogo también redefine qué debería entenderse por una relación sana. “Una relación sana no es un espacio donde uno sostiene todo y el otro simplemente está. Es un lugar donde ambos cuentan, donde ambos importan, donde ambos se eligen y donde ambos trabajan en la misma dirección”. Frente a la idealización o la resignación, propone una visión basada en la reciprocidad y el compromiso mutuo.

El problema, advierte, es que muchas veces se normalizan situaciones que, en realidad, implican una forma de soledad compartida. “Ten cuidado, porque cuando te quedas donde no te están dando tu lugar, eso ya no es una relación, es estar solo en compañía. Y esto desgasta muchísimo más de lo que parece”.