Tus manos pueden marcar la diferencia en una entrevista de trabajo: qué hacer, cómo colocarlas y qué gestos evitar

El lenguaje corporal influye en la primera impresión y ciertos movimientos pueden transmitir inseguridad o tensión

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Dos reclutadores saludan a una candidata para un puesto de trabajo en su empresa.
Una mujer da la mano al equipo de Recursos Humanos durante una entrevista de trabajo (Canva)

Cuando se prepara una entrevista de trabajo, lo habitual es centrarse en el currículum, en las respuestas a posibles preguntas o en la experiencia profesional que se quiere destacar. Sin embargo, hay otro elemento que también entra en juego desde el primer momento: lo que transmite el cuerpo antes incluso de empezar a hablar. La forma de sentarse, mirar o mover las manos puede influir en la impresión inicial que recibe quien está al otro lado de la mesa.

En ese terreno, las manos ocupan un papel principal. Suelen delatar nerviosismo, tensión o inseguridad cuando se mueven de forma repetitiva o sin control, pero también pueden servir para reforzar el discurso si acompañan con naturalidad lo que se está diciendo. Según una guía publicada por Nationale-Nederlanden, su posición y sus movimientos forman parte del llamado lenguaje no verbal, un aspecto al que muchos entrevistadores prestan atención durante un proceso de selección.

La aseguradora recuerda que no se trata de mantener una postura rígida, sino de lograr que los gestos acompañen la conversación de forma natural, sin distraer ni transmitir incomodidad. El objetivo es que las manos ayuden a comunicar seguridad y no se conviertan en un foco de tensión.

Cómo colocar las manos para transmitir naturalidad

Una de las recomendaciones básicas es mantenerlas en una posición relajada, visibles y sin movimientos bruscos. Si la entrevista se desarrolla sentado, lo más adecuado es apoyarlas suavemente sobre el regazo, sobre la mesa o moverlas de forma moderada al hablar, siempre como apoyo del mensaje verbal.

Desde Nationale-Nederlanden explican que los gestos pueden reforzar una explicación si se usan con control, pero advierten de que un exceso puede generar el efecto contrario. También recomiendan evitar movimientos demasiado enfáticos o poco formales, especialmente aquellos que puedan interpretarse como exagerados en un contexto profesional.

Para muchas personas, una forma sencilla de reducir la sensación de incomodidad es sostener un objeto pequeño, como un bolígrafo. Tener algo entre las manos puede ayudar a evitar esa sensación de no saber dónde colocarlas y favorecer una postura más estable durante la conversación.

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Gestos que conviene evitar durante la conversación

Entre los movimientos que más conviene controlar está apretar una mano contra la otra con fuerza. Ese gesto suele asociarse a tensión y puede transmitir una imagen de nerviosismo excesivo. Algo parecido ocurre con entrelazar los dedos de forma rígida o mantener las manos inmóviles en exceso.

Otro gesto frecuente es pulsar repetidamente el botón de un bolígrafo o manipular cualquier objeto de forma continua. Aunque muchas veces se hace de manera inconsciente, puede resultar molesto y distraer a la persona que entrevista.

Apoyar la cabeza sobre una mano tampoco juega a favor. Más allá de la comodidad puntual, esa postura puede proyectar cansancio, falta de interés o escasa implicación en la conversación.

Bolsillos, brazos cruzados y movimientos automáticos

La guía también señala que meter las manos en los bolsillos no es una buena opción durante una entrevista, especialmente si parte del encuentro se desarrolla de pie. Ese gesto suele asociarse a desinterés o a una actitud demasiado informal para un contexto de evaluación profesional.

Tampoco se recomienda cruzar los brazos, ya que las manos pasan a formar parte de una postura cerrada que puede interpretarse como distancia o resistencia.

Rascarse de forma visible, tocarse constantemente la cara o realizar pequeños movimientos repetitivos también son hábitos que conviene vigilar. No porque determinen por sí solos el resultado de una entrevista, sino porque forman parte de una primera impresión que, en procesos muy competitivos, puede sumar o restar en los primeros minutos.