Juan Rescalvo, psicólogo: “Eres tú quien debe cambiar lo que se dice a sí mismo, no esperar que tus acciones cambien lo que los demás piensan de ti”

El experto señala que la autoexigencia excesiva lleva a muchas personas a sentirse insuficientes, independientemente de lo que logren

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Las personas que sufren el problema del perfeccionismo se imponen metas excesivamente altas y lo sienten como un fracaso si no las cumplen (Pexels)
Las personas que sufren el problema del perfeccionismo se imponen metas excesivamente altas y lo sienten como un fracaso si no las cumplen (Pexels)

La sensación de no estar a la altura se ha convertido en una constante silenciosa en muchas vidas. No siempre responde a fracasos evidentes ni a carencias reales, sino a una percepción interna que se instala poco a poco y acaba condicionando la forma en la que una persona se mira a sí misma. En ese terreno, la autoexigencia juega un papel decisivo: cuanto más elevada es, más fácil resulta que todo parezca insuficiente.

El perfeccionismo, lejos de ser una virtud inofensiva, puede convertirse en una trampa. La búsqueda constante de un ideal inalcanzable genera frustración, erosiona la autoestima y distorsiona la autopercepción. La persona deja de evaluar sus logros de forma objetiva y pasa a medirlos en función de estándares imposibles, lo que provoca una sensación de fracaso permanente, incluso en contextos de éxito.

A esta dinámica se suma un componente social: la necesidad de aprobación, el miedo al rechazo o el deseo de reconocimiento. Todo ello alimenta una exigencia interna que rara vez se cuestiona, pero que tiene consecuencias claras en el bienestar emocional. La pregunta, entonces, no es solo por qué alguien se siente insuficiente, sino qué mecanismos sostienen esa sensación.

En ese punto, el psicólogo Juan Rescalvo (@juanrescalvopsicologo en TikTok) plantea un giro en la forma de entender este malestar. “Lo primero que tienes que hacer es entender por qué te sientes insuficiente. Tú llevas toda la vida pensando que eres insuficiente porque te falta algo, pero no te falta nada, te sobra algo”.

Muchas personas se sienten insuficientes porque tienen expectativas demasiado altas. (Freepik)
Muchas personas se sienten insuficientes porque tienen expectativas demasiado altas. (Freepik)

Las expectativas excesivas

Ese “exceso” al que alude Rescalvo no es otro que el nivel de exigencia que la persona se impone a sí misma. “Lo que te sobra son las expectativas excesivas”, afirma. Según explica, el problema no reside en una carencia real, sino en la distancia entre lo que se es y lo que se cree que se debería ser. “Es que nadie puede cumplir tus expectativas, ni tú, ni yo, ni cualquier persona del mundo”.

Esa imposibilidad, sin embargo, no impide que muchas personas continúen exigiéndose más de lo razonable. Rescalvo apunta a una contradicción frecuente: “Tú a los demás no les pides que sean tan perfectos como tú, pero tú te obligas a conseguirlo”. La autoexigencia, en este sentido, no se aplica de forma equitativa, sino que se dirige de manera desproporcionada hacia uno mismo.

El origen de esta presión interna tampoco es casual. “¿Por qué te obligas a ser tan perfecto? Para no ser mediocre, para no ser rechazado, para ser querido, para ser reconocido, para no decepcionar”, enumera el psicólogo. Son motivaciones profundamente humanas, pero que, llevadas al extremo, terminan generando el efecto contrario: ansiedad, inseguridad y una sensación persistente de no ser suficiente.

Frente a esta lógica, Rescalvo introduce una idea que define como “liberadora”: “No lo vas a conseguir. Nadie te va a querer o reconocer por ser perfecto”. Con ello no niega la importancia del esfuerzo o del desarrollo personal, sino que cuestiona la creencia de que el afecto o el reconocimiento dependen del rendimiento. “Te quieren por quién eres, no por tu nivel de rendimiento. Eres una persona, no una máquina”.

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El entorno también puede influir en la construcción de estas expectativas. Comentarios reiterados, comparaciones o exigencias externas pueden reforzar la idea de que siempre se podría haber hecho más o mejor. Sin embargo, el psicólogo advierte de que modificar ese contexto no siempre es posible, ni suficiente. “Si alguien de tu entorno te ha metido en la cabeza esa idea de que todo lo que haces podrías hacerlo mejor, pues te doy otra idea liberadora: da igual lo que hagas, seguirá diciéndote lo mismo”.

La clave, por tanto, no estaría en cambiar el juicio externo, sino en revisar el diálogo interno. “Eres tú quien debe cambiar lo que se dice a sí mismo, no esperar que tus acciones cambien lo que los demás piensan de ti”.