
“A partir del mes de septiembre del año pasado, no hice otra cosa que esperar a un hombre: que me llamara y que viniera a verme”. Durante meses, Annie Ernaux vivió pegada al teléfono de su salón, no quería que sus hijos la visitaran por si la llamaban en ese preciso momento y, si se veía en la imperiosa necesidad de salir de casa, lo hacía angustiada y regresaba tan rápido como podía. Durante meses, Annie Ernaux vivió esperando.
La tortuosa relación que vivió la escritora con un diplomático extranjero casado (al que se refiere como A.) es una de las más conocidas no solo por la agónica descripción que ella misma realiza en Pura Pasión, sino también porque supone el paradigma de la dependencia emocional: “Para mí no había cronología en esta relación, solamente conocía la presencia o la ausencia”.
La profunda dependencia emocional que sentía Ernaux hacia este hombre no es producto exclusivo de la ficción, ya que hay quienes han empatizado y se han reconocido en su obra, especialmente en el plano de esperar a alguien y las consecuencias que ello conlleva para el bienestar mental. En el lenguaje popular lo expresamos con ser el segundo plato o conformarnos con las migajas, concepto que se ha popularizado en las redes sociales
En la espera no hay certeza, asegura la psicóloga Miriam Ruiz en una entrevista con Infobae. Ruiz, que acaba de publicar Ya no dependo de ti, cuenta en su libro que, mientras esperamos a alguien, nuestra vida se congela: “No haces planes, no cierras ciclos, no te abres a lo nuevo”.
El precio a pagar de vivir en pausa no es precisamente bajo, pues el efecto en la autoestima puede llegar a ser fatal: “Te la destruye”, sentencia la psicóloga. “La dependencia emocional ocurre cuando esa persona ocupa tanto espacio en tu vida que te acaba amargando, te condiciona tu día”, explica Ruiz. Con todo ello, “la persona asimila que no es suficiente”.
La dependencia emocional ligada a la espera mina la autoestima hasta el punto de desdibujar la propia identidad. “A mi consulta llegan pacientes que ya no saben qué hobbies tienen, qué les gusta hacer, quiénes son”, explica la psicóloga. Cuando se pierden a sí mismas, lo único que hacen es esperar.

No es el destino, es un bucle tóxico
Annie Ernaux no es la única que ha sabido representar la dependencia emocional, pues series de éxito internacional como Sexo en Nueva York también han reflejado como nadie lo que es conformarse con las migajas. Hasta en cuatro ocasiones, Carrie Bradshaw vuelve con Mr. Big ante la mirada atónita de sus amigas.
Sin embargo, pese al relato que ha construido la ficción, en el que se idealiza la recaída en la misma persona como una señal del destino, un dictamen del sino al que no podemos negarnos, volver a lo de siempre no es romántico. Como explica la psicóloga en su libro, “pensamos que si es difícil, es porque va a merecer la pena, pero no tiene nada que ver con la realidad. Donde tú tengas que achicarte o agrandarte para encajar, ahí no es”. Para Ruiz, esto no es amor, sino una dosis diaria a la que estamos enganchados. Lo más conveniente, señala, suele ser “lo que es para ti es lo fácil y lo que te hace estar cómoda”.
La raíz del problema puede estar, en parte, en que hemos normalizado muchas cosas que no deberíamos llegar a tolerar. Especialmente las mujeres, matiza la experta. Por ello, pararse a pensar en frío y valorar lo que esa persona nos aporta puede ser el primer paso para salir.

Cómo dejar de conformarnos con las ‘migajas’
Responder a la pregunta de cómo salir de una relación tóxica de dependencia es hablar de esperanza, de “tener fe en que vas a salir de aquí” aunque aún no se sepa ni cómo ni cuándo. Esa fe ciega ha de redirigirse, cambiar la mirada de la otra persona hacia uno mismo. ¿Cómo soltar? “Confiando en ti, sabiendo que te vas a sacar tú de ahí y agarrándote mucho al raciocinio”, concluye la psicóloga.
La fe camina al lado de la rabia y la tristeza, “sentimientos que sirven de palanca” y que también encuentran un hueco en Ya no dependo de ti. “Son los que ayudan a decir ‘quiero salir de aquí’”. No obstante, para conectar con esas sensaciones es necesario primero lograr la “alineación con una misma”, es decir, “querer responsabilizarte de tu vida”.
Al ser preguntada por la posibilidad de salir definitivamente de una relación de dependencia emocional, Miriam Ruiz no duda en su respuesta: la reconstrucción es posible. Dejar de esperar, abrirse a lo nevo, reconectar con la propia identidad. Incluso puede conseguirse aun estando todavía enamorados, pero “con mucho dolor”. Ante el miedo a enfrentar el proceso, la psicóloga insiste en aferrarse a la confianza en una misma: “Tener esperanza ya es la mitad del camino”.
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