
El romanticismo y la gastronomía han ido de la mano desde el origen de ambos. Comer juntos, compartir cuchara y conversación o alargar la sobremesa son muchas veces la antesala de momentos especiales que ocurren más allá de días como San Valentín. Sin embargo, dejando a un lado citas románticas alumbradas por la luz de las velas, lo cierto es que una alimentación saludable tiene mucho que ver con el deseo sexual, el mantenimiento de la libido y la conexión íntima.
Todos hemos oído hablar de alimentos afrodisíacos, desde las ostras hasta las fresas con chocolate, pero ¿qué hay de cierto en que estos ingredientes potencien realmente el deseo sexual? La sexología, la nutrición e incluso la gastronomía pueden ayudarnos a responder a esta pregunta.
Un menú sensual para el día más romántico del año
El lujo y la gastronomía son pilares fundamentales en fechas tan señaladas como el Día de los Enamorados, en las que la mesa compartida se convierte en escenario de conversaciones, intercambios de cariño y momentos especiales. Encontrar las recetas que acompañen a un momento de tal delicadeza es clave para los restaurantes, que encuentran en el 14 de febrero una de sus fechas más lucrativas. Así lo reflejan los datos: según la aplicación de reservas TheFork, hablamos de una noche en la que las reservas se disparan año tras año, una velada en la que, este año, los comensales planean hacer un desembolso medio de 31 € por persona y servicio, una cifra un 20% superior al ticket promedio el resto del año.
Que este desembolso sea bien invertido es tarea de los chefs y restauradores, como Miguel de la Fuente Sanz, chef ejecutivo del lujoso Hotel InterContinental de Madrid. Para él, un menú romántico debe cumplir unas características básicas, entre ellas “tener un gramaje apropiado para que acompañe a la conversación, con tiempos relajados, pausados pero constantes”.

“Añadir en el menú platos para compartir es interesante porque fomenta una interacción más íntima”, afirma a Infobae el chef, quien incluye en su exclusivo menú recetas como una cigala con caviar ahumado, una stracciatella cremosa con cherris o una lasaña de cordero con jugo de vino generoso. Es de vital importancia, independientemente del ticket medio, “utilizar materia prima de calidad, para resaltar la exclusividad, pero que sea fácil de comer”. A nivel visual, por supuesto, el menú tiene que ser estético, con colores vibrantes, elegante y con un equilibrio sensorial adecuado. Porque San Valentín también nos tiene que entrar por los ojos.
Ostras como genitales femeninos: la antropología también afecta al deseo
El papel de la gastronomía o de ciertos alimentos específicos en San Valentín no es fruto del azar. Desde que el ser humano aprendió a hacer fuego, rápidamente empezó a compartir el tiempo de la comida en torno a la hoguera, lo que favoreció la unión de los grupos. Tanto es así que actualmente el momento de la comida se entiende como un elemento de conexión social. “Desde la psicología y la antropología ya se sabe que compartir comida refuerza el apego, genera seguridad emocional y facilita la intimidad y la complicidad que suele preceder al deseo sexual”, explica a este medio Valérie Tasso, sexóloga y embajadora de LELO.
Este refuerzo de la pareja a la hora de comer o cenar juntos va mucho más allá de los alimentos que conforman un plato. De hecho, aunque históricamente alimentos como las fresas o el chocolate se han asociado al deseo, la sexóloga matiza que realmente destacan “más por su valor simbólico que por su bioquímica”: “La clave no es el alimento, sino la experiencia que se vive”. Una cena en pareja implica un ritual compartido, un tiempo de atención mutua y un tipo de cuidado que refuerzan el contacto sensorial.
Para Tasso, cuando todas estas variables mejoran, la respuesta sexual puede verse favorecida. La sexóloga añade que “la forma de algunos alimentos puede activar el imaginario erótico de algunas personas, a la par que la manera de comerlos”. Lo ejemplifica con las ostras, “que remiten a los genitales femeninos en gran parte de la mente colectiva”.

Algo similar ocurre con alimentos como el caviar, tradicionalmente asociado al lujo y al erotismo más por su exclusividad que por su contenido nutricional. “Todo aquello que es extraordinario eleva nuestro nivel de atención y entusiasmo, lo que nos predispone a disfrutar”, asegura David López Cereceda, fundador de la marca Bolshoi Caviar Gourmet. “El efecto placebo que produce una cena de caviar acompañada de champagne y el ritual que acontece intensifican la conexión emocional, y aun no existiendo un ‘componente químico mágico’ que aumente el deseo, hay una carga erótica y emocional indiscutible”.
No obstante, el constructo social no siempre está reñido con la ciencia. Los llamados afrodisíacos, que en nuestro imaginario se erigen como alimentos que aumentan la libido, suelen ser protagonistas en los menús de este Día de los Enamorados. La evidencia científica es clara: no existen “alimentos afrodisíacos mágicos” que provoquen deseo sexual de forma automática, pero sí ingredientes que “influyen en procesos fisiológicos y psicológicos clave”, como la circulación sanguínea, el equilibrio hormonal, el nivel de energía, el estado de ánimo, el estrés y la percepción sensorial.
¿Existen realmente los afrodisíacos? La nutrición responde
Encontrar estos ingredientes no tiene un gran misterio. De hecho, podrían estar ya en tu propia despensa. Klau Gago, especialista en nutrición consciente y PNIE, asegura que, aunque solemos pensar en un afrodisíaco como algo exclusivo, “en realidad lo que hay detrás son nutrientes y compuestos que ayudan a que el cuerpo funcione mejor y, con eso, la libido se activa con más facilidad”.
Por un lado, encontramos los compuestos que mejoran la circulación, sobre todo los que favorecen la producción de óxido nítrico, que es el que ayuda a que la sangre fluya bien y la respuesta física sea óptima. Entre los alimentos que impulsan la libido por su efecto sobre el flujo sanguíneo “destacan las verduras de hoja verde, como espinaca, acelga o rúcula; la remolacha; los frutos rojos y el chocolate negro alto en cacao”.
Por otro lado, existen minerales clave para el mantenimiento de la energía y producción hormonal, como el zinc, que, según explica la nutricionista, “cuando está en niveles bajos se nota mucho en vitalidad y en el deseo”. No es casualidad, por lo tanto, que el marisco, alimento que destaca por su alto contenido en zinc, siempre se haya relacionado con la sexualidad, pues hablamos de un mineral clave para la producción hormonal y la energía.
También el estado de ánimo afecta a nuestro deseo, algo que tiene más que ver con la alimentación de lo que podríamos creer. “Si vivimos en estrés constante, con el cortisol elevado, el cuerpo entra en modo supervivencia. En ese estado, el placer deja de ser una prioridad”. En esencia, si el cortisol, conocido como la hormona del estrés, es elevado, el deseo baja. “Hay compuestos que influyen favorablemente en el estado de ánimo, como el triptófano, relacionado con serotonina; el magnesio, que ayuda a la relajación; o los omega 3, que favorecen el equilibrio emocional”.
En este sentido, algunos alimentos importantes para el mantenimiento de la libido son “el pescado azul por su aporte de omega 3, los frutos secos y las semillas por su contenido en magnesio y el huevo o el plátano, ricos en triptófano, que ayudan a que el cuerpo esté más relajado y con más energía”. Además, la sexóloga Tasso añade a la lista el aguacate, repleto de grasas saludables que estimulan la producción hormonal; y sabores picantes como algunas especias o el chile, pues activan la liberación de endorfinas.
Más allá de alimentos concretos y consumos puntuales, lo cierto es que el deseo sexual tiene mucho más que ver con factores menos ‘sexis’. Es, aclara la nutricionista, una cuestión de rutina, de salud, de una alimentación natural y completa sostenida en el tiempo. “Por ejemplo, un punto clave es mantener la glucosa estable. Cuando hay subidas y bajadas constantes de azúcar en la sangre, aparece la irritabilidad y la falta de energía y, como consecuencia, disminuye el deseo”, explica Klau Gago.
Además, es fundamental cuidar el intestino y reducir la inflamación, afirma la nutricionista, ya que “las digestiones pesadas o una inflamación crónica provocan que el cuerpo esté incómodo y fatigado y la libido pase a un segundo plano”. En definitiva, y para decepción de algunos, tomar un ingrediente esporádico no va a provocar una respuesta sexual inmediata. “Una vida sexual plena no se construye a partir de un alimento concreto, sino de una alimentación que cuide la energía, el descanso y mantenga el cuerpo en equilibrio”.
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