
Se estima que el 4,4 % de la población mundial padece actualmente un trastorno de ansiedad. A escala mundial, según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente son 359 millones de personas en el mundo las que tienen este trastorno, uno de los más comunes entre todos los trastornos mentales.
Todo el mundo puede sentir ansiedad alguna vez, pero las personas con trastornos de ansiedad suelen experimentar miedo y preocupación de manera intensa y excesiva. Estos sentimientos suelen ir acompañados de tensión física y otros síntomas conductuales y cognitivos que son difíciles de controlar, generan angustia y pueden durar mucho tiempo si no se tratan. La OMS subraya que, aunque existen tratamientos eficaces, solo una de cada cuatro personas que lo necesitan accede a ellos. Entre los obstáculos, incluyen: la falta de concienciación de que el problema es una afección de salud que puede tratarse, la falta de inversión en servicios de salud mental, la falta de proveedores de atención de salud capacitados y el estigma social.
Cómo saber que se trata de un trastorno por ansiedad
Las personas con un trastorno de ansiedad pueden experimentar un miedo o una preocupación excesivos ante una situación específica, como por ejemplo una crisis de angustia o una situación social, o, en el caso del trastorno de ansiedad generalizada, ante una amplia gama de situaciones cotidianas. Por lo general, padecen estos síntomas durante un periodo prolongado, al menos varios meses, y tienden a evitar las situaciones que les generan ansiedad. Otros síntomas son la dificultad para concentrarse o tomar decisiones, la irritabilidad, la aparición de náuseas o malestar abdominal, palpitaciones, sudoración, trastornos del sueño, así como la sensación de peligro inminente, de pánico o de fatalidad.
La OMS establece diferentes tipos, aunque una misma persona puede experimentar varios trastornos de ansiedad de manera simultánea, cuyos síntomas suelen aparecer en la infancia o adolescencia y persistir en la edad adulta, con una mayor prevalencia en niñas y mujeres que en niños y hombres. Entre ellos se encuentran: el trastorno de ansiedad generalizada, caracterizado por una preocupación persistente y excesiva por las actividades cotidianas; el trastorno de angustia, que implica crisis de angustia y miedo a su repetición; el trastorno de ansiedad social, con altos niveles de miedo y preocupación por situaciones sociales donde la persona puede sentirse humillada o rechazada; y la agorafobia, definida por el miedo y la evitación de situaciones que pueden provocar pánico o una sensación de estar atrapado.
No obstante, también existen otros el trastorno de ansiedad por separación, que se manifiesta en un miedo excesivo a estar alejado de personas con vínculos emocionales estrechos; determinadas fobias, que generan miedos intensos e irracionales ante objetos o situaciones concretas; y el mutismo selectivo, una incapacidad para hablar en ciertos entornos sociales a pesar de hacerlo con normalidad en otros, algo más frecuente en niños.
Cómo se tratan los trastornos por ansiedad
La OMS destaca que existen diversos tratamientos eficaces para este tipo de trastornos. El principal se basa en la intervención psicológica a través de la terapia, que ayudan a generar “nuevas formas de concebir la ansiedad, hacerle frente y relacionarse tanto con la ansiedad como con las demás personas y con el mundo”. También se emplean los medicamentos antidepresivos, aunque pueden tener efectos adversos. En este sentido, el organismo también aboga por el cuidado personal, con gestos como evitar el consumo de bebidas alcohólicas y no tomar drogas, hacer ejercicio, generar buenos alimenticios y de sueño, aprender técnicas de relajación, como la respiración lenta y meditar para relajarse. Evitar el problema no hará más que agrandarlo.
Por qué no es beneficioso evitar las fuentes de ansiedad a largo plazo
Sentir alivio evitando las fuentes de ansiedad puede parecer un avance, pero el psiquiatra Javier Quintero, que divulga sobre salud mental a través de su cuenta de TikTok (@drjquintero), advierte sobre los riesgos de este enfoque. “Si crees que tu ansiedad está mejor porque has dejado de hacer todo lo que la provocaba, ojo, eso es pan para hoy y hambre para mañana”, apunta.
La reducción en la ansiedad, según Quintero, suele estar acompañada de un precio oculto: “La ansiedad puede disminuir, sí, pero muchas veces está bajando porque tu vida, porque tu área de confort, se va haciendo cada vez más pequeña”, afirma. Por eso, recuerda que “avanzar no es dejar de sentir miedo”, sino "aprender a gestionar tus emociones, a moverte con tus emociones hacia la vida que realmente quieres tener”.
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