El arranque de 2026 se ha convertido en un nuevo quebradero de cabeza para Sarah Ferguson. Lejos de dejar atrás un año ya complicado, la exduquesa de York vuelve a situarse en el centro de la polémica tras la aparición de nuevos documentos vinculados al caso Jeffrey Epstein, que reavivan las sospechas sobre la verdadera naturaleza de la relación que mantuvo con el financiero estadounidense. Un vínculo que ella siempre ha descrito como superficial y esporádico, pero que, a la luz de las últimas revelaciones, vuelve a ser cuestionado con dureza por la opinión pública británica.
En los últimos meses, la imagen de Ferguson se ha deteriorado como nunca antes. La difusión de correos electrónicos antiguos ya había puesto en entredicho su versión de los hechos, mostrando una cercanía con Epstein muy superior a la que había reconocido públicamente. Ahora, una nueva pieza documental amenaza con profundizar aún más en esa herida abierta y con situarla de nuevo en el foco de una investigación que sigue generando indignación y desconfianza en el Reino Unido.
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El documento que ha desatado esta nueva tormenta es una nota incluida en un supuesto manual interno destinado al personal de una de las mansiones de Epstein en Florida. El texto, firmado por “una duquesa inglesa”, contenía una serie de normas y recomendaciones para el correcto funcionamiento del hogar. Entre ellas, una frase especialmente controvertida: “No viste nada, no oíste nada y no diréis nada”. Una consigna que, dada la magnitud de los delitos cometidos durante años en esas propiedades, ha causado una profunda conmoción.
Un antiguo empleado, que ha preferido mantenerse en el anonimato, aseguró a The Sun haber visto ese documento por primera vez durante la visita de una duquesa británica a la residencia. Aunque la identidad no ha sido confirmada oficialmente, las pesquisas de varios medios apuntan a que podría tratarse de Sarah Ferguson. El testimonio señala que la autora aparente era miembro de la familia real, lo que ha reactivado las especulaciones y ha situado de nuevo a la exesposa de Andrés de Inglaterra en el centro del debate.
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El contenido del supuesto manual no hace sino agravar esa percepción. Además del polémico “no ver, no oír y no decir nada”, el texto incluía indicaciones como “la apariencia es fundamental”, “una buena primera impresión tiene efectos duraderos” o “la higiene, la presentación y la actitud de servicio son esenciales”. También se hacía referencia a la obligación de anticiparse a las necesidades de Epstein, de Ghislaine Maxwell y de sus invitados, así como a la prohibición absoluta de revelar información sobre sus actividades o desplazamientos.
La controversia no es nueva. El año pasado, Ferguson ya sufrió un duro golpe cuando salieron a la luz correos electrónicos dirigidos a Epstein en los que se disculpaba por no haberlo defendido públicamente cuando fue encarcelado y le reiteraba su gratitud por el apoyo prestado a ella y a su entorno familiar. Aquella revelación desembocó en la retirada de sus títulos por parte del rey Carlos III y marcó un punto de inflexión en su reputación pública.
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Nuevos correos filtrados
A este escenario se suma una revelación paralela que ha vuelto a levantar interrogantes. El fotógrafo Christopher Anderson, conocido por su trabajo para Vanity Fair, ha publicado recientemente imágenes tomadas durante una sesión fallida con Epstein, en las que aparece impreso un intercambio de correos electrónicos sobre su escritorio. La correspondencia implicaría a representantes del entonces duque de York, a Sarah Ferguson y a John O’Sullivan, exasistente personal de la exduquesa.
El contenido del correo hace referencia a una disputa económica relacionada con salarios impagados, en la que O’Sullivan reclamaba cerca de 60.000 dólares que aseguraba se le adeudaban. El mensaje, reenviado desde una dirección asociada al duque de York, plantea una pregunta inquietante: ¿por qué un intercambio privado de esta naturaleza acabó impreso y visible en el escritorio de Epstein?
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La imagen muestra, además, una anotación parcial con la frase “usar ese dinero para demandar”, cuyo significado completo sigue sin esclarecerse. Ninguno de estos correos figura entre los más de 20.000 mensajes de Epstein hechos públicos hasta la fecha, lo que añade un nuevo halo de misterio al caso.
Anderson ha relatado también que, tras realizar las fotografías, fue objeto de presiones y amenazas para que destruyera el material, algo que refuerza la sospecha de que Epstein tenía un especial interés en que esa documentación no saliera a la luz.
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