Silvia Severino, psicóloga: “Estas cinco señales indican que tu pareja te está siendo infiel”

Las pequeñas mentiras o los cambios repentinos en el comportamiento sin un motivo aparente podrían producirse por una infidelidad, aunque siempre es importante conocer el contexto

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Algunas conductas pueden indicar una
Algunas conductas pueden indicar una infidelidad dentro de la pareja. (Freepik)

Los celos, las infidelidades y la sospecha de que la persona con la que compartimos la vida pueda estar engañándonos forman parte de las dinámicas de muchas parejas. La duda, cuando se instala, tiende a contaminarlo todo y a generar un estado de alerta permanente difícil de sostener.

En una relación sana, la comunicación, la confianza y el respeto mutuo funcionan como pilares básicos. Hablar con claridad, expresar inseguridades y sentirse escuchado o escuchada suele ser más eficaz que interpretar silencios o conductas aisladas. Sin embargo, no siempre es fácil distinguir entre una señal de alarma real y una percepción distorsionada por el miedo a perder o por experiencias pasadas.

La psicóloga Silvia Severino, a través de uno de sus vídeos de TikTok (@silviaseverinopsico), ha compartido con sus seguidores algunas de las señales que pueden indicar una infidelidad. Estas pautas, sin embargo, no son verdades absolutas por sí solas, puesto que algunas de estas conductas aisladas que generan sospecha pueden tener explicaciones alternativas: estrés laboral, problemas personales, necesidad de espacio o incluso cambios normales en la dinámica de la pareja. La clave, por tanto, se encuentra en la comunicación para conocer cuáles son los motivos de estas actitudes, que en ocasiones pueden no corresponderse con una infidelidad.

Para tener una relación sana,
Para tener una relación sana, es importante mantener conversaciones incómodas. (Freepik)

“Muestra menos interés en la intimidad”

La primera de las señales que indica Severino apunta a un giro inesperado en la forma de actuar. “Notas un cambio repentino en su comportamiento. Actúa diferente sin una explicación clara”. Estos cambios pueden manifestarse en el tono al hablar, en rutinas que se modifican sin motivo aparente o en una actitud defensiva ante preguntas cotidianas. Aunque cualquier persona puede cambiar por múltiples razones, lo relevante aquí es la falta de coherencia y de comunicación sobre ese cambio.

El uso del teléfono móvil se ha convertido en una de las principales fuentes de conflicto en pareja. La experta señala como otro posible signo de infidelidad lo siguiente: “Se vuelve muy cuidadoso o muy cuidadosa con su móvil, lo oculta, cambia las contraseñas y evita que lo veas”. El dispositivo, que hoy concentra gran parte de nuestra vida social, puede transformarse en un objeto casi inaccesible. No se trata de exigir acceso total, sino de detectar cuándo aparece un secretismo nuevo que antes no existía.

Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos

Otra de las alertas tiene que ver con la esfera íntima. “Muestra menos interés en la intimidad o el contacto emocional se enfría.” La disminución del deseo o del vínculo afectivo no siempre implica infidelidad (pues algunos factores personales pueden influir enormemente), pero sí puede reflejar una desconexión progresiva. La intimidad no se limita al sexo: incluye gestos, conversaciones profundas y presencia emocional, elementos que suelen resentirse cuando la atención se desplaza hacia otra persona.

Las pequeñas incoherencias también pueden acumularse hasta generar desconfianza. Severino lo resume así: “Empiezas a detectar pequeñas mentiras o información que antes no ha ocultado”. No suelen ser grandes engaños, sino detalles aparentemente irrelevantes que antes se compartían con naturalidad. Cuando la transparencia se quiebra en lo cotidiano, la sensación de distancia aumenta.

Por último, la psicóloga advierte sobre una retirada emocional progresiva: “Está cada vez más distante, menos presente y menos disponible emocionalmente”. Esta ausencia puede notarse en la falta de interés por el día a día del otro, en la dificultad para planificar juntos o en una desconexión afectiva persistente. No siempre hay una tercera persona detrás, pero sí un vínculo que se está debilitando.