
Cuando las bacterias de nuestro intestino crecen de forma excesiva, nos encontramos ante un caso de SIBO. Este trastorno digestivo puede interferir con la digestión y la absorción de nutrientes, generando síntomas como hinchazón abdominal, gases, dolor, diarrea, estreñimiento, reflujo, fatiga y sensación de pesadez después de comer.
El SIBO puede estar asociado a patologías de motilidad intestinal, pero también a otro tipo de problemas como estrés crónico, cirugías abdominales, enfermedades metabólicas o el uso prolongado de ciertos medicamentos. Por ello, su tratamiento varía en función de la causa que lo origina.
El tratamiento del SIBO suele incluir abordaje médico y cambios en la alimentación, puesto que la dieta es la herramienta clave para controlar los síntomas mientras se trata la causa del problema. En este contexto, el Centro de Nutrición Júlia Farré aboga por priorizar alimentos fáciles de digerir y bajos en carbohidratos fermentables, ya que estos últimos pueden alimentar a las bacterias en exceso y empeorar el malestar.
Zanahorias
Entre los vegetales mejor tolerados se encuentran las zanahorias, ya que son bajas en FODMAPs, suaves para el sistema digestivo y ricas en antioxidantes como el betacaroteno. Pueden consumirse cocidas o al vapor, lo que mejora aún más su digestibilidad y reduce el riesgo de fermentación intestinal.
Quinoa
La quinoa es una excelente opción dentro de los cereales permitidos. No contiene gluten, aporta proteínas vegetales de buena calidad y es más fácil de digerir que otros granos. Consumida en porciones moderadas, la quinoa proporciona energía sin generar una fermentación excesiva en el intestino delgado.

Pollo y huevos
Las proteínas animales, como el pollo y los huevos, son fundamentales en la dieta para el SIBO. Estos alimentos no fermentan y ayudan a mantener la masa muscular y la saciedad. El pollo es una carne magra, versátil y bien tolerada, mientras que los huevos aportan nutrientes esenciales como colina y vitaminas del complejo B, importantes para la salud digestiva y metabólica.
Plátanos
En cuanto a las frutas, el plátano, especialmente cuando no está demasiado maduro, suele tolerarse mejor que otras frutas. Aporta energía rápida, potasio y ayuda a mantener el equilibrio electrolítico, algo relevante en personas con diarrea asociada al SIBO.
Lácteos sin lactosa
Los lácteos sin lactosa permiten mantener el aporte de calcio y proteínas sin provocar síntomas digestivos. Al eliminar la lactosa, se reduce el riesgo de fermentación bacteriana y de molestias como gases o distensión abdominal, frecuentes en quienes presentan intolerancia asociada al SIBO.
Aceite de oliva
El aceite de oliva es una grasa saludable que no fermenta y puede ayudar a reducir la inflamación intestinal. Su uso regular, en cantidades moderadas, favorece la saciedad y la absorción de vitaminas liposolubles, por lo que desde el centro de Júlia Farré se recomienda su consumo para pacientes de SIBO.
Es importante recordar que la dieta para el SIBO no debe ser restrictiva de forma permanente. La selección de alimentos es una estrategia temporal que debe acompañar al tratamiento médico. La reintroducción progresiva, guiada por un profesional de la nutrición, es clave para recuperar la variedad alimentaria y lograr una salud intestinal sostenible a largo plazo.
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