
En realidad, en España no hay una edad máxima para conducir. La ley no marca ningún límite férreo en ese sentido, sino que la filosofía viene a ser un poco la de “hasta que el cuerpo aguante”, con el matiz de que lo que sí debe hacerse es renovar el carnet cada menos tiempo a partir de los 65 años.
La decisión, entonces - más allá de las psicotécnicas -, depende de cada cual. Estas pruebas son las mismas para los conductores primerizos que para los senior, y la única diferencia es la frecuencia con la que uno debe someterse a ellas. Hasta los 65 años, se hace cada 10; pero a partir de los 65 pasa a ser obligatorio hacerlas cada 5.
Cuándo dejar de conducir una moto
Es cierto que a partir de los 65 años es necesario someterse a examen más frecuentemente, pero no por eso la gente deja de conducir: el 15,5% de los permisos que hay en España pertenecen a personas mayores de 65, según datos de la DGT, lo que supone que alrededor de 4,1 millones de conductores están en ese rango de edad.
Solo un 1% de los conductores de entre 65 y 85 años no pasan el psicotécnico; y solo un 2% de los mayores de 85. No parece, entonces, al menos en general, que la edad sea tan determinante a la hora de impedir la continuidad de uno detrás del volante. De hecho, la tasa de accidentalidad de las personas mayores es cuatro veces más baja que la de los menores de 25; y menos de la mitad de la de los conductores de entre 35 y 44 años.
También se tiene en cuenta el potencial de una enfermedad para hacer perder capacidades en poco tiempo: un centro de reconocimiento puede indicar si una persona debe hacer las pruebas psicotécnicas con mayor frecuencia que esos 5 años, sea por alguna enfermedad o cualquier otro motivo con potencial de hacer perder capacidades. En este sentido, el conductor tiene la responsabilidad de comunicar su padecimiento, ya que los centros de reconocimiento no tienen acceso a su historial médico.
Entonces, teniendo en cuenta que depende de la autopercepción de cada cual - dentro, por supuesto, de unos estándares mínimos de capacidad -, la decisión de dejar de llevar una moto pasa a ser una cuestión de responsabilidad con uno mismo y con los demás, aunque ni que decir tiene que para conducir en general es necesario conservar cierta capacidad de concentración, agilidad y rapidez mental, además de agudeza visual y auditiva.
En una moto, estas capacidades son más necesarias todavía, y una carencia de cualquiera puede acabar por jugar una mala pasada. Uno debe, debido a esto, prestarse atención mientras conduce, porque hay señales: salirse del carril, por ejemplo, o perderse en algún lugar conocido; un susto con otro vehículo, o con peatones o ciclistas; sentir que el estrés aflora con mayor facilidad; o si se siente cierto reparo circulando, sea de día o de noche.
Existen, además, limitantes físicos que podrían dificultar la conducción de una moto, que exige cierta agilidad y fuerza. Si uno se ve con problemas para maniobrar, circular a velocidades más bajas; o para tumbar la moto, mover la cabeza; o para frenar y cambiar de marcha: todo ello son factores de riesgo que deberían, por lo menos, invitar a considerar dejar la moto en casa.
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