Este es el momento de tu vida en el que deberías dejar de conducir, según un estudio

La retirada del carné en la vejez es una decisión que va mucho más allá de la edad del conductor: la Fundación Mapfre y el Institut de Recerca del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau han profundizado en estos procesos

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La DGT establece nuevas restricciones
La DGT establece nuevas restricciones para conductores mayores de 65 años (Heute.at)

En España, la ley no marca una edad máxima para colgar las llaves del coche. Todo depende del estado de salud y de las capacidades al volante, con diferencias notables entre unas personas y otras. Una investigación realizada por Fundación Mapfre y el Institut de Recerca del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau se mete de lleno en este tema, recogiendo los relatos de 45 personas mayores que han vivido en sí o de cerca el momento de dejar de conducir, junto a las vivencias de sus familiares.

El informe, elaborado por Elena Vera Campuzano, Isabel Sala Matavera y Jesús Monclús, revela que las causas del adiós al coche no se limitan a un solo motivo. Factores personales, médicos y familiares entran en juego y condicionan la decisión. El proceso va cargado de emociones, que no solo recaen sobre quien deja el volante, sino también sobre quienes le rodean.

Cuándo se debe dejar de conducir

Según los datos recogidos, la mayoría de las personas mayores afronta esta decisión entre los 76 y los 80 años. A menudo, los familiares apuntan al deterioro cognitivo como detonante, y un tercio de los conductores que dejan el coche menciona dificultades de memoria.

La normativa exige renovar el carné de coche o moto cada cinco años a partir de los 65, y cada tres para los permisos concretos para vehículos profesionales. Cuando la salud neurológica queda comprometida, por ejemplo con la aparición de demencia, el permiso puede acortarse a un año, siempre tras el criterio médico.

Hasta tomar la decisión final, muchos mayores siguen conduciendo de forma habitual para mantener rutinas sociales o cubrir necesidades diarias. Casi la mitad de los familiares admite que sentía cierta inseguridad al verles al volante, y describía señales como desorientación, cambios bruscos de velocidad o maniobras poco habituales. Un 13% llegó a presenciar episodios en los que el coche circuló en sentido contrario. El adiós al coche implica también a la familia. En más del 80 % de los casos, los allegados participaron directamente, ya fuera vendiendo el coche o entregándolo a otro miembro. Médicos y centros de reconocimiento también intervinieron, aunque con menor frecuencia.

La necesidad de dejar de
La necesidad de dejar de conducir no responde a una edad concreta, sino al deterioro cognitivo y de salud en general (Freepik)

El difícil adiós al coche

El 74% de las familias consideró que el abandono del volante fue forzado, mientras que la mayoría de conductores sentía que era una decisión propia. En palabras de uno de los participantes: “Él no veía necesidad de dejarlo y creía que podía hacerlo, pero no era así. Hicimos valoraciones con geriatra y neuropsicólogo, pero él se empeñaba en pensar que era cosa nuestra”.

Las emociones que provoca el dejar de conducir son variadas. Un 73% de los familiares percibió una pérdida de independencia en la persona mayor, aunque entre quienes dejaron el coche ese dato baja al 44 %. Para algunos, el uso de transporte público o la ayuda de familiares para moverse supuso un alivio inesperado: el 44 % notó cierta mejora en su capacidad cognitiva después de retirar el coche de su vida.

Las alternativas de movilidad ganan peso en esta etapa, sobre todo en áreas rurales, donde el acceso a bonos de transporte público gratuitos o de bajo coste se percibe como fundamental. El informe también señala la necesidad de revisar el sistema de renovaciones, ya que casi la mitad de los participantes en el estudio dejó de conducir con el carné aún en vigor, y muchos familiares opinaban que nunca debió haberse renovado. Respecto a la seguridad, aunque las tasas de accidentes son más bajas que en otros grupos de edad, los riesgos aumentan debido a la mayor fragilidad física.

Cerca de un 30% de los conductores sufren amaxofobia, el temor irracional a ponerse al volante

Los testimonios recogidos reflejan la variedad de experiencias. Un familiar relata: “Durante la conducción le tenía que guiar. Él antes conducía muy bien pero ahora se desorienta”. Otro familiar de un exconductor recuerda: “No ha sido nada que fuera muy traumático, pero lo que pasó fue que se topó con un coche al salir del parking y cogió miedo al coche”.

Entre las propuestas, el estudio sugiere mejorar la formación de los sanitarios, reforzar la coordinación entre especialistas y crear materiales de apoyo para personas afectadas y sus familias. El equilibrio entre seguridad y autonomía se convierte en el gran reto de este proceso. En palabras del informe: “La prioridad es evitar el riesgo de accidentes y garantizar tanto su seguridad como la de otros, sin restringir la conducción innecesariamente dada la importancia que supone en la autonomía y movilidad de las personas”.

Al final, elegir cuándo dejar el coche no tiene tanto que ver con la edad, sino con las capacidades y el contexto de cada uno. El acompañamiento familiar y el apoyo profesional suelen marcar la diferencia en una decisión que, más allá de sus implicaciones, apunta siempre a un mismo objetivo: mantener la seguridad sin perder de vista la autonomía y la calidad de vida.