
El éxito de medicamentos modernos contra la obesidad y la diabetes ha abierto una nueva vía científica: la potencial reducción de adicciones a sustancias como el alcohol, la nicotina y los opioides. De este modo, ya hay clínicas especializadas y foros en línea que han comenzado a documentar el testimonio de personas que han presentado una disminución notable de sus impulsos adictivos tras recibir un tratamiento con fármacos como semaglutida y la tirzepatida.
Recordemos que sendos medicamentos, destinados en un principio para personas con diabetes, han ganado popularidad este último año -bajo sus nombres comerciales Ozempic, Wegovy, Mounjaro y Zepbound-. Comenzaron a ganar fama por el uso que han hecho varios famosos de ellos, y la falta de suministro que generó su posterior boom. A pesar de que los efectos secundarios en personas que no padecen la enfermedad metabólica se siguen estudiando, parece que pueden convertirse en una nueva tendencia si la teoría científica llega a confirmarse.
Y es que, después de que la neurocientífica Sue Grigson, de la Facultad de Medicina de la Universidad Estatal de Pensilvania en Hershey, revelase el caso de uno de los primeros que se sometieron a esta hipótesis científica, la teoría ha cobrado fuerza. “Me dijo que por primera vez en su vida adulta estaba libre de drogas y alcohol”, afirmó la experta, que ya había comprobado su efectividad en ratones. De este modo, el hombre que tenía una doble adicción (a los opioides y al medicamento para tratarlo) pudo comenzar una nueva vida.
Los primeros participantes experimentaron una reducción del 10%
La historia que narra la Grigson fue solo el principio en la investigación en humanos. Christian Hendershot, psicólogo de la Universidad del Sur de California, lideró un ensayo clínico aleatorizado en el que las inyecciones semanales de semaglutida redujeron el consumo de alcohol en los participantes en un 10 %. Un descubrimiento que ha motivado otra docena de estudios por todo el mundo. Roger McIntyre, psicofarmacólogo de la Universidad de Toronto en Canadá, explicaba para Nature que los medicamentos para la pérdida de peso reducen la adicción al influir en los receptores hormonales presentes en áreas del cerebro responsables del deseo, la recompensa y la motivación.

Por lo que, “al final del día, el sistema neurobiológico que se activa con sustancias gratificantes (comida, sexo, drogas, rock and roll) es el mismo sistema”, afirmaba McIntyre. De esta forma, el estudio en los fármacos GLP-1 son una tendencia entre los científicos, que buscan bajar los niveles de adicción en la población. “Si los fármacos GLP-1 demuestran su eficacia en ensayos clínicos más amplios, sería una revolución”, asegura Elisabet Jerlhag Holm, bióloga de la Universidad de Gotemburgo en Suecia. No obstante, a pesar del interés clínico, aún queda un largo camino.
¿Dónde nace el interés por este medicamento?
La semaglutida y la tirzepatida fueron creados para regular la glucemia en casos de diabetes tipo 2; por lo que imitan la función de la hormona GLP-1, interviniendo tanto en el páncreas y el intestino —donde contribuyen a la saciedad— como en regiones cerebrales que rigen la recompensa. Muy pronto, su capacidad para suprimir el apetito y promover la baja de peso se hizo evidente, pero el interrogante sobre si podían disminuir otros impulsos llegó después.
Jerlhag Holm fue pionera en el área, con estudios que se remontan a la década de 2010, donde podía imaginar que estos medicamentos disminuían los antojos de sustancias adictivas en ratas y ratones, además de reducir recaídas. “Estuve bastante sola durante mucho tiempo”, sostuvo Jerlhag Holm para la revista Nature, ya que la comunidad y las revistas científicas le dieron la espalda.
El escenario cambió en 2015, cuando se asoció con Lorenzo Leggio, médico científico de los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. en Baltimore, quien también seguía la pista de los efectos de la hormona GLP-1 en la conducta adictiva. En estudios con tejido cerebral post mortem, su equipo evidenció que las personas con trastorno por consumo de alcohol mostraban niveles elevados de receptores GLP-1 en zonas cerebrales clave para la recompensa, lo que podrían atribuir a una respuesta adaptativa del organismo ante la reducción de la hormona que provoca el consumo de alcohol.
La notoriedad pública del fenómeno creció cuando The Atlantic publicó en mayo de 2023 un reportaje bajo el título ‘¿Inventaron los científicos accidentalmente un fármaco contra la adicción?’. Para Leggio, “ese fue sin duda un punto de inflexión”, ya que la repercusión mediática atrajo la atención de colegas y pacientes de todo el mundo. Aun así, cabe destacar que no todos los resultados individuales han sido positivos.
“Primero necesitamos determinar si es eficaz y seguro”
Un estudio dirigido en 2022 por Anders Fink-Jensen, psiquiatra de la Universidad de Copenhague, halló que la exenatida, un fármaco GLP-1 de “primera generación”, no disminuyó de manera relevante el consumo excesivo de alcohol en personas con dependencia. En la misma línea, otra investigación suiza en 2023 reportó que la dulaglutida, también de la primera generación, tampoco ayudó a las personas a dejar el tabaco.
Pese a ello, investigaciones más recientes señalaron que fármacos de esta categoría podrían reducir la ansiedad asociada al consumo. Algo que demostraron Grigson y el psicólogo Scott Bunce en un ensayo en Pensilvania. Al parecer, el tratamiento con liraglutida logró disminuir la necesidad de opioides en torno al 40 % en personas con trastorno de consumo. Además, otros estudios complementarios emplearon imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) para observar una actividad cerebral atenuada en regiones de recompensa al exponer a los participantes a bebidas alcohólicas.
Ahora, la comunidad científica sostiene que la potencia y duración de los medicamentos de segunda generación como la semaglutida y la tirzepatida supera holgadamente la de sus predecesores. Como estos compuestos se enlazan más firmemente a los receptores GLP-1 y permanecen activos durante un periodo más prolongado, los próximos ensayos buscan establecer si generan cambios sustanciales en la conducta adictiva.
“Primero necesitamos determinar si es eficaz y seguro”, concluye W. Kyle Simmons especialista en neuroimagen de la Universidad Estatal de Oklahoma en Tulsa. El experto espera tener resultados en 2026 sobre un estudio en el que participaron 108 pacientes, para probar si una dosis elevada de semaglutida puede reducir el consumo de alcohol.
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