“Comerte una hamburguesa te provoca una explosión hormonal”: una bióloga explica los motivos

La dopamina, las endorfinas y la oxitocina son las culpables de que no podamos resistirnos a este plato estrella nacido en Estados Unidos

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Las hormonas detrás del placer de comerse una hamburguesa
Las hormonas detrás del placer de comerse una hamburguesa

¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando nos comemos una hamburguesa? La bióloga Carolina ha ofrecido una explicación a través de su cuenta de TikTok, y con humor, neurociencia y gastronomía ha captado la atención de cientos de usuarios. Las hamburguesas pueden resultar de lo más irresistibles, y esto va más allá de lo ricas que están, pues tiene una explicación a nivel neurológico y hormonal que consigue que no nos podamos resistir a comernos una siempre que la vemos en la carta de un restaurante.

“Comerte una hamburguesa te provoca una explosión hormonal digna de una champion”, comienza diciendo Carolina en su video. Según la especialista, detrás del placer que produce comer una hamburguesa hay una compleja interacción de neurotransmisores que transforman la experiencia en una auténtica fiesta química para el cerebro.

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Las hormonas detrás de comerse una hamburguesa

Escuchar música genera dopamina. (Freepik)
Escuchar música genera dopamina. (Freepik)

Lo primero que entra en acción, explica la bióloga, es la dopamina, conocida como la hormona del placer anticipado. “Tu cerebro se activa porque ha aprendido de experiencias anteriores que la hamburguesa va a ser oro puro disfrazado de pan brioche”, detalla. Esta reacción se produce incluso antes de dar el primer mordisco, ya que el cerebro asocia la hamburguesa con experiencias previas de satisfacción y placer. “La dopamina te dice: ‘Esto fue bueno antes, repítelo’”, añade Carolina, señalando que ese aprendizaje condiciona nuestro deseo y hace que queramos repetir la experiencia una y otra vez.

De acuerdo con la bióloga, ese impulso inicial es solo el comienzo. Una vez que la persona da el primer bocado, entran en juego las endorfinas, las llamadas “hormonas de la felicidad”. Carolina lo explica con su característico estilo sencillo y ameno: “Cuando por fin la muerdes, aparecen las endorfinas. Las hormonas de la felicidad se liberan con esta voz, la grasita y la textura. El resultado es bienestar inmediato, euforia y subidón a cada bocado.” Estas sustancias químicas son las mismas que el cuerpo libera durante el ejercicio o la risa, y generan una sensación placentera que nos hace disfrutar intensamente de la comida.

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La oxitocina también es una de las protagonistas

Pareja cocinando
(Freepik)

Pero la experiencia no termina ahí. Según Carolina, cuando la hamburguesa se comparte en compañía de amigos o familiares, aparece una tercera protagonista: la oxitocina, conocida como la hormona del amor o del vínculo social. “Y si encima la compartes con amigos, llega la oxitocina, la hormona del amor. Es la misma que se libera durante un abrazo o una caricia, creando vínculo social”, explica la bióloga. Esta etapa convierte el acto de comer en algo más que una necesidad fisiológica: se transforma en un momento de conexión emocional y social.

Con esta secuencia hormonal —dopamina, endorfinas y oxitocina—, Carolina resume su argumento con una frase: “Comer una hamburguesa es mucho más que llenar el estómago. Es dopamina que te hace desearla, endorfina que te hace disfrutarla y oxitocina que te hace compartirla.”

Así, Carolina ha combinado ciencia y cotidianeidad, adaptando el lenguaje complejo a uno que todos podamos entender. La comida y las emociones están altamente relacionadas, y si se sabe hacer un equilibrio, se puede disfrutar de la comida sin sentirse culpable.

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