El imaginario social colectivo ha contribuido a crear un mito muy arraigado sobre la fiebre. Como tener fiebre significa tener una temperatura corporal elevada, en un primer momento podríamos pensar que esta debería ir acompañada de una sensación de calor. No obstante, en la práctica, lo que ocurre en la mayoría de los casos es justo lo contrario: cuando comienza la fiebre, lo primero que sentimos es frío.
Un divulgador sobre ciencia y salud, conocido en TikTok como @thepharmacist42, ha comunicado en su perfil algunos de los mitos y secretos asociados a la fiebre. Con el objetivo de desmentir este mito social tan extendido en el pensamiento de las personas, en uno de sus más recientes vídeos detalló cuáles son las consecuencias directas de este mecanismo natural del cuerpo.
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En primer lugar, explicó que la sensación de frío que sentimos cuando tenemos fiebre no es una consecuencia de la fiebre, sino la responsable de que se produzca ese incremento de la temperatura corporal. Cuando nuestro organismo empieza a combatir la presencia de un microorganismo patógeno, necesita que la temperatura del “campo de batalla” aumente, ya que tanto virus como bacterias lo pasan peor cuanto más calor hace.

Es por ello que, durante los meses estivales, hay una menor presencia de infecciones respiratorias. La excepción suelen ser las infecciones de orina, que se ven favorecidas por la humedad. Según el experto, en comunidades autónomas como Galicia, los productos más vendidos son —además de la cerveza Estrella de Galicia— la fosfomicina, un antibiótico utilizado para tratar infecciones de las vías urinarias, combatiendo bacterias y otros microorganismos responsables de este tipo de afecciones.
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Mecanismos biológicos de defensa
Para aumentar la temperatura corporal, nuestro sistema inmunológico y nuestro sistema nervioso sabotean el termostato del cuerpo, ubicado en el Hipotálamo, con el fin de fijar una nueva temperatura ideal superior a la habitual. Como de repente el cuerpo se encuentra por debajo de esa nueva temperatura establecida, aparece la sensación de frío.
Es entonces cuando se desencadenan los mecanismos biológicos de defensa para retener y aumentar la temperatura corporal. Entre estos mecanismos se encuentran la vasoconstricción periférica (que evita la pérdida de calor), los temblores musculares involuntarios, la piel de gallina, los escalofríos y hasta el castañeo de los dientes. Todos estos síntomas no son signos de debilidad, sino estrategias naturales del organismo para generar calor.
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Aquí surge una pregunta lógica: ¿por qué nuestro cuerpo reacciona de esa manera? La explicación es sencilla. La temperatura no es otra cosa que el estado de vibración de las partículas. Por eso, cuando sentimos frío, nuestro cuerpo comienza a “vibrar” mediante temblores, contracciones musculares rápidas y otros mecanismos fisiológicos. Es precisamente esa vibración lo que permite elevar la temperatura corporal y crear un entorno más hostil para virus y bacterias.
En otras palabras, la sensación de frío es el primer paso de la fiebre, no su consecuencia. El organismo detecta que debe aumentar la temperatura y reacciona como si estuviera expuesto a un ambiente frío, activando estrategias internas para producir calor. Este proceso explica por qué una persona puede estar tiritando y tener piel de gallina en los primeros momentos de una fiebre, aunque su temperatura corporal ya esté en ascenso. Se trata de una reacción perfectamente normal y, de hecho, beneficiosa para la lucha contra infecciones.
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Con esta explicación, el divulgador busca desmontar el mito popular que asocia la fiebre únicamente con la sensación de calor. La fiebre no aparece de golpe: es el resultado de una serie de respuestas coordinadas entre el sistema nervioso y el sistema inmunológico que preparan al organismo para defenderse de agentes infecciosos.
Comprender este mecanismo ayuda no solo a interpretar mejor lo que sucede en nuestro cuerpo cuando enfermamos, sino también a evitar creencias erróneas que pueden conducir a tratamientos inadecuados. La fiebre, lejos de ser un enemigo, es un aliado del sistema inmunitario que permite al organismo combatir patógenos de forma más eficiente.
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