Por qué debe importarnos el cambio de nombre del síndrome del ovario poliquístico: “Es el principio de un cambio mucho mayor y profundo”

El nuevo síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP) pone el foco más allá de los ovarios y estudia el metabolismo y las glándulas

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Una mujer en la consulta de ginecología (Shutterstock)
Una mujer en la consulta de ginecología (Shutterstock)

Si sumamos toda la población de España, Francia e Italia, tendríamos un total de más de 170 millones de personas. Si todas y cada una de ellas sufriera una enfermedad y apenas fuera objeto de interés para la ciencia y para la sociedad general, como mínimo nos podría sorprender. Es lo que ha ocurrido con el síndrome del ovario poliquístico, un trastorno endocrino-metabólico que afecta a más de 170 millones de mujeres en todo el mundo y que acaba de cambiar de nombre: síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP).

Durante décadas, la perspectiva de género no ha tenido hueco en la ciencia, dejando que múltiples patologías y trastornos de las mujeres queden fuera de la investigación, como la endometriosis, que provoca menstruaciones muy dolorosas y problemas de fertilidad, o el llamado erróneamente síndrome del ovario poliquístico (SOP). Hasta ahora, la Clínica Mayo definía el SOP como un trastorno hormonal frecuente que afecta a mujeres en edad reproductiva y se caracteriza por períodos menstruales irregulares, niveles elevados de andrógenos y la presencia de múltiples quistes pequeños en los ovarios.

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La noticia del cambio nombre llega con un artículo de la revista The Lancet, en el que se reclama que SOP únicamente pone el foco en los quistes ováricos, cuando en realidad no tiene que haber quistes involucrados para sufrir esta condición. Ahora, el síndrome ovárico metabólico poliendocrino tiene en cuenta no solo los ovarios, también el metabolismo (como la resistencia a la insulina o el riesgo cardiovascular) diversas glándulas como la tiroides desde un punto de vista poliendocrino.

Las señales de alerta del síndrome ovárico metabólico poliendocrino

Esta nueva forma de ver el síndrome ayuda a identificar mejorar la patología, algo que se considera urgente teniendo en cuenta que el 70 % de las mujeres que padecen SOMP ni siquiera están diagnosticadas, por lo que no están recibiendo el tratamiento que necesitan.

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La novedad no es simplemente haber rebautizado la enfermedad, sino pasar a considerar el síndrome ovárico metabólico poliendocrinotambién como un problema que afecta a todo el sistema endocrino y metabólico. Si traemos esto a tierra, son tres las señales que deben hacernos sospechar que podemos sufrir de SOMP. La primera de ellas es el hiperandrogenismo, que es tener acné persistente y vello en zonas poco habituales en las mujeres. Los ciclos menstruales irregulares son el segundo signo de alerta. Por último, ciertas señales metabólicas, como el cansancio o cambios de peso, pueden avisarnos del SOMP.

La resistencia a la insulina y el SOMP

Uno de los protagonistas que introduce esta novedad es la resistencia a la insulina, el motor del SOMP. La resistencia a la insulina ocurre cuando las células del cuerpo (músculos, grasa e hígado) no responden adecuadamente a esta hormona. El cuerpo necesita compensar esto, puesto que necesitamos insulina para que la glucosa (azúcar en sangre) ingrese a las células y se use como energía. Para ello, el páncreas produce más insulina para forzar la entrada de azúcar a las células.

“El exceso de insulina estimula a tus ovarios para producir más andrógenos, principalmente testosterona, que a su vez empeoran tu metabolismo. Para romper este ciclo, se debe tratar la resistencia a la insulina”, explica en una publicación en sus redes sociales la doctora Diana Díaz-Rizzolo, investigadora postdoctoral en el departamento de medicina de la Columbia University en Nueva York y profesora de la Facultad de Ciencias de la Salud en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Para luchar contra la resistencia a la insulina, el inositol juega un papel fundamental. Este compuesto orgánico y natural “funciona como un mensajero que ayuda a tus células a utilizar correctamente la insulina reduciendo la glucosa y mejorando el equilibrio hormonal sin depender de la pérdida de peso”.

El rebautizo de SOMP ha de venir asociado a la formación específica de profesionales y a una mayor investigación, reclaman los especialistas. “Este cambio de nombre no es solo semántica, es el principio de un cambio mucho mayor y profundo”, concluye la doctora Díaz-Rizzolo.

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