
Con su inconfundible color rojo intenso, su interior suave y reconfortante y su toque de chocolate blanco cremoso, la galleta Red Velvet es una de las mayores delicias de la repostería moderna. Bien cocinada, esta galleta se caracteriza por una textura esponjosa en el interior y ligeramente crujiente en el exterior, al modo de las icónicas cookies neoyorquinas.
En realidad, la red velvet es una tarta, un pastel a capas con un característico color rojo y glaseado de queso crema que se popularizó en el sur de Estados Unidos. Algunas pastelerías y negocios han querido versionar este clásico americano, llevándolo a otras recetas dulces muffins o, por supuesto, galletas. Es el caso de la marca de repostería artesanal Cookies PUKY, que estrenan ahora esta receta disponible a través de su tienda online y en puntos de venta seleccionados.
Los expertos reposteros han desvelado a Infobae España todos los trucos para versionar estas cookies en casa; desde los ingredientes a utilizar hasta los tiempos y temperaturas con las que conseguiremos la textura perfecta.
Lo primero, los ingredientes
La búsqueda de la galleta perfecta comienza mucho antes de ponernos el delantal. Lo hace en el supermercado, en el momento de seleccionar los ingredientes adecuados y los productos de calidad que marcarán la diferencia. Así lo explica el experto de Cookie Puky. “La mantequilla debe ser sin sal y estar a temperatura ambiente, nunca margarina”, recomendó el especialista. Además, destaca la importancia de elegir “cacao puro, sin azúcar añadido”.
Otro de los ingredientes principales de esta galleta es el colorante, encargado de conferirle ese intenso y llamativo color. “El colorante rojo debe ser en gel o en pasta, nunca líquido, porque el líquido puede afectar la textura”, aclara. En cuanto al azúcar, siempre debe ser moreno, pues este “aporta humedad y un sabor más profundo que solo azúcar blanco”.
El último de los pilares de esta receta es el buttermilk o suero de leche, el cual resulta fundamental para lograr la textura y el sabor característicos de esta receta. “El buttermilk es esencial para el toque ácido y la esponjosidad”, explicó el experto, antes de sugerir una alternativa casera: “Si no tienes, mezcla 120 ml de leche con 1 cucharadita de vinagre o limón y deja reposar 10 minutos”.
Mezclar y reposar la masa
La técnica de mezclado también determina el resultado final. “Bate primero la mantequilla con el azúcar hasta que quede cremosa y aireada, durante 3 a 4 minutos”, indica el especialista. Posteriormente, añadiremos el huevo y el colorante hasta integrar todo bien. Para evitar imperfecciones y grumos en la masa, recomienda “tamizar los ingredientes secos —harina, cacao, bicarbonato, sal— para evitar grumos”. La incorporación de los ingredientes debe hacerse con cuidado: “Incorpora lo seco en 2 o 3 tandas alternando con el buttermilk para que la masa no pierda aire”.
El reposo de la masa, previo al horneado, es otro paso clave para conseguir una textura esponjosa por dentro, al mismo tiempo que firme y crujiente por fuera. “Refrigera al menos 30 a 60 minutos antes de hornear. Esto también evita que las galletas se expandan demasiado”, señaló el experto.
El momento del horneado
Llega entonces el momento crítico de cualquier receta de galletas, el horneado. En este momento, la precisión es indispensable. “Usa bandeja con papel de horno o tapete de silicona”, recomienda el repostero. Sobre ella, tendrás que ir colocando las galletas, con trozos de masa de un tamaño lo más similar posible para que se cocinen de forma homogénea. "Para que todas salgan del mismo tamaño, usa una cuchara de helado pequeña", nos recomienda el repostero.
En cuanto a temperaturas y tiempos, nos recomienda encender nuestro horno a 175 ℃, con calor arriba y abajo, sin ventilador, durante 10 a 12 minutos o “hasta que los bordes se fijen, pero el centro siga suave”. Asimismo, el experto nos advierte sobre el riesgo de excederse en el tiempo de cocción: “No sobrehornees, porque las galletas endurecen al enfriar”.
Una vez las saquemos del horno, aconseja el experto, las dejaremos enfriar en una rejilla; nunca en la propia bandeja o en una superficie plana, pues esto haría que suden y se reblandezca nuestra galleta. Al dejarla en una rejilla, el aire secará también la parte inferior, logrando así un resultado mucho más uniforme. Una vez hayan secado, podremos rellenarla o cubrirla con diferentes toppings, ya sea con crema de queso, la opción más clásica; con chips de chocolate blanco o con un poco de azúcar glas una vez estén frías.
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