Un año desde que Carles Puigdemont burló a los Mossos, entró en España, se reunió con sus fieles en el centro de Barcelona y se fue: cómo logro huir

El líder independentista lamenta en una publicación en X que pronto se cumplirán ocho años desde que está “en el exilio, mal que les pese a algunos”, y añade: “si ellos me quieren encerrado e inhabilitado, mi deber es intentar hacer exactamente lo contrario”

Guardar
El expresidente de la Generalitat de Catalunya Carles Puigdemont, a 8 de agosto de 2024, en Barcelona. (David Zorrakino/Europa Press)
El expresidente de la Generalitat de Catalunya Carles Puigdemont, a 8 de agosto de 2024, en Barcelona. (David Zorrakino/Europa Press)

El presidente de Junts, Carles Puigdemont, ha afirmado este viernes en una publicación en X que pronto se cumplirán ocho años desde que está “en el exilio, mal que les pese a algunos”, y ha añadido: “si ellos me quieren encerrado e inhabilitado, mi deber es intentar hacer exactamente lo contrario”. Justo en el día en que se cumple un año de su fugaz retorno a Cataluña, todavía hay muchas incógnitas sobre su huida.

¿Fue una aparición planeada con mucha antelación?. Eso explicaría cómo el pasado 8 de agosto, el líder de Junts reapareció fugazmente en Barcelona, en el exterior del Parlament, para después volver a fugarse del país esquivando nuevamente a la Justicia.

Días antes de su aparición, Junts anunció la intención de Puigdemont de regresar para el día en que se celebraba el pleno de debate de investidura de Salvador Illa como presidente de la Generalitat de Cataluña. Y es que el tema principal debería haber sido ese, pero un runrún sobre la presencia física del líder posconvergente, procesado por malversación y fugado a Bélgica desde 2017, copó los focos mediáticos de la jornada. ¿Aparecerá en el pleno? ¿Cómo sorteará a la policía?. Y lo más importante: ¿Qué ocurrirá después? Nadie pensaba que fuese a cumplir su promesa. Mucho menos que, de hacerlo, no fuese capturado.

La ley de amnistía entró en vigor, pero Puigdemont, hasta ahora no ha conseguido beneficiarse de ella. El Tribunal Supremo denegó aplicar la amnistía al delito de malversación y, de poner un pie en España, avisó que el líder posconvergente sería detenido. Puigdemont hizo oídos sordos a las palabras del Alto Tribunal y convocó a sus fieles en un acto para celebrar su retorno frente al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, una hora antes de que comenzase el acto de consagraría al líder del PSOE. El guion estaba por escribir.

Los Mossos, como dicta el protocolo durante los plenos, blindaron el Parlament y en las primeras horas de la mañana no hubo rastro del líder de Junts. “Nosotros no estamos haciendo ninguna especulación, cuando llegue el momento haríamos lo que tenemos que hacer como policía judicial”, avisaron aquel día fuentes de la policía catalana a este periódico. La gente se fue congregando en el paseo Lluís Companys, en torno a un escenario en el que se supone comparecería el expresident. La expectación crecía por momentos. De pronto, poco antes de las nueve de la mañana, Puigdemont reapareció escoltado por esa misma multitud.

“Hoy he venido aquí para recordarles que aún estamos aquí, porque no tenemos derecho a renunciar”, proclamó desde el atril, al tiempo que criticó que no le apliquen la ley de amnistía. Mientras, el pleno comenzó sin interrupciones e Illa pronunciaba su discurso de investidura. El prófugo no accedió finalmente al Parlament y al bajar del estrado no se le volvió a ver. ¿Dónde estaba Puigdemont? Los Mossos lo habían perdido.

La ‘Operación Jaula’ que bloqueó Cataluña y desató una lluvia de críticas

Fue entonces cuando la policía catalana, que recibió una lluvia de críticas, activó lo que llamaron ‘Operación Jaula’, que implicó el despliegue de controles en la red viaria de toda Cataluña para tratar de localizar al expresident. Un esperpéntico momento que provocó grandes retenciones en las carreteras catalanas, de un kilómetro en Esplugues de Llobregat y de hasta cuatro kilómetros entre Molins de Rei y el Papiol, en sentido Martorell. Desde Moncloa guardaron silencio en un primer momento y el PP cargó contra el Gobierno por lo que calificó como “una humillación insoportable”.

Así desapareció Puigdemont: un sombrero de paja, un Honda HRV conducido por una mujer y los mossos que no le atraparon por 10 metros

Al cabo de un par de horas, los Mossos desactivaron el dispositivo —volverían a activarlo, sin éxito, durante unas horas por la tarde— y anunciaron la apertura de una investigación para identificar a las personas que han ayudado a Puigdemont. Fue entonces cuando hicieron pública la detención de uno de sus agentes por colaborar en la fuga. Más tarde detendrían hasta tres agentes.

Dos días depués Puigdemont reapareció ante las cámaras en Waterloo, Bélgica, a través de un vídeo publicado en su cuenta de X de ocho minutos en el que reconoció que “nunca quiso entregarse”, y que su intención era acceder al Parlament para la investidura de Illa, pero sabía que no iba a ser posible sin la detención.

Un coche y sombreros de paja: los detalles de un fuga coordinada

A cuenta gotas, fueron saliendo durante la jornada los detalles de aquella fuga. La clave del éxito? Una distracción coordinada con sus fieles. Según adelantó la periodista Mayka Navarro, del diario La Vanguardia, en la parte derecha del escenario, esperaba con el motor encendido un Honda HRV blanco con una silla de ruedas en el asiento del copiloto y conducido por una mujer.

Carles Puigdemont, de nuevo en Waterloo tras su paso por Barcelona: "El procés no ha acabado".

Entre el escenario y el vehículo había una carpa de la organización del acto llena de asistentes con un mismo sombrero de paja. Allí llevó el abogado Gonzalo Boye a Puigdemont, que se deshizo de la americana y se puso un sombrero como el del resto, confundiendo su presencia.

El Honda avanzó con Puigdemont y Jordi Turull con una gorra de deporte similar, ambos en la parte trasera. Los Mossos avistaron el coche, pero no les dio tiempo a subirse al coche. Trataron de alcanzarlos a la carrera, sin éxito. Infobae España desveló que la cúpula de los Mossos preparó una “caza de brujas” para restaurar la imagen del cuerpo, que tras ser señalados por la fuga de 20177 volvieron a ser criticados por el “ridículo” de aquella tarde.