
El apagón masivo que sufrió la península ibérica el pasado lunes ha vuelto a poner sobre la mesa el debate de si se debe mantener o no la energía nuclear en España, y el discurso pro nuclear no ha parado de oírse en los últimos días. En 2019, eléctricas y Gobierno, que actualmente mantienen un tira y afloja mediático por quién tiene la culpa del colapso del sistema eléctrico español, firmaron un acuerdo para cerrar todos los reactores antes de 2035. Hace unos meses, las empresas cambiaron de opinión y ahora están aprovechando el momento: piden reducir los impuestos asociados a los residuos nucleares para que las centrales sean rentables y así poder mantenerlas abiertas.
En España, la energía nuclear comenzó a funcionar a finales de los años 60, y durante varias décadas se convirtió en una pieza clave del mix energético del país, alcanzando su máximo esplendor con ocho reactores operativos y representando el 34% del total de la electricidad en 2002. A partir de ahí, esta tecnología empezó a decaer, arrastrando problemas desde los años 80, por una moratoria impuesta por el Gobierno de Felipe González, y la creciente preocupación sobre los riesgos de la nuclear tras el accidente de Chernóbil.
Además, con el paso de los años, las instalaciones nucleares requieren de grandes inversiones para garantizar que funcionen de manera segura y eficiente. Esta acumulación de gastos, junto con el pago del impuesto por la gestión de los residuos nucleares, conocido como Tasa Enresa, y la aparición de otras tecnologías más baratas como las renovables, hicieron que dejara de ser competitiva y rentable.
“Son la solución menos cara”
La combinación de todos estos factores provocó un cambio en la política energética en España. En 2019, el Gobierno español y las eléctricas, Iberdrola, Naturgy y Endesa, firmaron un acuerdo para cerrar las centrales nucleares de manera progresiva. Según el plan, el primer cierre se producirá en 2027, con el desmantelamiento de la central de Almaraz, en Cáceres. Y de ahí, todos los reactores se apagarían de manera escalonada hasta que en 2035 no quedara ninguno operativo.
Pero, con el paso del tiempo y con el contexto geopolítico de los últimos años, que ha provocado crisis energéticas como la del gas por la invasión rusa en Ucrania, las empresas del sector nuclear han comenzado a replantear este plan de cierre. Ahora argumentan que la energía nuclear sigue siendo una fuente clave para garantizar la estabilidad del sistema eléctrico, pero piden que se le bajen los impuestos para que sea rentable para las empresas.
Este miércoles, durante la presentación de resultados de Iberdrola del primer trimestre de 2025, el presidente de la compañía eléctrica, Ignacio Galán, ha asegurado que mantener la nuclear “es algo que he repetido de manera sistemática”. Aprovechando la crisis por el apagón, ha explicado que “de acuerdo con un informe de PWC, son la solución menos cara para garantizar la estabilidad del sistema”, y que “como ingeniero eléctrico creo que las centrales nucleares en España son eficientes y seguras”.
Por su parte, el pasado mes de febrero, José Bogas, consejero delegado de Endesa, aseguró que “hoy día la nuclear soporta unas cargas fiscales muy elevadas”, en referencia, entre otras, a la tasa Enresa, con la que se financia la gestión de los residuos nucleares y que el Gobierno aumentó un 30% en 2024. “Eso hace que su coste no sea competitivo, cuando quitando solamente las cargas fiscales sería una de las tecnologías más competitivas que existen hoy en día”, explicó. Sin embargo, la gestión de los residuos es un proceso caro e implica, además del almacenamiento durante miles de años de estos restos, el desmantelamiento de las instalaciones al finalizar su ciclo operativo.
El Gobierno mantiene su apuesta por las renovables
Desde el Gobierno no parece que tengan intención de conceder esa rebaja fiscal, y continúan con su apuesta por el desarrollo de las energías renovables en España. Según los datos de Red Eléctrica de 2024, las renovables generaron el 56,8% de la demanda eléctrica del año pasado, siendo la energía eólica y la fotovoltaica las grandes protagonistas, con un aporte del 23% y del 17% respectivamente. En la actualidad, la energía nuclear está muy lejos de poder competir con el conjunto de las renovables dentro del mix energético, ya que solo representa el 20%.
Así, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), establece que, antes de 2050, el sistema eléctrico español será completamente renovable. Para alcanzar este objetivo, se pretende potenciar significativamente la capacidad de generación de energía a partir de fuentes solares y eólicas, al mismo tiempo que se avanza en el desarrollo de tecnologías de almacenamiento energético, como las baterías, para almacenar la energía sobrante que generen la solar y la eólica, y usarla cuando no haya sol ni viento. Esto, junto con el también desarrollo del hidrógeno verde, permitirá, según el plan del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, garantizar la estabilidad y eficiencia del sistema en un entorno en el que las renovables son intermitentes.
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