
“Está viviendo a la sopa boba”. Seguro que alguna vez has oído o pronunciado esas palabras, una expresión que suele emplearse para echar en cara a alguien holgazán que, en pocas palabras, vive del cuento. Lo cierto es que lo de ‘la sopa boba’ se utiliza a menudo y es conocido y repetido en toda España. Aunque de bobas, nuestras sopas tienen poco. La sopa de cocido madrileño, el puchero, la sopa castellana o el suquet de pescado son solo algunos ejemplos, que se completan con delicias extranjeras como la minestrone italiana o la sopa de cebolla francesa.
Posiblemente, las formas más comunes en las que se utiliza el término ‘sopa boba’ son ‘estar a la sopa boba’, ‘vivir de la sopa boba’ o ‘andar a la sopa boba’, modismos que hacen referencia a un plato de cuchara cuyo origen se remonta a la Edad Media. Pero, en realidad, la famosa ‘sopa boba’ no tiene receta.
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La sopa boba, una receta de aprovechamiento medieval
En su origen, la sopa boba nació como una receta de aprovechamiento, una solución de los conventos medievales para aprovechar las sobras de otras recetas y que nada se desperdiciara. Pollo, cerdo, verduras… Cualquier cosa podía entrar a la olla, todo lo que sobraba de la comida del día acababa cociéndose para crear esta receta. Pero no lo preparaban para los propios frailes, sino que lo preparaban para alimentar a los indigentes que no tuvieran otra cosa que echarse a la boca. Esta limosna en forma de plato de cuchara era común principalmente en conventos franciscanos y dominicos.
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Así, los indigentes cada día se aglomeraban frente a las puertas de los conventos, esperando pacientemente su plato de sopa boba. Pero no eran solo mendigos los que aprovechaban la oportunidad, ya que muchos de los que se presentaban a comer eran jóvenes estudiantes universitarios que andaban cortos de recursos económicos y se acercaban hasta los conventos para disfrutar de esa sopa gratuita.
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A estos estudiantes que acudían a comer gratuitamente se les acabó llamando ‘sopistas’, un término que creaba un juego de palabras con el nombre ‘sofista’, estudiantes y maestros de retórica de la Antigua Grecia. Para lograr un plato de comida, estos estudiantes acudían a conventos, tabernas o posadas para aprovechar los restos del menú diario. A cambio, tocaban o cantaban una pieza musical, recitaban algunos versos o entretenían a los comensales que sí podían disfrutar de un plato de comida. Es ahí donde encontramos el origen de las tunas, en estos estudiantes que se ganaban la vida en las primeras universidades españolas.
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A estos estudiantes se les relacionó con aquellos que viven holgazanamente y a expensas de otros, de ahí que ‘vivir a la sopa boba’ se utilice ahora para increpar a aquellas personas que se dedican a conseguir el sustento sin realizar esfuerzo alguno por ganárselo.
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