Máximo Sant, experto en automovilismo: “¿Los compradores de coches somos tontos? A veces parece que sí”

El especialista alerta de que centrarse solo en la cuota mensual puede elevar el coste final del vehículo

Máximo Sant, especialista del sector, sostiene que el deseo de comprar un modelo concreto puede imponerse al cálculo económico
El experto en automovilismo Máximo Sant recomienda revisar el plazo, el valor residual y las condiciones de financiación (Composición Infobae)
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La compra de un coche suele presentar decisiones que van más allá del modelo, la potencia o el equipamiento. El precio final, las condiciones de pago y la duración del compromiso financiero forman parte de una operación que puede extenderse durante años. En ese escenario, la cuota mensual suele ocupar un lugar central en la conversación, aunque no siempre refleja el coste total que asumirá el comprador.

El experto en automovilismo Máximo Sant (@garaje.hermetico) ha situado la financiación en el centro de su análisis sobre la compra de vehículos compartido en redes sociales: “El mayor engaño hoy no está en el motor ni en los extras. El mayor engaño está en la financiación, en cómo pagas el coche”.

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Al referirse a la relación entre fabricantes y clientes, Sant afirma: “La industria del automóvil lleva prácticamente un siglo perfeccionando la forma de sacarnos dinero”. Según planteó, para muchas marcas el negocio no se limita a vender “chapa y motor”, sino a ofrecer crédito.

En ese punto lanza una pregunta que resume su crítica a la manera en que muchos clientes afrontan la compra: “¿Los compradores de coches somos tontos? A veces parece que sí”.

El riesgo de mirar solo la cuota mensual

Su reflexión pone el foco en una parte de la compra que puede quedar relegada frente a otros elementos más visibles. Antes de firmar, el cliente suele comparar diseños, acabados, sistemas de asistencia o tamaño del maletero. La fórmula de pago, en cambio, puede aparecer como una cuestión secundaria, pese a que condiciona el importe final de la operación.

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El especialista cuestiona que el comprador se concentre en la cuota mensual al llegar al concesionario. “El error definitivo es cuando ya no preguntas cuál es el precio, el coste total del coche”, sostiene.

Hombre con expresión pensativa en un concesionario de autos. Su mano en la barbilla, rodeado por filas de coches nuevos de varios colores.
Un hombre con expresión pensativa se encuentra en un amplio concesionario, rodeado de una vasta selección de coches nuevos, reflexionando sobre su próxima compra. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para Sant, una mensualidad asumible puede ocultar una operación más costosa de lo que parece a primera vista. La atención queda puesta en cuánto se paga cada mes, no en cuánto dinero se terminará desembolsando al concluir el contrato. Esa diferencia, según expone, puede alterar la percepción sobre si un vehículo realmente encaja en el presupuesto disponible.

Sant señala que esa decisión puede dejar fuera de consideración los plazos, el valor residual del vehículo y una eventual refinanciación. “Acabamos pagando miles de euros más”, alerta.

El peso del plazo y el valor residual

El plazo de pago es uno de los elementos que, de acuerdo con su planteo, merece una revisión detenida. Una financiación a muchos meses reduce el importe de cada cuota, pero prolonga el compromiso y puede alejar al comprador del coste inicial del vehículo. A eso se suma la posibilidad de que, al final del acuerdo, aparezcan nuevas decisiones sobre el coche y su financiación.

El valor residual también entra en esa ecuación. No se trata solo de cuánto cuesta el automóvil en el momento de la compra, sino de qué condiciones fija el contrato para el final del período pactado. Sant advierte que pasar por alto esos aspectos puede llevar a una refinanciación, con un gasto adicional para quien ya ha afrontado pagos durante meses o años.

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También vincula esa elección con la aspiración de acceder a un vehículo premium con poco equipamiento o a un SUV diésel para circular por ciudad. “Comprar un coche siempre ha sido una batalla entre el corazón y la razón, que casi siempre gana el corazón, pero financiándolo a un montón de meses”.

En esa tensión entre deseo y cálculo, Sant sitúa uno de los principales riesgos de la compra. El atractivo de una marca, un tipo de carrocería o una imagen asociada al vehículo puede pesar más que el análisis de las condiciones económicas. Su advertencia no se dirige únicamente al modelo elegido, sino al modo en que se paga. La financiación, según remarca, puede definir si la decisión termina por ajustarse o no a las posibilidades reales del comprador.

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