Sofia Coppola reveló que partes de Lost in Translation fueron filmadas en Tokio sin los permisos necesarios y admitió su alivio de que el equipo no haya sido expulsado de Japón durante la producción de la película, que con un presupuesto de apenas USD 4 millones recaudó más de USD 119 millones en todo el mundo.
La directora, de 55 años, realizó las declaraciones en una reciente entrevista publicada por The Guardian. “Robamos algunas tomas en el espíritu del cine guerrilla”, afirmó Coppola. “Y me alegra que no nos hayan echado.”
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El rodaje fue “run-and-gun” durante 27 días consecutivos
La filmación principal de Lost in Translation comenzó el 29 de septiembre de 2002 y se extendió durante 27 días, seis días a la semana. Coppola optó por trabajar con un equipo reducido y equipamiento mínimo, aprovechando la luz disponible y usando lugares reales de la ciudad como locaciones. El enfoque, conocido en el ambiente cinematográfico como run-and-gun, le permitió capturar Tokio con una autenticidad difícil de lograr con una producción convencional.

Cuando The Guardian le preguntó cuál fue la escena de mayor riesgo, la cineasta apuntó directamente a las tomas del metro. “Teníamos permiso para la mayor parte, pero tuvimos que tomar las escenas con Scarlett en el subterráneo con gente real a su alrededor”, señaló. Lo mismo ocurrió con una de las imágenes más recordadas del film: el cruce peatonal de Shibuya, uno de los más transitados del mundo.
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En lugar de solicitar autorización formal para filmarlo, el equipo se instaló en un Starbucks cercano que ofrecía una vista privilegiada desde las alturas. “Simplemente entramos al Starbucks porque tenía esa vista increíble, pero jamás hubiéramos obtenido permiso para filmar ahí”, admitió Coppola ante el medio británico.

La película nació de una estadía personal de Coppola en Tokio
El origen de Lost in Translation está profundamente ligado a la experiencia personal de su directora. Coppola comenzó a concebir la historia tras pasar tiempo en Tokio durante la promoción de su primer largometraje, The Virgin Suicides (1999), cuando se hospedó en el Park Hyatt Tokyo. Ese hotel, con sus habitaciones de lujo, su barra y su piscina, se convirtió en uno de los escenarios centrales de la película.
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El guion, escrito íntegramente por Coppola, tardó seis meses en completarse y llegó a las 75 páginas, bastante menos que el promedio de un largometraje. La directora permitió una considerable dosis de improvisación durante el rodaje, especialmente de parte de Bill Murray, cuyo personaje —Bob Harris, una estrella de cine en declive que viaja a Tokio a grabar un comercial de whisky— fue concebido para él desde el principio.

Murray llegó días antes de comenzar, sin contrato firmado
Conseguir a Murray para el proyecto no fue sencillo. Coppola lo cortejó durante casi un año antes de que el actor aceptara sentarse a conversar sobre el papel. Aun así, Murray nunca firmó un contrato. La directora gastó USD 1 millón del presupuesto total —un cuarto del monto disponible— sin saber si el actor finalmente aparecería en Tokio. Cuando llegó, días antes del inicio del rodaje, el alivio fue mayúsculo.
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Para el papel de Charlotte, Coppola eligió a Scarlett Johansson, entonces de 17 años, tras recordar su actuación en Manny & Lo. La directora reconoció haber dudado al principio por la edad de la actriz, pero concluyó que podía interpretar de manera convincente a una mujer en sus veinte. La ofreció el rol sin audición.
La película ganó el Oscar al mejor guion original
Lost in Translation se estrenó el 29 de agosto de 2003 en el Festival de Cine de Telluride y llegó a los cines estadounidenses el 3 de octubre del mismo año. La película obtuvo cuatro nominaciones al Oscar, incluyendo mejor película y mejor director, y se llevó la estatuilla al mejor guion original, consolidando a Coppola como una de las voces más singulares del cine independiente norteamericano.
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Entre los momentos más célebres del film figura la escena final, en la que el personaje de Murray le susurra algo al oído al de Johansson. El diálogo, que no puede escucharse en la película, fue improvisado por el propio actor luego de que Coppola descartara el texto original. La directora decidió no doblarlo: consideró que era mejor que aquellas palabras quedaran “entre los dos”.
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