En un momento de introspección, Zazie Beetz afronta el miedo al fracaso y abraza el valor de experimentar más allá de su zona de confort. La actriz explicó a la revista de moda canadiense Fashion que sentirse inexperta le resulta un motor: “Quise incomodarme a mí misma”, afirmó. Más que buscar la perfección, insiste en que “es el acto de hacer lo que te ayuda a crecer”.
Beetz enfrenta la presión profesional aprendiendo a convivir con el temor al error. Para ella, aceptar el miedo es el primer paso para participar en nuevos proyectos y redefinir su autoconfianza, entendiendo que cada experiencia de incertidumbre fortalece su crecimiento.
Uno de los principios que la guían es la convicción de que el fracaso abre camino al crecimiento. “Quiero volver a surfear. Soy terrible en eso”, admite, subrayando que no teme probar actividades como el pole dance o la escritura, aunque el resultado no esté asegurado.

“Tal vez pase años escribiendo un guion que nunca se haga”, comentó a Fashion. Para ella, lo central es enfrentar el reto sin dejarse dominar por el perfeccionismo: “Es genial si las cosas se logran. Es genial si terminan siendo bonitas. Pero es el acto de hacer lo que te ayuda a crecer”.
Identidad, multiculturalidad y el valor de la empatía
Nacida en Berlín y criada en Manhattan, Beetz —hija de padre alemán y madre afroamericana— creció en una identidad multicultural. Sus recuerdos de infancia en Nueva York están ligados a una permanente estimulación creativa, mientras que en Berlín experimentaba cierta distancia, siendo “la única persona de color ahí”, rememoró.
Beetz conoció respuestas simplistas hacia quienes pertenecen a varias culturas. Resalta que su familia le proporcionó las bases para la autoaceptación. “Soy negra y alemana, y creo que haber vivido ambas identidades me permite abrazar los matices”, explicó para Fashion. Esta visión alimenta una empatía que atraviesa tanto su vida personal como su carrera actoral: “Intento comprender de dónde viene la gente”.
Carrera, fama y salud mental en Hollywood

Con su salto a la fama gracias a la serie Atlanta, la actriz recordó el impacto del síndrome del impostor. “Sentí mucha presión por no fracasar, tuve mucho síndrome del impostor porque el éxito llegó muy rápido”, relató.
El temor a ser considerada “una impostora” la acompañó durante mucho tiempo. Aunque aún experimenta ansiedad escénica y admite: “La cantidad de veces que lloré en un tráiler…”, aprecia esa etapa por haber fortalecido su temple. “Sigo poniéndome nerviosa todo el tiempo”, pero la confianza crece con la experiencia.
Al protagonizar Te van a matar en 2026, Beetz vivió una experiencia intensa y exigente. “Nunca había sido la protagonista real de una película, y es una responsabilidad muy importante en el set”, explicó. Afrontó exigencias físicas y emocionales, llegando a sentirse atraída por la fatiga extrema: “Hay algo muy especial en despertarte cansada y exigirte al máximo”.

Actualmente, prepara un proyecto junto a Chris Hemsworth y Taron Egerton, y admite que la fama continúa resultándole poco familiar. “Mi esposo y yo podemos discutir en el tren y, de repente, el de al lado es fan”, comentó a Fashion.
Beetz insiste en que no se identifica con el estilo de vida de celebridad: “De ninguna manera soy Beyoncé, pero creo que hay que ser muy fuerte para ser visto públicamente, incomprendido y hasta venerado”.
Moda, autoimagen y resistencia a la presión estética
Beetz prefiere alejarse del protocolo de la alfombra roja. Su vínculo con la moda se inició a los 12 años, cuando recibió la revista japonesa Fruits, lo que marcó un antes y un después en su relación con la ropa.
“Cambió mi relación con la ropa para siempre”, afirmó. Desde entonces, vestirse es para ella un acto de autoexpresión creativa que permite explorar estilos y personajes diversos, lejos de códigos impuestos.

Considera su relación con la indumentaria abierta al cambio y acepta cada etapa de su estilo sin juzgar el pasado. “Hay muchas cosas que me estresan en la vida, pero cuando me visto siento total libertad”, expresó en entrevista con Fashion.
Reconoce, sin embargo, que la alfombra roja implica otro entorno: “Están las expectativas de las marcas y la pregunta de si luces lo bastante ‘arreglada’”, lamentó. Según la actriz, ese ambiente puede imponer presión estética y vigilancia constante sobre la imagen.
“Asignamos mucho peso negativo a la palabra ‘viejo’, la asociamos a irrelevancia o falta de atractivo”, reflexiona Beetz, quien rechaza los discursos que desvalorizan el envejecimiento en la industria. Cercana a cumplir 35 años, defiende el derecho a aceptar el paso del tiempo y se apoya en el ejemplo de su abuela de 93 años: “No quiero caer en la trampa de temer cómo me veré cuando tenga 80 años”.

Además, considera que obsesionarse con los cambios inevitables solo resta energía: “Mi rostro se arrugará, mis pechos caerán y tendré canas. ¿Para qué angustiarme si puedo disfrutar el presente?”
Maternidad como próximo proyecto vital
En la actualidad, Beetz expresa entusiasmo y expectativa ante la posibilidad de ser madre. La partería es una verdadera pasión para ella, y siente que llegó el momento de experimentar la maternidad en primera persona.
“Creo que el nacimiento, el embarazo y el posparto son milagros”, afirmó con convicción. “Incluso hoy, no podemos simplificarlos ni hacerlos sencillos. Es una parte ancestral de nosotros que todavía permanece, y eso me resulta conmovedor”.
Sabe que explorar la maternidad significará abrir un nuevo capítulo vital y profesional. A pesar de la incertidumbre, mira hacia ese futuro con esperanza y desea rendir homenaje a esa experiencia como una expansión de su desarrollo personal.
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