El mensaje completo que Eric Dane dejó para sus dos hijas antes de morir: “Atesoren cada momento”

Grabado para un formato póstumo de Netflix, el testimonio del actor revela las lecciones de vida que quiso transmitir tras enfrentar una enfermedad incurable

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El actor de 'Grey's Anatomy' habló con Netflix en una larga entrevista que solo saldría al mundo después de su muerte. (Créditos: Netflix)

El viernes 20 de febrero, Netflix estrenó la última entrevista concedida por Eric Dane, difundida de manera póstuma. El testimonio forma parte de Famous Last Words, un formato con el que la plataforma rinde homenaje a figuras relevantes de la cultura y les ofrece un espacio para expresar, por última vez, los pensamientos que desean dejar como legado.

El episodio dedicado al recordado actor de Grey’s Anatomy se emitió tras el debut del programa, que presentó la entrevista final de Jane Goodall, la reconocida etóloga y activista por la conservación, fallecida el 1 de octubre de 2025.

Para Eric Dane, esta conversación fue una oportunidad alineada con el propósito de vida que encontró tras ser diagnosticado con Esclerosis Lateral Amiotrófica, una enfermedad degenerativa y actualmente incurable. A pesar del progresivo deterioro de su salud, el inolvidable Dr. Mark Sloan se volcó al activismo, promoviendo la investigación y la visibilidad de quienes conviven con esta condición.

El actor falleció el 19
El actor falleció el 19 de febrero a los 53 años (Créditos: Netflix)

Sin embargo, lo que más ha conmovido al público en redes sociales es el mensaje íntimo que el actor dedica a sus dos hijas adolescentes. Durante casi cinco minutos, mirando directamente a cámara, Dane comparte cuatro valiosas lecciones de vida que, según sus propias palabras, aprendió “durante la lucha contra la ELA”.

El mensaje completo que Dane dejó para sus dos hijas:

Billie y Georgia, estas palabras son para ustedes.

Lo intenté. A veces tropecé, pero lo intenté. En general, nos la pasamos genial, ¿no? Recuerdo todos los momentos que pasamos en la playa. Ustedes dos, yo y mamá en Malibú, Santa Mónica, Hawai, México. Las veo ahora jugando en el mar durante horas, mis bebés acuáticas.

Esos días -nunca mejor dicho- fueron el cielo.

Quiero decirles cuatro cosas que aprendí de esta enfermedad, y espero que no solo me escuchen, sino que realmente me oigan.

Primero, vivan ahora, ahora mismo, en el presente. Es difícil, pero aprendí a hacerlo. Durante años viví vagando mentalmente, perdido en mi cabeza por largos períodos, revolcándome en la preocupación y la autocompasión, la vergüenza y la duda. Repasaba decisiones, me cuestionaba: “Debería haber hecho esto”. “Nunca debería haber hecho eso.” No más.

Por pura supervivencia, me veo obligado a quedarme en el presente. Pero no quiero estar en ningún otro lugar. El pasado contiene arrepentimientos. El futuro sigue siendo desconocido. Así que tienen que vivir ahora. El presente es todo lo que tienen. Atesórenlo. Aprecien cada momento.

En segundo lugar, enamórense. No necesariamente de una persona, aunque también lo recomiendo. Pero enamórense de algo. Encuentren su pasión, su alegría.

Encuentren eso que las haga querer levantarse por la mañana. Les impulse durante todo el día. Me enamoré por primera vez cuando tenía más o menos su edad. Me enamoré de la actuación.

Ese amor finalmente me ayudó a atravesar mis horas más oscuras, mis días más oscuros, mi año más oscuro. Todavía amo mi trabajo. Todavía lo espero con ilusión. Todavía quiero ponerme frente a la cámara y desempeñar mi papel. Mi trabajo no me define, pero me entusiasma.

Encuentren algo. Encuentren algo que les entusiasme. Encuentren su camino. Su propósito. Su sueño. Y luego vayan por él. De verdad, vayan con todo.

En tercer lugar, elijan a sus amigos sabiamente. Encuentren a su gente y permitan que las encuentren, y entréguense a ellos. Los mejores les devolverán lo mismo. Sin juzgar. Sin condiciones. Sin preguntas.

Estoy muy agradecido por mi familia y amigos más cercanos. Todos y cada uno de ellos dio un paso al frente. Ya no puedo hacer ni las pequeñas cosas que antes hacía. No puedo manejar por la ciudad, ir al gimnasio, tomar un café, pasar el rato. Aprendí a abrazar las alternativas. Mis amigos vienen a mí. Comemos juntos, vemos un partido, escuchamos música. No hacen nada especial. Simplemente están presentes. Eso es un montón. Simplemente estar.

Amen a sus amigos con todo lo que tienen. Aférrense a ellos. Las entretendrán, las ayudarán, las apoyarán, y algunos incluso las salvarán.

Por último, luchen con cada fibra de su ser y con dignidad. Cuando enfrenten desafíos, de salud o cualquier otro tipo, luchen. Nunca se rindan. Luchen hasta el último aliento. Esta enfermedad se está apoderando lentamente de mi cuerpo, pero nunca me va a quitar el espíritu.

Ustedes dos son personas diferentes. Pero ambas son fuertes y resilientes. Heredaron la resiliencia de mí. Ese es mi superpoder. Me tiran abajo y vuelvo a levantarme, y sigo regresando. Me levanto una y otra y otra vez. Mark dice que soy como un gato. Excepto que un gato tiene nueve vidas, y yo voy fácilmente por la número quince.

Así que cuando algo inesperado las golpee, y lo hará, porque así es la vida, luchen y enfréntenlo con honestidad, integridad y gracia, aunque parezca insuperable.

Espero haberles demostrado que se puede enfrentar cualquier cosa. Se puede enfrentar el final de los días. Se puede enfrentar el infierno con dignidad.

Luchen, chicas, y mantengan la cabeza en alto.

Billie y Georgia, ustedes son mi corazón. Son todo para mí.

Buenas noches. Las amo.

Estas son mis últimas palabras.