Tomar la decisión de cambiar el rumbo de una vida estable no es sencillo. Ante el estreno de la nueva serie Wonder Man, trama que se relaciona con su historia personal, el actor Yahya Abdul-Mateen II compartió su experiencia en conversación con Esquire: “Estoy apostando por mí mismo y solo me mantuve presente en el momento”.
Con una historia marcada por dejar una carrera en la planificación urbana para lanzarse a la actuación sin garantías, refleja el vértigo y la convicción que acompañan a quienes se atreven al cambio de vida. Fue así que su transformación ocurrió en San Francisco durante 2010, cuando perdió su empleo en la oficina de vivienda local. “En 2010, me despidieron de mi trabajo y decidí ser actor”, recordó.
El artista de 39 años explicó que no tenía vínculos ni referentes en la interpretación profesional. “No conocía a nadie que realmente fuera actor profesional, pero no quería quedarme con la duda de lo que podía hacer”, comentó.
Al comenzar a tomar clases, lo movía la felicidad de explorar otro ámbito. Cambiar de rumbo, aseguró, que fue una decisión personal y rotunda: “Tomé la curva y dije: ‘Ahora hago esto’”. La reacción de su entorno varió entre sorpresa y preocupación por el aspecto económico. “Un profesor me dijo: ‘Vaya, escogiste dos profesiones que no dan dinero’”, compartió con humor.
El arte de estar presente
Abdul-Mateen II señaló que el mayor reto fue “mantenerse presente y ver lo bello de cada instante”. Para lograrlo, subrayó la importancia de controlar las expectativas. “Lo que tengo que hacer es desvincularme de expectativas y dejar que la vida me llegue”, remarcó.
Considera que la ambición puede ser abrumadora y afirmó: “Como alguien orientado a metas y ambiciones, mi mente suele pensar: ‘¿Qué sigue? ¿Hacia dónde voy?’”. Sin embargo, ha encontrado tranquilidad al “soltar algunos deseos y simplemente aceptar la vida tal como viene”.
Asimismo, admitió perderse haciendo planes o pensando en el pasado. “El futuro nunca llega—porque cuando llega, ya es el presente. Por eso trato de bailar en el presente, y casi nadie lo hace”, reflexionó. De este modo, asegura estar a tiempo de reinventarse: “En cualquier momento puedo detenerme y decir que no quiero ser actor. Podría mudarme y empezar otra cosa si eso es lo que necesito”.

Trayectoria de la arquitectura al cine
Antes de su llegada al cine, estudió arquitectura y trabajó en la administración pública. Explicó que esa experiencia le otorgó una perspectiva distinta y sostuvo: “Tengo una visión tridimensional del espacio y cierta tendencia a analizarlo todo demasiado”.
Definió con ironía el carácter en su antiguo sector: “Creo que los arquitectos deben ser un poco arrogantes para pensar que pueden diseñar el mundo”. Añadió que esa audacia y curiosidad también lo acompañan en la actuación. “He tenido que ajustar mi mente, pero con el tiempo, aprendo a volver a unir todas las piezas”, reflexionó.
El acercamiento profesional al teatro incluyó su ingreso en la escuela de arte dramático de Yale, donde conoció a colegas como Winston Duke y Lupita N’yongo. A propósito de esto, recordó: “Mientras hacía una obra, descubrí que uno de mis compañeros había sido aceptado en un programa de posgrado y pensé: ‘También quiero hacer eso’”.

Carrera actoral y gran versatilidad
Desde entonces, Abdul-Mateen II ha forjado una carrera versátil como actor, protagonista y villano en producciones de gran alcance. Se destacó como el Doctor Manhattan en la serie Watchmen, fue el antagonista Black Manta en las películas de “Aquaman” y ofreció su versión de Morfeo en “Matrix Resurrections”.
En Wonder Man, su nueva serie de Marvel Studios, interpreta a Simon Williams, un actor con poderes que intenta hacerse un lugar en Hollywood. “Cinco minutos antes de esta entrevista, vi una imagen mía caracterizado en Instagram y pensé: ‘Vaya... estoy en el universo Marvel’”, señaló.
Abdul-Mateen II resaltó la diferencia de Wonder Man: “Marvel se atrevió a lanzar una serie diferente, filmada como cine independiente, ambientada en un entorno que se parece mucho a lo que vemos a diario”.
Para él, compartir escenas con Ben Kingsley (Trevor Slattery) exige adaptar su rango interpretativo al contraste de estilos. “Sir Ben me contó la famosa anécdota de Laurence Olivier y Dustin Hoffman: ‘Deberías intentar actuar’”, recordó.
Cada papel, implica un aprendizaje y mencionó: “Uno de mis primeros trabajos fue en King Lear como Portador de Lanza número dos. Para mí, esa obra era la historia de alguien que intentaba proteger al rey mientras todo se derrumbaba”. Además, planteó que la clave está en “aportar lo mejor de cada personaje, pero sin llevar los problemas del personaje a casa”.

Reflexiones sobre el éxito y la libertad
El actor señaló que muchos pueden identificarse con la incertidumbre y el temor a no lograr sus metas. “Si persigues cualquier objetivo, en algún momento pensarás: ‘Quizá nunca sea mi turno’. Eso le ocurre a todo el que espera un cambio en su vida”, sentenció.
Destacó también el valor de haber apostado por sí mismo y haber sido capaz de estar presente en cada momento, aunque reconoció que el aprendizaje sigue. “Lo importante es poder irse cuando la mente y el cuerpo lo necesiten. Yo confío en que no tengo que estar en Nueva York ni en Los Ángeles todo el tiempo, siempre ocupado”, comentó.
En el cierre de su charla con Esquire, Yahya Abdul-Mateen II reflexionó que la libertad radica en la capacidad de tomar decisiones alineadas con su propio bienestar e identidad, y en sostener esa autonomía como un propósito vital.
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